Lejos de la entraña poética

Crítica de clásica / Temporada de la OCNE. Brahms: «Ein deutsches Requiem» («Un Requiem alemán») «op. 45». Soprano: Dorothea Röschmann. Barítono: Matthias Goerne. Coro y Orquesta Nacionales. Director: David Afkham. Auditorio Nacional, 17-VI-2016.

La mano de Afkham pecó de poco sutil
La mano de Afkham pecó de poco sutil

David Afkham, titular de la Orquesta Nacional, ha ofrecido repetidas muestras de su arte, de su entendimiento con los dos conjuntos nacionales a sus órdenes. El entusiasmo ha de ser forzosamente menor en esta ocasión. El «Requiem» de Brahms es obra compleja, intimista, introvertida, más allá de algunos vigorosos pasajes corales, de «fugati» majestuosos y afirmativos, en los que no se acertó a dibujar con claridad las voces y a depurar el entramado, que quedó especialmente confuso en el final del número 3, a partir de las palabras «Der Gerechten Seelen».

Faltó diafanidad y el coro sonó, especialmente las féminas, destemplado en bastantes momentos. El empaste supremo, que en otros conciertos del curso se nos dio con frecuencia, fue difícil de apreciar en esta ocasión. La mano de Afkham, habitualmente sutil y precisa, no lo fue tanto aquí. El mismo comienzo orquestal, marcado pianísimo, fue en exceso grueso, aunque el coro entrara sigiloso y bien dibujado, pese al irregular ataque en «Die mit Tränen säen».

Afkham acentuó correctamente el 3/4 del segundo número, balanceó y construyó con habilidad el «crescendo» hacia el fortísimo. Nos gustó el ímpetu otorgado en el número VI a las frases «Denn es wird die Posaume», coro y orquesta bien avenidos. En la conclusión hubo ataques inciertos, aunque las sopranos sonaron claras, bien que no cristalinas, y los tenores se vieron forzados en varios instantes. La Orquesta prestó decidido apoyo general, sin que se estableciera siempre la deseada conjunción con la masa coral, algo que mejoró en la fuga final del número VI.

El escaso refinamiento de la versión, su poca entraña poética, lo pedestre de algunos planteamientos, se debió de contagiar a Dorothea Röschmann, que cantó el delicadísimo y consolador número V demasiado fuerte, con poco manejo del filado y la media voz, aunque dejó oír su hermoso timbre. Brahms pide a veces en este recuerdo a la madre hasta tres «p». Goerne expresó, como siempre, con propiedad, estableciendo las necesarias gradaciones dinámicas, pero recurriendo, y esto es norma en él, a constantes sonoridades de gola.