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El «último Botticelli» que dejó escapar el Prado

Polémica con la salida del país del retrato de Michele Marullo, de la familia Cambó, depositado durante años en el Prado y que se exhibirá para su venta en una galería de Londres

Polémica con la salida del país del retrato de Michele Marullo, de la familia Cambó, depositado durante años en el Prado y que se exhibirá para su venta en una galería de Londres

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Hasta hace tres años, quienes paseaban por la sala 56b del Museo del Prado podían admirar (rodeado de la «crème de la crème» de la pintura italiana, entre ellos «La Anunciación», de Fra Angelico, o el «Cristo muerto sostenido por un ángel», de Antonello da Messina) un retrato de Sandro Botticelli ejecutado por el propio pintor en torno a 1490. Esta obra, que representa a Michele Marullo Tarcaniota, humanista y soldado en la agitada Italia de finales del siglo XV, se situaba, además, a la vera de los únicos ejemplos de la producción del maestro renacentista que quedan en la pinacoteca nacional: las tres tablas de «Escenas de la historia de Nastagio degli Onesti».

De altísimo valor cultural y económico, el retrato de Marullo, depositado en el Prado exactamente desde 2004 a 2016 merced a un acuerdo con la familia propietaria (herederos del coleccionista Francisco Cambó), puede que no regrese jamás al museo. Es más, por lo pronto, la pinacoteca ya lo ha perdido. Ni se exhibe ni está depositado en ella y, de hecho, la obra, catalogada por el Estado como Bien de Interés Cultural (BIC) en diciembre de 1988, ha salido fuera de España.

Las alarmas sobre el futuro de esta pieza excepcional saltaron al conocerse que la galería Trinity Fine Arts lo exhibirá en la feria Frieze Master, del 3 al 6 de octubre, en Londres. De hecho, tanto el Ministerio de Cultura como la familia propietaria confirmaron a LA RAZÓN que el lienzo se encuentra ya en la capital británica. Según fuentes del Ministerio, se ha extendido una «licencia temporal de exportación» que permite la salida del cuadro, a pesar de ser BIC. De hecho, de acuerdo a la legislación de Patrimonio Histórico, la obra podrá salir a la venta si se estima oportuno por parte de la familia Cambó. Eso sí, según explica Cultura, el comprador «tendrá que estar vinculado a España o mantener el vínculo con España de la obra, cumpliendo con todos los requisitos y garantías de la normativa de Bienes de Interés Cultural». Pero que el «Retrato de Michele Marullo Tarcaniota» se mantenga de algún modo vinculado a nuestro país no significa, en absoluto, que vuelva a exponerse a ojos del gran público como sucedía hasta 2016.

De hecho, la obra regresó aquel mismo año a manos de los Cambó después de que se agotara el depósito sin que el Prado presentara oferta alguna para mantenerlo o adquirirlo. Digamos que a Marullo «se le dejó ir» en el mismo año en que la pinacoteca adquiría por 18 millones la «Virgen de la Granada» de Fra Angelico a la Casa de Alba. Rafael Guardans i Cambó, nieto del coleccionista y político catalanista Francisco Cambó, aseguró a LA RAZÓN que una vez finalizado el depósito («No teníamos obligación de mantenerlo», matiza), la familia ha decidido trasladarlo a Londres temporalmente porque, señala, «nos interesa que sea apreciado internacionalmente». ¿Con miras a una venta? Guardans i Cambó ni afirma ni desmiente ante la pregunta, pero está claro que su Botticelli, el último en manos privadas (de ahí que la galería que lo expondrá en Inglaterra lo presente como «El último Botticelli») es una pieza codiciada que podría alcanzar un altísimo valor en el mercado.

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El Estado viene asegurando anualmente el retrato con 60 millones de euros, lo que da una idea de cuánto puede alcanzar en una transacción privada. Según fuentes consultadas por LA RAZÓN, la familia propietaria habría estado negociando desde 2016 con el Museo del Prado para cerrar una venta de entre 9 y 12 millones de euros, presumiblemente muy por debajo del valor real de mercado si la obra no se tuviese que atener a la legislación BIC. En cualquier caso, el Estado no estuvo interesado en cerrar aquella operación, lo que podría haber motivado a los Cambó a buscar otras vías. Rafael Guardans i Cambó se muestra receloso con el Prado y las «dificultades de hacer constar el donante en los movimientos» del cuadro y lamenta que «en España cuesta reconocer la generosidad» de coleccionistas de arte como su abuelo, cuyas donaciones al Prado y al MNAC calificó de «generosísimas» e «incomparables».

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Una «razonable» preocupación

El propietario de la obra mantiene a LA RAZÓN que, en todo momento, ya sea con la salida de la obra hacia Londres y una posible venta, «nos atenemos a la normativa» y que ve «razonable» la preocupación de los amantes del arte de que el retrato acabe fuera de España hipotéticamente. Respecto a las cifras que pueda alcanzar en una transacción privada, asegura «no tener ni la más remota idea».

Para los especialistas consultados por este diario, el emplazamiento natural del «Marullo» sería el Museo del Prado, contribuyendo a llenar un hueco en la historia de la pintura italiana y constituyéndose en el único lienzo pintado por el propio Botticelli, ya que las «Escenas de la historia de Nastagio degli Onesti» son del taller del artista. Además, sería un perfecto autorregalo para la pinacoteca en su Bicentenario. Pero, ¿está a tiempo el Estado de rescatar para los salones del museo esta obra? Y en su caso, ¿está interesado?

Lo que está claro es que el «Retrato de Michele Marullo» arrastra una larga historia de vinculación con España. En concreto, un siglo. La obra fue adquirida en 1920 por Francisco Cambó en una subasta en París. El coleccionista donó buena parte de su extenso catálogo al Prado y el Museo Nacional de Arte de Cataluña en los años 40, pero se reservó la propiedad del Botticelli que nos ocupa. Una obra que, además de estar en depósito y expuesta en el Prado desde 2004 a 2016, pudo verse en Berlín y en el Metropolitan de Nueva York entre 2011 y 2012.

Trinity Fine Art valora el «Marullo» como uno «de los mejores retratos de Botticelli y posiblemente el de mayor calidad que haya llegado al mercado internacional». La galería recuerda que en 2013, la «Madonna Rockefeller» se vendió por más de 10 millones de dólares en Christie's a pesar de haber sido confeccionado en su taller y no por el propio artista, como es el caso de la obra de los Cambó.

La importancia del retrato se funda, además de en la pericia técnica, en la primacía que se da al individuo sobre su apariencia externa. Con el foco puesto en el rostro, en la mirada del poeta y soldado que frecuentó el círculo humanisto de Lorenzo de Médici, los detalles de vestuario y contexto quedan totalmente relegados. No hay trazas que denoten un afán por realzar el estatus más allá de la fuerza del propio rostro de un hombre que lleva a gala cualidades no materiales. Es el triunfo del individuo resaltado en la sensibilidad de un hombre que nació en Constantinopla al mismo tiempo que se perdía para la Cristiandad, en 1453, y que siempre mantuvo su deuda con Oriente y su origen griego pese a su largo vagar por tierras itálicas. Peleó junto a los Sforza frente a los Borgia y escribió epigramas influidos por Lucrecio. Falleció en torno a los 50 años de edad en la localidad de Volterra, en 1500.

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