Tom Jones, un felino que vuelve a rugir

Tom Jones, en el concierto ofrecido en el Palacio de los Deportes de Madrid
Tom Jones, en el concierto ofrecido en el Palacio de los Deportes de Madrid

El éxito de Tom Jones en España tiene un enorme mérito. En primer lugar porque su relación con nuestro país ha sido tardía, prácticamente en el siglo XXI, y desde que gira por la Península se notan más las canas que la camisa abierta y la cadena dorada. En segundo lugar porque en su repertorio se incluye la canción más horripilante que haya escrito un hombre en el último medio siglo, «Sex bomb». Y tercero, porque, como demostró anoche en el Palacio de los Deportes de Madrid, a sus 74 años, sus conciertos rebosan elegancia y carisma. Y buen gusto musical.

El fuerte del Tigre de Gales, además de su incomparable voz, es el repertorio que presenta cada noche, calcado en todas las ciudades de la gira, eso sí, pero con presencia de versiones de temas tan interesantes y crudos como el «Burning Hell» de John Lee Hooker, con el que abrió anoche su recital madrileño, con fantástica actitud de raíz americana. Jones se presentó en el escenario con camisa abotonada hasta la garganta (y uno se pregunta si no saltará un botón por ese chorro de voz) y discreta americana gris. Porque, si algo ha cambiado para el hijo del minero de Gales es que ya no conquista por KO exudando testosterona y meneo, sino que seduce con todas las sutilezas de una catarata de voz.

El Tigre de Gales interpretó después «Mama Told Me Not To Come», de los Animals, y la temida «Sexbomb», que, con el ropaje de la fantástica banda que le acompaña (una decena de músicos) sonó a otra cosa menos cruel. Después, «Why Dont You Love Me», una vieja canción de Hank Williams en la que Jones demostró la inmensa capacidad que tiene para cambiar de un registro soul al country, y mostró los amplios conocimientos e intereses musicales del veterano cantante. Y también que en esos registros es donde mejor se mueve. Jones tardó en interactuar con el público sentado del Palacio de los Deportes, algo desangelado con parte del graderío cubierto, pero todo el patio de butacas completo. Se dirigió al público para explicar que, «aunque está loco, Tom Waits escribe unas canciones excelentes», y tocó «Bad as Me», seguida de una impresionante «Evil de Howlin Wolf, que el propio Jones ha grabado con la producción de Jack White. El tema, sin duda lo mejor de la noche, fue aplastante y justificó la velada. Aunque el público había pagado para oír «Delilah», que interpretó a continuación, poniéndose de costado al patio de butacas y dando palmas con cierto arrebato de matador. Jones siguió combinando las versiones (Cohen, Randy Newman) y los inevitables («It's Not Unusual», «If I Only Knew») y así discurrió toda la noche: cuando tiró de tradición, emocionante; cuando cantó lo de siempre, con su alma de «crooner», también ganó. Es lo que ocurre cuando tienes tanta clase.

Nombre de héroe de un filme

El mismo año que triunfaban los Beatles, Tony Richardson dirigió una de esas películas que ha quedado como un gran hito del cine inglés, «Tom Jones» (1963), el héroe pícaro y mujeriego de Henry Fielding que lanzó a la fama al actor Albert Finney y puso de moda el vestuario del siglo XVIII entre el «swinging London». Quien primero adoptó el estilo de Tom Jones, con holgados blusones, pantalones pirata y cola rematada con un gran lazo, fue el cantante norteamericano P. J. Proby, famoso por su portentosa voz y sus escándalos en escena: le gustaba bajarse los pantalones mientras cantaba «What's Wrong With My World», espantando a los londinenses. Él fue el más directo competidor del galés Tom Jones, que adoptó el pseudónimo de héroe del filme y cuya vida amorosa y extremada virilidad se asemejaba bastante al amante novelesco.

Tom Woodward llegó a Londres de la mano de su nuevo manager, el productor y compositor Gordon Mills. Lo primero que hizo fue cambiarle el nombre por el de Tom Jones y grabar una demo con una composición suya y de Les Reed, «It's Not Unusual», para Sandie Shaw, que rechazó cantarla al oír la desbordante interpretación de Tom Jones. Fue la canción de moda de 1965 en todo el mundo. En España, Bruno Lomas hizo una versión en castellano: «No es nada extraño que yo me vuelva a enamorar», que compitió con la original. El influjo de Jones se impuso a la mayoría de los cantantes solistas de los 60 y 70, especialmente en otro valenciano: Nino Bravo.

