Cine

Luis Tosar, un “yonqui del odio” en «Quien a hierro mata»

Paco Plaza ajusta cuentas con los fantasmas del narco gallego en esta nueva película.

Luis Tosar en «Quien a hierro mata»
Luis Tosar en «Quien a hierro mata»

Paco Plaza ajusta cuentas con los fantasmas del narco gallego en esta nueva película.

«Paco Plaza se pasa al ''thriller''». Ese era el titular cuando supimos que el director de «Verónica» y «[Rec]» se embarcaba en «Quien a hierro mata». Sin ser mentira, tampoco es verdad. Tanto en el fondo (apelando por ejemplo al vampirismo) como en la forma, Plaza hibrida los géneros: «Las etiquetas nos sirven para clasificar las películas en la estantería de las grandes superficies, pero las cintas son muy permeables. Yo no diría que ésta es de terror, pero sí que es prima hermana».

El filme narra el descenso a los infiernos de un hombre que ha intentado enterrar el hacha de guerra con la vida y se encuentra, precisamente, en un momento dulce: a punto de ser padre. «Mario es un tipo marcado por el dolor y el sufrimiento; ha intentado taparlo y ahora vive un proyecto familiar luminoso», señala Luis Tosar, que le da vida en pantalla. Mario es el trabajador más carismático de una residencia de ancianos. Todos le quieren y él está comprometido con el altruismo. Pero la llegada de un anciano narco a la residencia cambiará el cariz de su vida. «Un capricho del destino le planta junto a alguien que ejemplifica todo ese dolor. Y Mario abre una espita que deja escapar una presión que ni siquiera era consciente de que existía», añade Tosar.

El pasado regresa de golpe: aquellos años 80 y 90 en que el narco campaba a sus anchas con la complicidad de los habitantes de las Rías Bajas y la heroína iba haciendo estragos en la región. «Hay verdaderas generaciones perdidas en la zona», señala Plaza, quien ve a Mario como un «yonki del rencor» que, una vez cara a cara con el resposable de la muerte de su hermano, tratará de ajustar cuentas para poder cerrar de una vez un capitulo negro de su vida.

Hacerse daño uno mismo

«Pero el rencor –advierte el director– se convierte en un mecanismo que te atrapa. Cuando odias a alguien, en realidad te estás haciendo daño a ti mismo. Mario sabe que se va a hacer daño, que se va a destruir, pero no puede evitarlo. Él está en una disyuntiva: seguir un momento positivo o echarlo a perder por no superar el pasado. El rencor es como un cáncer que te carcome. El ''Quien a hierro mata'' del título no es tanto un mensaje literal sino una declaración de intenciones, de que las acciones tienen consecuencias. Por eso dejamos la frase incompleta, para que el espectador la rellena en su cabeza», dice Plaza.

Un gusto por la sugerencia que heredó de Chicho Ibáñez Serrador, fallecido en junio: «Es uno de mis padres cinematográficos, tuve el privilegio de colaborar con él y tener una realción personal. Conocer a tus ídolos puede ser decepcionante, pero en este caso no lo fue. Era un narrador nato. Cuando hablaba tenía una estrategia para dominar los tempos e introducir elementos de sorpresa. Habia nacido para contar historias».

Después de «Verónica», su proyecto más personal, Plaza se ha puesto en manos de Juan Galiñanes y Jorge Guerricaecheverría en un guión que ha querido ser naturalista en su modo de retratar el arraigo del narco en Galicia, así como el declive de aquellos grandes traficantes. Su próxima colaboración suene también de altura: con Carlos Vermut.