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Susana Fortes: «Una novela sin humor no es una novela seria»

La autora presenta «Septiembre puede esperar» (Planeta), una novela de misterio, intriga y espionaje sobre el extraño caso de una escritora desaparecida

La autora presenta «Septiembre puede esperar» (Planeta), una novela de misterio, intriga y espionaje sobre el extraño caso de una escritora desaparecida.

El 8 de mayo de 1955 la escritora Emily J. Parker desaparece en Londres mientras la ciudad celebra el décimo aniversario del final de la II Guerra Mundial. Nunca más vuelve a ser vista. Años después, Rebeca, una estudiante española de Filología, decide trasladarse a Londres para preparar su tesis doctoral sobre este misterio. «Septiembre puede esperar» (Planeta) es la nueva novela de Susana Fortes, profesora y escritora gallega afincada en Valencia. Una trama de misterio, intriga y espionaje con la que irrumpe de nuevo tras cuatro años sin publicar.

–¿Vuelve a la novela negra?

–Más que negra, es una novela de misterio, de intriga psicológica; ése es su perfil, aunque hay también un trasfondo histórico.

–¿Por qué Londres tras la II Guerra Mundial?

–Porque es una época que me apasiona, la del Blitz, la batalla de Inglaterra, los años de postguerra y, en general, todo lo británico en una época que me fascina.

–Presenta aquel Londres como legendario.

–Para mí es mítico, con Europa ocupada y ellos luchando en solitario contra Hitler antes del apoyo americano. Era el Londres de la resistencia en cuyas tiendas destruidas por las bombas colgaban letreros: «Business as usual» («Seguimos abiertos»). Hay una escena de la Navidad de 1940 en la que todo el mundo se refugia en el metro y allí la celebran vestidos de Papá Noel como si tal cosa. Una época que tuvo su momento de gloria.

–Que contrasta con el actual...

–Rebeca llega en 2009 en plena nevada, caos aéreo, de metro y tráfico sobrepasado. La ciudad ha cambiado, pero conserva la esencia. La novela es un homenaje a la ciudad de hoy y de entonces.

–En «Septiembre puede esperar» la profesora se marcha sin empezar el curso.

–Sí, da clases particulares de inglés, es de esa generación que lo ha tenido crudo con la crisis y así malvive. Consigue una beca para irse a Londres a investigar para su tesis sobre una escritora desaparecida. Está obsesionada con ella.

–¿Fue real o ficción?

–El personaje Emily J. Parker es ficción, aunque aparecen personajes reales. Siempre me interesaron los casos de escritoras que desaparecen, en el sentido real o figurado, como Harper Lee, que escribe «Matar a un ruiseñor» y desaparece. Me pregunto, ¿por qué alguien toma una decisión tan drástica? O Jean Rhys. Incluso Agatha Christie tuvo algún periodo oculto.

–Aquí hay desaparición física...

–Sí, el 8 de mayo del 55, Londres celebrando el aniversario de la victoria y ella desaparece. Nadie volvió a verla viva nunca. Este tema me crea una curiosidad y una fascinación tremenda.

–Suscita muchos interrogantes en el lector.

–Estaba casada, era feliz, lo tenía todo, había muchas expectativas sobre su obra, había jugado un papel importante en la guerra en el núcleo duro del espionaje. ¿Qué pudo suceder para dejar de escribir y desaparecer? ¿Fue voluntario o forzada? ¿Por qué una mujer fuerte, capaz de participar casi adolescente en una guerra, se viene abajo?

–¿Fue intrincado el espionaje?

–Era el corazón de la tela de araña. John le Carré lo explica bien, cómo se teje, la ley del silencio, los secretos, los códigos, los espías dobles... Reclutaban expertos en numismática, paleografía, escritura cifrada. Un mundo de claroscuros y amenazas que tuvieron mucho que ver con su vida.

–¿Por qué la protagonista se obsesiona con ella? ¿Mitomanía?

–A Rebeca se le despierta el monstruo de la curiosidad, hay indicios de alguna rareza oculta. Más allá de la fascinación por su escritura hay una corazonada, la sensación de que hay algo en su vida que le concierne a ella personalmente, No sabe por qué, pero intuye algo.

–El humor es importante y omnipresente en la narración.

–Con esta protagonista, el mundo gallego está muy presente y su humor es muy parecido al inglés, irónico, con retranca, a veces negro. De media sonrisa más que de carcajada. Humor para reírse de ella misma, algo esencial en la vida para la higiene mental. Una novela sin humor no es una novela seria.

–Ironiza también sobre la cultura inglesa.

–Sí, desde los tics hasta los estereotipos. Parto de que todo lo británico me encanta, el carácter flemático, su estilo lacónico poco tremendista y más bien contenido, el levantar la ceja, el gesto más allá del exabrupto, las palabras dichas a medias, poco explícitas. Siempre me ha gustado.

–¿Es una novela de mujeres?

–De mujeres fuertes, protagonistas, que viven entre la espada y la pared, con momentos de debilidad, pero sin tirar la toalla nunca ante la adversidad y las dificultades, que saben tirar del carro.

–¿Hay algo de usted en Rebeca?

–Le he prestado muchos elementos de mi infancia en Galicia, de mi mundo familiar y personal, aspectos autobiográficos convenientemente distribuidos. Ella es el patito feo que va creciendo y cogiendo consistencia frente a la adversidad. Sabe que tiene que ser más lista para sobrevivir.