Semprún no quiere ser comunista

No es fácil documentar una trayectoria ideológica e intelectual más allá de la común biografía de hechos y circunstancias; lo ha logrado plenamente Felipe Nieto, profesor de Historia Contemporánea en la UNED, con «La aventura comunista de Jorge Semprún. Exilio, clandestinidad y ruptura», ensayo ganador del premio Comillas. Manejando una amplísima bibliografía, sopesando diversos testimonios y contando con declaraciones del propio Semprún al autor de este estudio, se construye la crónica de un desengaño, un largo viaje desde la entrega vital al ideario comunista hasta el rechazo de sus contenidos totalitarios. El adolescente abocado con su familia al exilio republicano, el joven resistente antinazi internado en el campo de concentración de Buchenwald, el clandestino militante antifranquista, el comunista enfrentado a Santiago Carrillo y Pasionaria, y el díscolo revisionista expulsado del partido en 1964 desfilan por estas páginas ahondando en las diversas personalidades de quien combinó eficazmente política, cultura, aventura e ideología.

No se obvian sombras de esta trayectoria, como la contextualizada admiración temprana de Semprún hacia Stalin, aunque queda claro que con el primer tanque soviético que en 1956 entraba en Bucarest se resquebrajaba una fe social de innegables convicciones éticas. Destaca la vertiente literaria del personaje, del novelista, poeta y guionista cinematográfico escribiendo en las más rocambolescas circunstancias, con su inseparable máquina de escribir y una imaginación que aunaba el testimonio civil con la experiencia autobiográfica. Junto al pormenorizado rigor con el que se estudian las interioridades de la oposición comunista al franquismo, aparecen los iconos de un particular costumbrismo resistencial: las interminables reuniones organizativas, la estrategia de reconciliación nacional o los eternos desencuentros con la intelectualidad del partido. Federico Sánchez, el más conocido alias del Semprún clandestino, ha vuelto para quedar definitivamente fijado en su auténtica dimensión política y cultural.