Mónica Cruz: «A veces pienso que mi padre todavía está en casa»

Mónica está volcada en el diseño y en el cuidado de su hija
Mónica está volcada en el diseño y en el cuidado de su hija

La actriz regresa al panorama mediático tras más de dos años de silencio en los que ha sido madre y con la muerte de su padre todavía muy presente.

Mónica Cruz desapareció del mapa mediático en 2013, cuando concluyó su participación en la serie de Televisión Española «Águila Roja». Dos años antes, en 2011, tuvo su último papel en el cine. Lo hizo en la película «Piratas del Caribe: en mareas misteriosas», donde curiosamente su cometido era hacer de doble de su hermana Penélope en las escenas de acción. Sobre este tiempo de ausencia, esta actriz y bailarina explica que se ha dedicado «a ser mamá, y sigo las veinticuatro horas». Una labor que interrumpe brevemente para atender a este periódico aprovechando que promociona «Ginger 43», un combinado del popular licor de mismo número.

Mónica fue madre primeriza de la pequeña Antonella en mayo de 2013 tras un embarazo por inseminación artificial que hizo público en enero de ese año. Más de dos años después admite que ha sido «una maravilla. Me cuesta mucho separarme de ella porque vives en ese estado indescriptible que tiene alguien cuando cumple un sueño», matiza. En esta tesitura resulta complicado arañarle de la memoria las noches de ojeras, biberones a deshora y paseos por el pasillo porque su niña se lo ha puesto «muy fácil». «El proceso de las muelas y de los dientes lo ha pasado como todos los niños, y hay noches que hemos dormido menos, pero estamos tan unidas, pasamos tanto tiempo juntas, que eso hace que lo haya llevado mejor», comenta. Y es que la intérprete es, sin lugar a dudas, madre vocacional, de las que tejen en el ovillo los sinsabores como «parte de la maravilla de la maternidad». Tanto es así, que quiere volver a repetir «en un par de años» sin importarle, eso sí, el sexo del futuro retoño. «Es todo tan delicado, como un milagro... así que con que venga sano me vale». De lo que no está tan segura es de si volverá a recurrir a la inseminación artificial o si será fruto de un amor que aún no ha llegado. Algo sobre lo que no tendría «ningún problema».

En casa de los Cruz el destino y las cuestiones generacionales han hecho que tanto ella como Penélope aporten a la familia tres criaturas de corta edad, pues a Antonella se suman los dos hijos que su hermana ha tenido, fruto de su relación con el actor Javier Bardem: Leo, de cuatro años, y Luna, de dos. De las reuniones familiares, Mónica reconoce que «son muy divertidas, pero un no parar, porque cuando se juntan se alborotan más. Una se sube, el otro se baja...». Claro que también aportan la ilusión que supone encarar «unas Navidades con niños en casa», aunque, precisamente por ello, este año han tenido que tomar precauciones: «No hemos puesto velas y las lucecitas, cuanto más lejos, mejor», admite entre risas.

Estas fechas serán de las más amargas tanto para Mónica como para sus hermanos. El pasado mes de junio, Eduardo, su padre, falleció de forma repentina a los 62 años por un infarto fulminante. «Los niños van a ayudarnos mucho; yo le hablo bastante a mi hija de su abuelo para que tenga ese recuerdo, porque, con dos años y medio, es difícil que recuerde algo cuando crezca», explica. Aun así, admite que las llevarán como puedan, centrados en los niños, «que dan mucha vida». En lo personal, Mónica no duda en reconocer que lleva mal la falta de su padre: «Cuando es tan repentino te cuesta hacerte a la idea; no vivía en Madrid y todavía hay veces que pienso que está en su casa», aclara.

Tras estos más de dos años de parón laboral, la hermana de la oscarizada Penélope Cruz se plantea ahora regresar a la profesión. En esto asume que los retiros voluntarios complican la vuelta pero está tan segura de lo que ha hecho que no teme las consecuencias: «Si me lleva a que tengo que cambiar de profesión, dedicarme a otra cosa, lo haría encantada porque mi prioridad es mi hija».

De momento, continúa con su faceta de diseñadora mientras busca un papel que le permita conciliarlo con su vida personal: «Irme cada día de seis de la mañana a nueve de la noche a rodar aún no lo haré porque no me quiero perder estos años de la niña». Cuestión de prioridades, sin duda.