Sexy y romántica

La segunda parte de «Pídeme lo que quieras», de Megan Maxwell, sigue entusiasmando a sus apasionadas seguidoras

Las «Cincuenta sombras de Grey» no era más que un «fanfic» basado en «Crepúsculo», un romance para adolescentes reconvertido en un relato porno sadomasoquista para adultos. De esta curiosa imitación nacieron otras mil, hasta configurar un subgénero: la novela romántica erótica BDSM (bondage y sadomasoquista), en donde priman la juguetería erótica y la dialéctica del castigo y la recompensa. La primera copia fue la trilogía «Crossfire», de Sylvia Day, a la que siguieron «Noventa días», de M.C. Andrews, «Amos y mazmorras», de Lena Valenti, y una de las más singulares, «Pídeme lo que quieras» (esta que reseñamos es su continuación), de Megan Maxwell, no todas sadomaso, aunque sí alojadas dentro del porno casero. Millones de lectoras confiesan que este tipo de novela romántica con fantasías eróticas explícitas ha mejorado su vida sexual. Sus hijas las habían descubierto en los relatos de alto voltaje de Federico Moccia, con erotismo a raudales, pero las madres necesitaban su equivalente de porno «maduro»: sadomaso «wipp express» para consumo doméstico.

El último tabú, como se etiquetó a esta fantasía de amos y esclavos sexuales, tuvo a los gays como pioneros de la algolagnia, practicada en sótanos repletos de artilugios y decorados como mazmorras que azuzaban la fantasía del erotismo del dolor. Que esta tendencia extrema llegara a la literatura romántica era cuestión de tiempo. No como explicitación de la relación amorosa, sino en tanto que parte esencial del relato romántico. El lector se identifica con los protagonistas y sufre con ellos. Por un lado está el «temor» ante el mal que se cierne sobre los enamorados; por otro, la «piedad» debida a la injusticia que golpea al inocente y, por último el desconcierto que experimenta ante los personajes caídos en desgracia por la «hamartia», la falta, el error trágico, esencial en toda tragedia según Aristóteles.

En la novela romántica actual, el porno cumple la función de ese impedimento que tradicionalmente sufren los enamorados y que inicia su «peregrinación del deseo». «Recuerda», de Hitchcock, es un melodrama modélico de redención. Para estas heroínas, mujeres timoratas enamoradas de sus jefes, hombres maravillosos pero torturados, que esconden un oscuro secreto, la aceptación del goce del sufrimiento más que un fin es un medio para su purificación. Para el galán, incapaz de manifestar sus sentimientos y aceptar el amor, es el único camino de redención. Mientras que en «Justine» y «Juliette», de Sade, y en «La venus de las pieles», de Sacher-Masoch, sólo hay teatralización desmesurada de la fantasía erótica masculina, en la literatura erótica-amorosa escrita por mujeres y para mujeres, como «Pídeme lo que quieras», lo esencial es el relato romántico. Con sombras o sin ellas.

Sobre la autora

La primera entrega vendió 20.000 ejemplares. Ésta lleva ya tres ediciones

Ideal para...

las millones de mujeres que disfrutan con un apasionado relato romántico con incursiones eróticas subidas de tono

Un defecto

la fatuidad del personaje masculino, un tanto anticuado

Una virtud

El aire alegre y cañí de la protagonista y narradora

Puntuación: 8