Teatro

Premio Nacional para el Holocausto español

«El triángulo azul» se estrenó en 2014
«El triángulo azul» se estrenó en 2014

Diez años de trabajosa investigación le costó a Laila Ripoll darle forma y poner en marcha «El triángulo azul». Tiempo que necesitó para hacerse con toda la información necesaria sobre dos anécdotas de los españoles que se hacinaban en Mauthausen, el campo de concentración que los nazis eligieron para destinar a 7.000 de ellos. El primer dato, que alguno de los apenas 2.000 supervivientes de aquel infierno tomó unas de las pocas fotografías que existen a día de hoy del horror en los campos de exterminio; y, el segundo, que lograron un hito dentro de este aterrador mundo: representar una obra de teatro in situ. «El raja de Rajaloya» se llamaba, y poco más se sabe de aquello. No se conoce nada igual, de ahí que les «picara» la curiosidad para tirar del hilo.

- Sólida estructura

Con estas ideas y con todo lo que las rodeó, Ripoll y Mariano Llorente decidieron remangarse para crear la obra culpable de que ayer se valorara su trabajo con el Premio Nacional de Literatura Dramática, dotado con 20.000 euros. Por «su calidad literaria, una sólida estructura dramática y la relevancia del tema: la experiencia vivida por los republicanos españoles en el campo de exterminio de Mauthausen, su resistencia y su testimonio», motivos que reconocía el jurado como los culpables del premio que va a parar a mano de ambos autores.

Se continúa así el reguero de éxitos que ha acompañado al título desde su estreno en el Valle-Inclán, en abril de 2014, a cargo del Centro Dramático Nacional, primero con la buena acogida de crítica y público y después con la consecución de los Premios Max a la Mejor Autoría Teatral y a la Mejor Escenografía. La trama, cargada de humor negro, recoge la historia de estos españoles, en su mayoría republicanos huidos de Franco y apresados cuando Francia cayó en manos enemigas. Sabedores de que lo único que les podía mantener con vida en esos barracones era conservar la moral alta, se unieron para hacer una revista. Nada de pesadas obras clásicas. La experiencia de un bailarín de la compañía de Celia Gámez, un pintor de decorados y un libretista hizo que la obra tomase ese cariz. Por su parte, el preso y fotógrafo catalán Francisco Boix se convierte en el protagonista de «El triángulo azul» –en alusión al distintivo que portaban los españoles–, gracias a sus instantáneas, que le convirtieron en testigo directo de los juicios de Nuremberg.