El músico puro e intransigente

La Razón
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(Conversación mantenida con el compositor sobre Pierre Boulez)

Le admiraba tanto y estaba tan presente en mi vida que cuando le conocí fue como sufrir un pequeño shock. Era el año 1987 y al concluir una interpretación mía seleccionada por el Ensamble InterContemporain en París se me acercó. Para mí significaba estar hablando con un mito a quien admiraba como director y compositor. Él estuvo simpático, cordial, risueño y tranquilizador. Yo, bloqueado. Me proponía escribir una obra por encargo del Ensamble. Para mí, Boulez es un creador en el sentido amplio de la palabra. Como compositor tiene una obra no muy extensa. No sabemos la importancia que va a tener en el futuro pero desde hoy no estoy tan seguro de que la música de su generación sea tan significativa, la de un conjunto de maestros a los que ya vamos perdiendo. Entre sus obras hay una que me gustaría destacar, «Martillo sin dueño», donde recoge un universo poético y tímbrico bastante novedoso. Como director todo lo imaginable figura en su repertorio, de ahí que se pueda hablar de un artista polifacético, variado, interesante, con enorme capacidad de vencerse a sí mismo y de contradecirse, una actitud que me parece muy libre y pura al mismo tiempo, digna de admirar. No olvidemos su vertiente como gestor, organizador, movilizador y agitador del mundo musical. Tampoco dejemos a un lado al escritor, cuya obra «Puntos de referencia» es clave para trazar un relato completo de la composición en la segunda mitad del siglo XX, cómo se ha pensado la música de la generación a la que perteneció. Frente al grupo de los intelectuales, Boulez es un músico puro, que podía dirigir de Falla a Wagner pasando por Liszt. Esa pureza es la que yo destacaría y al tiempo, su intransigencia, aunque con matices, su querer dominar el mundo alemán y esa influencia despótica de la vanguardia. La segunda vez que tuve ocasión de verle fue bien distinta a la primera. Fui invitado al estreno del Concierto para Piano de Luciano Berio, un ensayo tan largo como tortuoso y pude comprobar que podía llegar a ser violento, es decir, que cuando el maestro daba una patada en el suelo porque algo no salía como debía, los profesores se achicaban en la silla. Poder verle ejercer como dictador me pareció bastante cómico. Con él se va un mundo, pues fue creador y artífice de una cierta idea de vanguardia. No estoy seguro de lo que podrá sobrevivir de su legado porque la música hoy está en un trance de cambio. Hay que soltar amarras y pensar que ese mundo que Boluez capitalizaba se está jubilando. Los caminos hoy son múltiples y variados y la exclusividad que Alemania y Francia marcaron tiempo atrás en la música se tambalea seriamente, en buena medida debido a los intérpretes. Y en ese contexto su figura era fundamental para poder sostener las columnas del templo. Le echaremos de menos.