Luis Tosar: «He actuado sólo con cabeza, cuello y manos, con lo esencial»

Colin Farrell en «Última llamada», Tom Hardy en «Locke»... ¿Qué actor español puede resistir una situación única, estática y dramáticamente extrema sin perder nunca la compostura? Luis Tosar, por supuesto. En «El desconocido», thriller con mensaje social del debutante Dani de la Torre que ayer inauguró la sección Venice Days, interpreta a Carlos, director de la sucursal de un banco que, acompañado de sus dos hijos, no puede moverse de su coche si no quiere que le explote la bomba que lleva debajo del asiento.

–¿Cómo creó un personaje desde la inmovilidad?

–A priori era todo terrorífico. A medida que pasa el tiempo, todas las limitaciones se convierten en ventajas. Al no haber tránsito físico, sólo emocional, todo te lleva a la esencia del personaje. Cuando sólo tienes cabeza, cuello y manos, te agarras a todos los elementos que hay a tu alrededor para que haya una actividad, un movimiento: que si pinganillos, que si móviles, que si el volante... No tienes espacio para ser creativo, algo que nos pasa mucho a los actores, que siempre queremos poner más de lo que hay.

–Sin embargo, Carlos no es un villano de manual.

–Como actor, partes de un lugar en el que tienes que proteger a tu personaje. Si no lo defiendes tú, nadie lo hará por ti. Luego es trabajo del espectador juzgarlo. Carlos está convencido de su verdad, y de que las decisiones que ha tomado hasta el momento son las correctas. Hablé con directores de sucursales que han vivido situaciones parecidas, y todos me decían lo mismo: desde arriba les pedían objetivos y ellos actuaban en consecuencia. Hasta cierto punto, a las víctimas de las preferentes les ocurrió lo mismo. Hubo víctimas que no fueron tan víctimas, que sabían que se estaban metiendo en un terreno peligroso, pero luego también encontraron una manera de justificarse.

–Su personaje se deja devorar por su profesión. ¿Le ha ocurrido alguna vez algo parecido?

–Sí, he tenido mis épocas. Te diviertes trabajando, lo disfrutas, y claro, las relaciones sólidas, las de amistad, se resienten. Y te das cuenta de que hay otras cosas, y las tienes que cuidar. Carlos tiene fe en un objetivo y cree que su entorno lo comparte, participa en él. Su viaje, claro, es de aprendizaje. Y yo he tenido suerte porque he aprendido sin que nadie me meta una bomba en el coche.

–En dos semanas, una ópera prima en Venecia y «Ma ma» en salas...

–Cuando trabajas con un director consagrado, siempre estás un poco acojonado, no sabes si vas a pillar su código. En el caso de Julio, que tiene una trayectoria autoral muy sólida, tienes la paranoia de si vas a entender su lenguaje. Además Julio es una persona muy especial en su manera de expresarse, de sentir... Con Dani ya nos conocíamos de antes, de amigos comunes, de años atrás, y ya estableces una relación más cotidiana. A Dani y a mi nos gusta mucho el cine de acción, y hay complicidad.

–¿Qué opina de la convulsa situación política que se está viviendo en España?

–Quiero ser optimista. Hay cosas que se han conseguido. Que el debate político en España esté en la calle como lo está ahora es importante. Ha habido como una especie de energía proactiva que ha hecho que la gente se dé cuenta de que puede tener la llave de su futuro. ¿Qué es lo que va a pasar ahora? Si fuera totalmente pesimista, pensaría: «Si está todo el pescado vendido...». Pero en los últimos tiempos ha habido sorpresas: lo de Podemos en las europeas nadie se lo esperaba. La política es dura, es cabrona, y es muy sensible a la corrupción, física y moral.

–Hablemos de corrupción...

–Al principio me hacía ilusión que la mierda saliese y ahora empieza a ponerme de mala leche que no haya condenas ejemplares, y que no sean a un cantamañanas. Aquí la única que curra es la Policía, pero no hay un juez que trabaje o al que le dejen trabajar. La sensación de impunidad es lo que puede llegar a desesperar a cualquier ciudadano.