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Lo que no sabes todavía de la televisión del futuro

El autor imagina que dentro de diez años mucho habrá cambiado desde los tiempo del 8 K.

El autor imagina que dentro de diez años mucho habrá cambiado desde los tiempo del 8 K.

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Si pudiéramos comparar cómo veíamos televisión 25 años atrás y cómo es la experiencia actual, la diferencia sería notoria, principalmente porque en una época le llamábamos «la caja tonta» y hoy estamos muy lejos de que sea así. Hubo cinco grandes cambios que han revolucionado la televisión y los analizamos a continuación.

Cámara

Durante más de medio siglo los televisores fueron básicamente una pantalla en la que se proponía un contenido. La llegada de televisores con cámara modificó eso para siempre. Al principio, es cierto, constituyeron un dilema vinculado a la privacidad, pero eso cambió con las normativas de la UE. A partir de dicho momento, la combinación de inteligencia artificial y cámaras le dio nuevos usos a los televisores. La cámara analiza al segundo nuestro rostro y detecta si nos aburrimos (y propone otros programas), identifica si nos estamos durmiendo y reduce la luz y enciende la alarma si se trata de un día laboral, pero también se comenzó a destinar a procesos de aprendizaje. La IA de la cámara analiza nuestro rostro y sabe nuestra edad. Cuando los más pequeños de la casa ven demasiado tiempo la televisión, cambia la programación y les propone espacios complementarios al escolar. Y mientras lo hace analiza su cara para saber su nivel de comprensión. Si nota aburrimiento aumenta el nivel de conocimiento y si lo que detecta es falta de comprensión, hace hincapié en lo más complejo.

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Antes, todos los espectadores de un programa veían la misma publicidad. Sí, aunque suene increíble. Las grandes compañías tenían la información demográfica de cada hogar y no la usaban. Internet lo cambió con los «banners» y la televisión tuvo que adaptarse. Así es como comenzaron a llevar a la pantalla publicidades vinculadas a nuestros gustos y rutinas (si cenamos a las 20 horas no tiene sentido ponernos un restaurante de chuletones a las 21, pero sí una heladería con servicio a domicilio). También adoptó el modelo de los videojuegos gratuitos que permiten ganar puntos por ver una publicidad. En este caso, si los televidentes miran un determinado número de publicidades pueden acceder a un estreno. Así, la publicidad ganó un valor añadido tan importante que hubo programas de notable éxito basados en ésta entre bloques. Los espectadores recibían una llamada del programa en sus casas y debían responder preguntas sobre las publicidades que acababan de programar.

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Hacía tiempo que la televisión ya no solo se veía en una tele, sino en tabletas, portátiles, teléfonos... Todo cambió cuando surgieron apps que se aprovecharon de los vídeos en «streaming» para difundir programas que se pudieran ver en grupo, en distintas plataformas, de forma simultánea, sin perder la oportunidad de comunicarse a través de la pantalla entre los miembros del grupo. Cada uno con sus configuraciones individuales de idioma, subtítulos, etc., pero todos conectados como casi un siglo atrás se hacía: mirar la tele alrededor de la mesa.

Interactividad

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Google, Netflix y Amazon, junto a la mayoría de las grandes compañías de smartphones, crearon sus propios canales de contenido hace años. Tras la novedad del contenido original, comenzó el auge del interactivo: los espectadores, cada uno desde su propio dispositivo, podían seleccionar los distintos argumentos de las series. Desde el principio de la misma y casi sin límites gracias al uso de la inteligencia artificial, «machine learning» y hologramas en HD que reemplazaban a los actores. Ahora somos capaces de mezclar nuestras películas favoritas, ver a otro actor o actriz en el papel de protagonista y decidir casi todo sobre la historia. De hecho, este año se cumplen cinco desde que el Festival de Cannes comenzara a premiar las mejores series creadas por los espectadores, las cuales se han convertido en un nuevo fenómeno.

Realidad inmersiva

Primero fue la realidad virtual, luego la aumentada. Lo último en televisión es la realidad inmersiva: los espectadores ya no ven a través de una pantalla plana, sino que observan una proyección en tres dimensiones adaptada al espacio en el que se encuentran. Así, es posible ver un partido de fútbol desde el salón, con los jugadores moviéndose por la mesa, como si de un futbolín vivo se tratase. Se puede elegir la cámara, el sonido ambiente o la música y hasta comer lo mismo que en el estadio. Igual ocurre con los conciertos, las obras de teatro y las películas, en las que podemos llegar a formar parte de la acción sentados en el asiento del copiloto de una persecución.