Mad Cool, rock sin fisuras

The Who reinan en una gran noche debut del festival y seducen a Madrid para celebrar sus 50 años en la música

The Who protagonizaron ayer una noche mágica en el Mad Cool madrileño
The Who protagonizaron ayer una noche mágica en el Mad Cool madrileño

The Who reinan en una gran noche debut del festival y seducen a Madrid para celebrar sus 50 años en la música

El suelo tembló bajo los pies. Nos temimos lo peor, pero resultó ser Pete Townshend. The Who hicieron peligrar tobillos y caderas, pero no hubo que temer por ninguna infraestructura de hormigón. La primera jornada del primer Mad Cool de la historia transcurrió, hasta el cierre de esta edición, con una nota excelente para tratarse de un debutante.

En un recinto acondicionado con sobresaliente, con un eufórico público y un cartel más que notable, ninguno de los malos augurios iba a cumplirse. Evidentemente, la puesta de largo no iba a ser perfecta: hubo problemas de acceso a los escenarios cubiertos, a los que se accedía después de un galimatías de pasillos y escaleras, quien podía, tras librar no pocos empujones. Hubo decepción al respecto con quienes trataron de ver a The Kills sin poder acceder, cuando la tarde aún resistía las baladas de Lori Meyers con exitazo de público y de entrega. Los de Granada, sin disco nuevo, fueron una sensación con el sol bajando el ángulo y no necesitaron más que sus taquilleros temas («Mi realidad», «Luces de neón», «Luciérnagas y mariposas») para meterse al público en el bolsillo.

Falló también el pago en las barras, un moderno sistema de pago con pulsera recargable que exigía ser validado en un terminal con forma de escopeta de feria. Pero no nos perdamos con menudencias, porque hablábamos de The Who: los chicos están bien, porque pertenecen a una generación inmortal, porque nadie sabe lo que es sentirse detrás de sus ojos azules y porque con ellos ven a través de millas de distancia. Quienes no pudieron verlos hace nueve años en la capital o en algunos de sus recientes y memorables actuaciones en Reino Unido (el año pasado, en Hyde Park celebraron su 50º aniversario) no olvidarán lo de anoche. Townshend y Roger Daltrey exhiben una forma espectacular y una banda tremenda (con Zach Starkey, hijo de Ringo Starr, a la batería), aunque el gorro que lució el guitarrista (en la inopinable noche fría madrileña) no le hiciera justicia. Tocaron las citadas con energía de veinteañeros y además entregaron «Love Reign Over Me», «I Can’t Explain», «Substitute», «You Better You Bet» y «Pinball Wizard», pero la gran ovación se la llevó «Baba O’Riley», un tema que suena como si estuviera escrito ayer. Decían los británicos que prefieren morirse antes que ser viejos y así lo harán: siguen siendo una banda de jóvenes airados.

Fue todo tan bien que hasta Manel, en uno de los escenarios cubiertos, debieron sentirse como en casa porque al poco de las ocho de la tarde desgranaban su repertorio con gran aceptación del público. Garbage probaron el renacimiento y Django Django, la originalidad de su propuesta. Algunos grupos merecieron mejor suerte en el horario o el lugar, lo cual fue una queja compartida. Pero por pedir, que no quede.

Sin embargo, el sonido, lo importante en estos eventos, fue excelente, y el recinto se ajustó a los 33.000 de anoche, vestido con acogedor césped artificial, decoración a la nórdica y noria gigante incluida. Al respecto de las dudas sobre el recinto, todas quedaron superadas por la evidencia de un lugar que ha pasado del desuso a un simpático espacio con palmeras, áreas de descanso y esas temibles aguas subterráneas que no hicieron sino animar un lugar fuera de dudas. Se escuchaba hablar inglés y se vieron camisetas futbolísticas de toda la Península, así que el objetivo de abrir las fronteras de la encastillada capital de la meseta pudo darse por cumplido. Aún quedaba lo más difícil, volver a casa pasadas las tres de la madrugada. Pero eso ya es otra crónica.

De diseño

Sin duda, uno de los puntos fuertes del festival es el diseño. No ya porque el recinto merezca un premio a la transformación de un hostil parking en un amable lugar donde establecerse unas horas, sino porque además Mad Cool cuenta con un mercado de diseño de ropa, complementos, joyería e ilustración. Bajo el mismo signo están pensadas las zonas de descanso y el escenario secundario, fabricado con contenedores de transporte marítimo pintados con grafitis. A falta de un perfecto engrase de los servicios, Mad Cool presentó una estética sobresaliente.