¿Por qué «Salvator Mundi» vale 450 millones de dólares?

El cuadro de Da Vinci, subastado en Christie’s de Nueva York el miércoles, se ha convertido en el más caro jamás vendido. No faltan motivos: es una pieza única, la producción del artista, rodeado siempre de un halo de misterio, es muy reducida y es el gran genio del Renacimiento.

Loic Gouzer, segundo por la derecha en un momento de la puja, vendió el cuadro vía telefónica
Loic Gouzer, segundo por la derecha en un momento de la puja, vendió el cuadro vía telefónica

El cuadro de Da Vinci, subastado en Christie’s de Nueva York el miércoles, se ha convertido en el más caro jamás vendido. No faltan motivos: es una pieza única, la producción del artista, rodeado siempre de un halo de misterio, es muy reducida y es el gran genio del Renacimiento.

Se intuía que la noche podía hacer historia. La hizo. Desde hace meses Loic Gouzer, experto en arte suizo, había preparado al milímetro la puesta en escena de la subasta. Se le ocurrió incluir la obra de Leonardo da Vinci cuando estudiaba «Sixty Last Suppers», de Warhol, vendida por 60,8 millones de dólares (51,4 millones de euros), según explicó a LA RAZÓN al terminar la histórica venta. Fue entonces cuando, según el consejero delegado de Christie’s, Guillaume Cerutti, recordó ayer, «vino Loic con una de sus inquietantes ideas». En esta ocasión sus peculiares ideas han conseguido que se venda en una subasta la obra más cara jamás vendida. Solo queda saber qué idea tiene para la próxima venta. En esta ocasión se lo ha puesto difícil a sí mismo. Al acabar la noche, dio la sensación de que el Gouzer y equipo de arte de posguerra y contemporáneo de Christie’s acababan de correr una gran maratón, pues parecían estar extenuados. Detrás de Leonardo quedan Gauguin («¿Cuándo te casarás conmigo?», vendido por 300 millones de dólares), «Interchange», de De Kooning, adqurido por la misma cantidad; «Los jugadores de cartas», de Cézanne (250); «Number 17A», de Pollock (200); «Les Femmes d’Alger», de Picasso (179,3); «Nu couché», de Modigliani (170,4); «El sueño», de Picasso (155); «Tres estudios de Lucien Freud», de Bacon (142,4), y «L’homme au doigt», de Giacometti (141,2).

18 minutos y 40 segundos

Hasta que llegó el lote 9 el silencio invadió la sala en una noche en la que las piezas anteriores se beneficiaron de la expectación. Todas se vendieron por encima de las estimaciones. La obra de Leonardo arrancó con un precio de salida de 70 millones de dólares. La tensión de la puja que se prolongó en total durante 18 minutos y 40 segundos se rompió en dos ocasiones: cuando rebasó los 200 millones con gritos y al final, al llegar a los 400 con aplausos. Al final, la disputa se centró en tres compradores por teléfono. La venta más cara de la historia terminó con un precio total con la comisión de la casa de 450.3120.500 dólares (380,849.402 euros). Y solo era el principio de la velada, que concluyó con 785.942.250 dólares (664.706.477 euros).

El subastador Jussi Pylkkanen, presidente global de Christie’s, reconoció a LA RAZÓN después de la velada que “es una pintura del mejor artista de la historia. Durante la puja no estaba más nervioso de lo normal. Soy finlandés y somos de sangre fría. Estoy muy calmado durante las pujas y, como siempre, pendiente de los coleccionistas. Y cuando llegamos a los 200 millones de dólares, me transmitieron que querían continuar. Así, seguimos. Desde mi punto de vista la pregunta era: ‘‘¿Dónde paro?”», indicó a LA RAZÓN el subastador, aún con el mazo en la mano, que le regalaron cuando empezó su carrera. Sobre la identidad del comprador la casa, como es su política, guarda silencio. Los dardos apuntan hacia Catar, Asia e incluso el multimillonario Bill Gates, un apasionado de Da Vinci que compró el código Leicester del artista en 1994 por casi 31 millones de dólares. Otras quinielas apuntan a Jeff Bezos, la heredera de Walmart, Alice Walton y Ken Griffin, los tres últimos también norteamericanos. ¿Es astronómica la cifra que se pagó? Teniendo en cuenta que se trata de una pieza única, del maestro del Renacimiento por antonomasia, un artista que siempre aparece rodeado de un halo de misterio y cuya producción es escasísima (lo que le sucede también a otro genio, Vermeer) y que una obra de este calado sale al martillo una vez en la vida, el lienzo lo merece. Si a ello le unimos la impresionante campaña de marketing puesta en marcha por Christie’s tenemos todos los mimbres para que la venta fuera estratosférica. A Leonardo se le dio el tratamiento en Nueva York de estrella del rock y se ha convertido también en dueño de las redes sociales merced a las ideas revolucionarias de Gouzer. Eso sí, el guión fue el de siempre: conseguir el mayor número de récords posible mientras se mira por encima del hombro a la competencia, Sotheby’s al otro lado de Manhattan, que el miércoles celebraba una venta extraordinaria, aunque con una cifra bastante por debajo de la lograda en su feroz competidora.

Los 450 millones del Leonardo fueron la traca final después de más de seis meses de trabajo y de cuatro semanas de gira de la obra por Hong Kong, San Francisco, Londres y Nueva York. Gouzer mira a Asia desde hace años. Interminables filas a la entrada antes de la subasta, la cual empezó a las siete de la tarde (una de la madrugada en España). Una sala abarrotada llena de periodistas de todo el mundo. Entre las diferentes monedas del tablero de la casa de subastas, que indican la marcha de la puja, contaban junto con el dólar, la libra esterlina, el franco suizo, el yen japonés, el dólar de Hong Kong, el rublo ruso y el yuan renminbi chino. Gouzer explicó a LA RAZÓN que simplemente se adapta a los nuevos tiempos. Después de la venta, se volvió a su casa en la empresa de transportes Uber, que ha puesto en pie de guerra a los trabajadores del taxi. El nombre del conductor: Leonardo, el cual no dudó en colgar en su Instagram. ¿El buen karma de Loic Gouzer?