Ramón Tamames: «España debe convertirse en una Alemania del sur»

Ha publicado «El último siglo económico» (Erasmus), un libro en el que defiende que el capitalismo es como un gato de más de siete vidas.

Ha publicado «El último siglo económico» (Erasmus), un libro en el que defiende que el capitalismo es como un gato de más de siete vidas.

Ramón Tamames es uno de esos hombres que cuanto más sabe más quiere saber. Por eso no se cansa de escribir, ni de leer. A sus 84 años le mantiene joven la curiosidad, el interés, su jardín... Con una mirada lúcida destila un discurso penetrante. Acaba de publicar «El último siglo económico» (Erasmus), un libro que arranca en la Revolución Rusa de 1917 y llega hasta nuestros días. En él defiende que el capitalismo es como un gato de más de siete vidas por todos los acontecimientos a los que ha sobrevivido y demuestra que este sistema manchesteriano ha sido sustituido en la mayoría de los países avanzados por un nuevo modelo ecológico de economía mixta y Estado del Bienestar.

–¿El capitalismo funciona?

–Es lo único que ha funcionado. Como diría Churchill, es el menos malo de los sistemas. Las alternativas, como la soviética, han sido peores. No es que el capitalismo esté en crisis, simplemente se encuentra en un proceso permanente de cambio, readaptación y evolución.

–¿Nunca desaparecerá?

–Lo que tenemos seguirá adelante. No se inventará nada nuevo. Las desigualdades persistirán, pero están atemperadas por el Estado del Bienestar. Y el principio de igualdad de oportunidades funciona bastante bien.

–¿Es usted capitalista?

–No soy capitalista, ni comunista, ni socialista, ni dirigista... Soy un economista que en este libro estudia lo que pasó.

–¿Y qué le diría a los anticapitalistas?

–Que no se hagan ilusiones, porque nunca destruirán una máquina que funciona con esa complejidad.

–En China gobiernan los comunistas, y el gigante asiático podría convertirse en la principal potencia económica mundial...

–Lo de China no es comunismo. Se trata de un capitalismo leninista.

–¿He venido aquí a hablar de su libro o puedo preguntarle por otras cosas?

–Podemos hablar de lo que quieras. Me gustan las conversaciones interesantes sobre economía, cosmología... Me interesa hasta el fútbol.

–Si tuviera que definirse en una palabra: escritor, economista, ex político, pensador, intelectual...

–Ex político no. Somos políticos o idiotas. Pero uno de mis oficios más apreciados es el de jardinero (risas).

–¿Cuántas páginas tiene su currículo?

–Depende de cómo lo haga. El que presenté como candidato a la Academia tenía 40.

–¿Qué le falta a usted por saber?

–Siguiendo la máxima de Sócrates, hay que conocerse a uno mismo y saber que no sabemos nada. Cuanto más sabes más te das cuenta de que tienes que saber mucho más. Me gustaría saber el sentido de la vida.

–¿Es usted una máquina de pensar, como le han descrito?

–No somos máquinas, sino hombres. Y tenemos un cerebro que utilizamos al 15% o al 20%. Podríamos usarlo mucho más.

–¿Cómo lo engrasa?

–Resolviendo mi curiosidad intelectual y científica, tratando de analizar con detalle las cosas. Mi método es el DIP y está basado en tres fases: Descripción relevante de los hechos, Interpretación y Prospectiva.

–¿Qué personaje de la Historia le hubiera gustado ser?

–Hernán Cortés encontrándose con Moctezuma a su llegada a la gran Tenochtitlan, en 1519.

–¿Si tuviera que hacerle una recomendación al ministro de Economía?

–Le diría que diera más importancia a la industria y a la competividad. La austeridad y las reformas eran inevitables para la recuperación. Ahora tenemos mejores empresas que nunca y unos empresarios de categoría. España debe convertirse en una Alemania del sur.

–Tiene usted 84 años, pero ¿cuándo se hará mayor?

–(Risas) Muchas veces me pregunto que cuándo empezará al bajón. Me mantiene joven la curiosidad, el interés, las conversaciones con los amigos, los libros...

–Ha sido miembro del Comité Central del PCE, teniente de alcalde con Tierno Galván, fundador de Izquierda Unida, luego ingresó en el CDS... ¿Dónde está ahora ideológicamente?

–De observador. Cuando me dicen que he cambiado mucho contesto que nunca dije ser partidario de la dictadura del proletariado. A Santiago Carrillo lo convencí de que el marxismo no era una ciencia, sino una corriente filosófica.

–¿Ha cambiado usted o han sido las ideologías?

–No he cambiado tanto, pero cada vez aprecio más el esfuerzo personal, la cultura de la innovación y del trabajo. Uno no puede estar quejándose continuamente. Hay que innovar empezando por uno mismo, enterándonos de las cosas, sabiendo de dónde venimos, qué somos, adónde vamos... A mí ya no me desencaja nada, estoy curado de espantos.

–¿Qué tienen los visionarios de usted?

–Soy un visionario en el mejor sentido de la expresión, no para advertir de cataclismos sino, al contrario, para ofrecer una senda de mejora y perfección. Yo soy muy optimista.

–Háganos un vaticinio.

–Vamos hacia un mundo multipolar. La época de las hegemonías se ha acabado. Estados Unidos está perdiendo liderazgo en beneficio de China, que tampoco tiene el propósito de ser hegemónica. Ambos países deben negociar antes de que haya una guerra, que podría haberla.