Pinnock saca lo mejor de la orquesta

Crítica de clásica. Festival de Música de Canarias. Obras de Beethoven y Mendelssohn. Piano: Maria Joao Pires. Orquesta Filaarmónica de Gran Canaria. Director: Trevor Pinnock. Auditorio Alfredo Kraus. Las Palmas de Gran Canaria, 30-I-2015.

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Programa bello, popular y coherente para uno de esos raros conciertos en los que todo sale redondo. Cerraba la «Escocesa» de Mendelssohn, la última de las sinfonías en la que trabajó a pesar de conocerse como la «tercera», si bien había empezado a trazarla casi quince años antes. Fue precisamente gracias a Mendelssohn que el «Cuarto concierto para piano» de Beethoven volvió a las salas de concierto, a pesar de tratarse del que para muchos es el más bello e interesante de los beethovenianos. Su autor lo dio a conocer públicamente en el Theater an der Wien en 1808, en una sesión maratoniana –«Fantasía» para piano, orquesta y coro, «Quinta» y «Sexta» sinfonías, «Ah perfido...» y varias partes de la «Misa latina»- que fue su última aparición a causa de la galopante sordera.

La obertura de «Las criaturas de Prometeo», casi lo único que hoy suena del ballet, resultó página adecuada para entrar en el ambiente del concierto y conocer las armas de Pinnock. El «Cuarto» de Beethoven supone una cima creativa, llena de nuevas ideas. Concierto más intenso en su poética que en su virtuosismo, a pesar de esas notas iniciales del tercer tiempo a las que muchos solistas no saben responder. Maria Joao Pires no tuvo problemas y ofreció una lectura llena de sentimiento y sensibilidad, de claridad y transparencia meridianas. La larga duración del primer tiempo, pleno de sugerencias, contrasta con la brevedad de ese segundo en el que Liszt veía la lucha entre Orfeo y las Furias, entre la suavidad etérea del piano y la aspereza de la cuerda hasta que ambos enemigos confluyen. Pires estuvo soberbia. Quizá podría parecer que rozaba el preciosismo, pero soberbia. El Schumann de propina fue otra delicia.

Muchas veces los nuevos aficionados preguntan si puede haber grandes diferencias en las versiones de distintos directores para una misma obra. En la lectura de Pinnock de la «Escocesa» con la Filarmónica de Gran Canaria hubieran tenido un ejemplo. Todos los colores, los timbres, la fuerza de la tormenta, los claroscuros de las brumas... estaban allí, potenciado por la originalidad de las trompetas sin pistones en una especie de vuelta a los orígenes del maestro. Admirable forma de alcanzar los climax y formidable el sentido del ritmo. Un gran concierto que demostró de lo que puede ser capaz la Filarmónica de Gran Canaria.