Si creces, mueres

Existen novelistas capaces de despertar en los lectores radiantes pasiones o rechazos innegociables. Tanto en una como en otra situación, amén de múltiples variables, subyace una buena dosis de poder inconsciente: o se entra o se rechaza de plano el código narrativo que se nos propone: Entregarnos a jugar a su juego, con sus normas. Por eso, queremos volver a su «espacio», guarecernos con sus palabras y viajar de su mano allá donde quiera llevarnos, como un amigo que desaparece todos los años para tornar a las librerías cada otoño, con una novedad que amaremos o perdonaremos. Ammaniti es uno de esos escritores. Las «ammanitadas» que nos conmueven tienen que ver con sus constantes temáticas, como los protagonistas infantiles o pubertos que le proporcionan una mirada extraña hacia el incomprensible mundo adulto. En la búsqueda de la interpretación de ese universo radica el motor principal de su literatura, así como la pérdida de la inocencia que termina resultando dolorosa y brutal. Las circunstancias de sus protagonistas menudos transcurren en lugares agrestes, inhóspitos. Espacios ficticios que, no obstante, nos resultan demasiado reconocibles: pueblos apartados en medio de autopistas, molinos olvidados, entornos rurales, sótanos...

«La roja» letal

Personajes problemáticos, desheredados y grotescos que transitan por una Italia absurda y en ruinas. Todo ello no le impide satirizar cuanto puede, por lo que otra de sus constantes es un aliento gamberro que sostiene textos absolutamente paralizantes. Brutalidad y ternura al servicio de cualquier locura argumental que se le ocurra. En su última entrega, «Anna», se sirve de la distopía, la narración de aventuras y la novela de iniciación, con ecos de «El señor de las moscas» de Golding y «The Walking Dead», aunque si hay una deuda cierta es con McCarthy y «La carretera».

Un virus se ha extendido como una epidemia, pero sólo mata a los adultos. Los niños lo incuban, aunque no les afecta hasta que cumplen los 14 años. «La roja» –así le llaman– se convierte en implacable hasta lograr que sólo los pequeños puedan hacerse cargo de escribir las últimas líneas de la historia de la especie. Con la desaparición de los adultos, las reglas del juego cambian, a excepción de una norma ancestral: la supervivencia del más fuerte, del más dotado.

Anna tiene 13 años y su misión consiste en preservar su vida como una loba y defender a su hermano Astor. En su peregrinaje le acompañará el «Cuaderno de las Cosas Importantes», donde su madre escribe poco antes de morir todo aquello que considera vital para la supervivencia de sus hijos. La búsqueda de su hermano, raptado por la banda de I Ragazzi Blue, la llevará a través de una Sicilia destruida con una única esperanza: alcanzar el continente donde tal vez exista la posibilidad de un antídoto. Conocerá la muerte, la violencia, la soledad, el amor... y, sobre todo, el absurdo que se apodera del mundo que le ha tocado vivir y que no se diferencia demasiado del que ha dejado atrás. Pese a todo, seguirá adelante como una heroína de aliento existencial. Arriesga Ammaniti, y mucho, porque no todo lector está dispuesto a asumir el más absoluto de los vacíos y el aprendizaje de la pérdida. Bárbaro.