Ese mismo año, mientras Tom Jones triunfaba con un estilo más próximo al de los «crooners» norteamericanos de los 50 que a los melenudos del Merseybeat y lograba el Grammy al cantante revelación, Gordon Mills lazaba a la fama una réplica edulcorada y romántica de El Tigre de Gales, el cantante de origen anglo-indio Gerry Dorsey, bautizado artísticamente con el impronunciable nombre de Engelbert Humperdink, que complementaba el estilo de Tom Jones.

La voz de Tom Jones es un prodigio de potencia, calidez y sensualidad, muy superior a la de crooners como Frank Sinatra, Vic Damone y Perry Como, que, a falta de voz, habían hecho de la delicadeza y la sutilidad sus rasgos de estilo. Su éxito fue apoteósico. En un panorama musical dominado por los grupos beat y la música psicodélica, Tom Jones brillaba con luz propia con su potente voz y exuberante masculinidad escénica. A partir del fracaso del tema de los títulos de crédito de «Operación Trueno», el James Bond de 1966, orientó su estilo hacia el gran público con éxitos country y baladas tremendistas como «Green Green Grass of Home» y «Delilah».

Es por entonces cuando homologa su estilo al de Elvis Presley en su etapa en Las Vegas, sin competir con sus jumpsuits. Su estilo fue siempre más sobrio: camisa abierta, luciendo cadenón con cruz de plata sobre el pecho-lobo, chaleco y traje de chaqueta entallado, aunque en su etapa inicial lucía pajarita o corbata estrecha. No fue tan sobria su vida amorosa y desmelene pasional durante aquellos años, merecedora de un capítulo aparte, sobre todo en compañía de Elvis, tan aficionado a los estimulantes y a las juergas privadas.

En cuanto a su puesta en escena, la BBC encontró el estilo de moverse y marcar paquete escandaloso, pero entre 1969 y 1971 tuvo su propio espacio televisivo, «This is Tom Jones», retransmitido en Estados Unidos por ABC. Por aquel rutilante espacio musical pasaron los mejores cantantes y comediantes del momento, con quienes cantaba a dúo y realizaba sketches cómicos: Paul Anka y Janis Joplin; Peters Sellers y Ella Fitzgerald; Stevie Wonder y Bob Hope...

Reinventado gracias a su hijo

A partir de 1974, la portentosa voz de Tom Jones comienza a estar demodé. La música disco y la consolidación de artistas que iniciaron su despegue con el glam, como David Bowie y Elton John, fueron arrinconando al Tigre galés en los grandes casinos de Las Vegas. Desde entonces se prodiga durante tres meses al año en el MGM Grand Las Vegas. Su renacimiento comienza en los años 80, cuando se hace cargo de su carrera su hijo Marc. De nuevo vuelve a las listas de éxitos con el grupo de vanguardia de synthpop Art of Noise, con quien graba el éxito de Prince «Kiss», convertido en una de las señas de identidad de su nueva etapa. A finales de los 80 actúa con Robbie Williams en los Brit Awards cantando los temas de la película «The Full Monty» (1988) y graba con el grupo The Cardigans éxitos de los Talking Heads que se adaptan a la perfección a su estilo vocal. Pero será en 1999 cuando grabe su mayor éxito contemporáneo: «Reload», un disco de duetos en donde se incluye el bombazo discotequero «Sex Bomb» grabado en colaboración con el productor alemán Mousse T.

Los 90 serán años de reconocimiento y homenajes a Jones en series de televisión como «Los Simpsons» y «El príncipe de Bel Air», y la aparición estelar en el filme de Tim Burton «Mars Attacks!», en donde realiza un divertido cameo de sí mismo en Las Vegas. Mientras canta «It´s not Unusual», tres marcianos invaden el escenario y disparan contra el público. Tom Jones tiene que salir pitando entre los disparos de los extraterrestres, pero nadie puede acabar con la carrera del tigre galés. A estas alturas, Tom Jones está por encima del bien, del mal y de los marcianos. Realmente es algo inusual.