«Trump ha roto la convivencia dentro de las democracias»

El novelista Jorge Volpi ahonda en las relaciones paternofiliales en «Examen de mi padre», diez ensayos impregnados de memoria, reflexiones y de historia política

El novelista Jorge Volpi ahonda en las relaciones paternofiliales en «Examen de mi padre», diez ensayos impregnados de memoria, reflexiones y de historia política

Mucha literatura reciente ha reducido la emoción de la pérdida a livianos estándares comerciales. Ha recortado estos sentimientos como si fueran piezas de un traje de Gucci. Jorge Volpi, que es un novelista de apariencia comedida, con trazas de quitarse los dolores de cabeza racionalizándolos, ha rehuido de ese camino trillado que convierte el desconsuelo en alpiste para corazones blandos y señoras burguesas con yorkshires. Ha entrado en la pena por el gélido sendero del cerebro y le han salido diez ensayos de pegada pugilística. La muerte de su progenitor le condujo a la reflexión. Determinó que la vida de un hombre también es, en cierta manera, el cuaderno de bitácora de una nación. De la adición de este pensamiento con otros surgió «Examen de mi padre» (Alfaguara), una obra sin género. O con un género que contiene otros muchos, como si fuera una muñeca rusa. En estas páginas cohabitan sin tensiones la memoria, el recuerdo, la autobiografía y la historia de su país, México, con la que se muestra apenado y crítico.

–¿Por qué vinculó la pérdida del padre con la historia de México?

–Viví ocho años fuera de mi país. Al volver asistí a la dolorosa decadencia de mi padre y vi una nación, la mía, en la peor situación posible, involucrada en la lucha del narco, con miles de desaparecidos. Esto me empujó a escribir.

–Ha dado a cada ensayo el nombre de un órgano del cuerpo.

–El centro del libro es el cuerpo porque mi padre era cirujano. Él vivió intentando salvar cuerpos. También se puede decir que en México hay cientos de cuerpos sin historia, que con los cientos de cadáveres que aparecen en las fosas y que no se sabe quiénes son. O al revés: tenemos las historias de docenas de personas que han desaparecido y de los que ya no tenemos sus cuerpos.

–¿Le sirvió recordar a su padre?

–Pensar en tu padre durante un año te provoca una imagen contradictoria, llena de facetas. Los recuerdos, además, acaban por darte una imagen propia, que es la que queda, pero que puede ser diferente a la que puede conservar tu madre o tu hermano. Debemos tener en cuenta que somos entes ficcionales, y que la memoria muchas veces no está unida al pasado, sino que funciona para darnos coherencia a nosotros mismos en el presente. En ocasiones nos traicionamos con los recuerdos.

–¿Cómo marca a un hijo la relación que mantiene con su padre?

–Es inevitable que el hijo repita modos del padre y que, a la vez, el hijo tienda a distanciarse de lo que le enseñaron. A eso hay que sumar las expectativas del padre, que rara vez suelen cumplirse. Hay que entrever qué repite el hijo del padre y en qué le traiciona.

–En su libro se lee: «En México la culpa o la inocencia importan poco y los criminales nunca pagan».

–México suspende en todas las áreas. Sobre todo a la hora de impartir Justicia, lo que permite que la corrupción y la violencia continúen; en la falta de equidad: es uno de los más desiguales del mundo y una de las mayores economías, y en educación. A todo esto se suma una amenaza externa, que es Trump. Creo que el mundo todavía no se ha dado cuenta de la amenaza que representa Trump para los valores humanos y la civilización. Y es un peligro para todo el mundo, aunque México, en este momento, sea la primera línea de batalla. El nuevo presidente de EE UU ha demostrado ya la hostilidad que siente hacia mi nación, que ha sido una aliada clara de la suya durante treinta años. No es que haya ruptura de relaciones, es que ha roto el marco de convivencia entre los dos países. El muro es un símbolo, la manera que tiene de ver el mundo: nosotros, los buenos, y vosotros, los malos.

–¿Así interpreta sus medidas?

–Las medidas que está tomando son las mismas que adoptan los regímenes totalitaristas en sus inicios. Son parecidas a las de la Alemania nazi. Hitler, antes de proceder al extermino, promulgó las leyes raciales y la expulsión de judíos, porque no los consideraba ciudadanos. Ahora hay miles de inmigrantes indefensos, sin capacidad de réplica a las redadas que hay en EE UU. Son personas honestas que trabajan para mejorar sus vidas. Y el Gobierno de México no se decide a dar una respuesta. Se está produciendo una violación de lo que es el ser humano.

–Una amenaza.

–Trump es una ruptura de la convivencia dentro de las democracias. Ha declaro que la ruptura funciona y debe ser utilizada. Imagine la reacción ahora de las dictaduras ante estas palabras del presidente de EE UU. Esta idea de hacer grande América refleja su supremacismo blanco, que considera que EE UU está en decadencia y hay que restaurar el imperio. El lunes aprobó el incremento del presupuesto militar. Dice que para las futuras guerras. ¿Qué guerras? Es un momento de peligro global.

«Examen de mi padre»

Jorge Volpi

ALFAGUARA

290 páginas,

17,90 euros