Edu Soto: «La seguridad es el ingrediente más potente para la seducción»

Edu Soto / Actor. Estos días frecuenta «amistades peligrosas» en las calzas de Valmont. Rock duro y sexualmente incorrecto. El Neng ha muerto; cuidado con él

Edu Soto. Actor
Edu Soto. Actor

Miguel Ayanz.- Estos días frecuenta «amistades peligrosas» en las calzas de Valmont. Rock duro y sexualmente incorrecto. El Neng ha muerto; cuidado con él

Aunque le conocimos como cómico lanzado al estrellato por un poligonero de Castelldefels, lo cierto es que Edu Soto era y es actor. Y lleva ya varios años defendiendo su carrera con hechos. «Montenegro», en el CDN, «El lindo Don Diego», para el Clásico... Ahora se mete en una de las pieles más complejas de la literatura, la del vizconde de Valmont, el aristócrata imaginado por Choderlos de Laclos que destroza ingenuidades y juega a las cartas con otro diablo –la marquesa de Merteuil– en una partida de seducción y abusos. Un bicho malo, vamos. Hablamos, claro, de «Las amistades peligrosas». Pero no un montaje más, sino su versión rockera –literalmente–, que puede verse en el Matadero de Madrid hasta el 8 de marzo, dirigida por Darío Facal. Y enfrente, Carmen Conesa, Iria del Río y Lucía Díez.

–Un Valmont que toca la batería. ¿Una obra sexy rock?

–Sí, y no porque hagamos rock en el escenario, que lo hacemos, sino porque el texto es muy cruel. Por suerte, tiene bastantes tonos y toques de humor, pero es una ironía cruda en la que vemos a un burgués que abusa de su poder económico, de seducción y social para hacer cosas terribles. Hay gente que lo pasa mal porque es rock duro.

–Un tipo poderoso que abusa de otros que lo pasan mal. Parece escrito hoy...

–Es una función que en su época no era tan dura como hoy. Hoy estamos mucho más sensibilizados con el abuso a la mujer, la violación a menores, etc. Y en esta obra de teatro se tocan todos esos temas.

–En aquellos días, sin embargo, eran más proclives a escandalizarse con las costumbres sexuales, había más tabús. ¿Hoy nos escandalizaríamos?

-Sí, hemos visto a gente bastante escandalizada. Hay imágenes y momentos en la función a los que nadie se acostumbra: abusos a una menor o que se haga sufrir a una mujer como juego.

–Hoy accedemos a cualquier página porno con facilidad. ¿Qué sitio tienen el erotismo y la seducción?

–Creo que es una obra muy cruda porque se mete en unos recovecos de nuestra alma, experiencias y forma de pensar que, por un lado, te escandaliza y, por otro, te seduce y te agrada. La función está muy bien equilibrada porque si no hubiese esas dosis de seducción, de erotismo y de humor sería mucho más dura. Hay momentos en los que dices: esto que veo me agrada... pero quizá no debería. Forma parte del pensamiento humano. Somos muy contradictorios, y la obra utiliza muy bien ese sentimiento.

–Dejando a un lado la parte más detestable de Valmont, ¿tiene algo de él?

–¿Quién no se ha entregado al juego de la seducción? ¿Quién no es violento? ¿Quién no es poeta? Es una parte de mí: soy un tipo al que le gusta arreglarse, presumido... Pero creo que en todos los personajes que he hecho en mi vida hay una parte de mí, porque si no, no hay donde agarrarse.

–¿Algún truco de seducción?

–La seguridad. Las personas con mucha confianza en sí mismas tienen un atractivo muy grande. Ése es el ingrediente más potente para seducir.

–¿Y trastadas, como Valmont, ha hecho?

–Sí, hombre (risas). Como todos... lo que nos hayan dejado. Quizá hay un momento en tu vida, desde los veintipico hasta los treinta, en que todos estamos con la virilidad a tope y quizá entonces sí hiciera algunas más de la cuenta...

–¿Se liga más de Valmont o de Neng?

–La verdad es que cuando se cierra el telón, yo también lo cierro. Fuera del escenario tengo muy claro quién soy y no me llevo nunca al personaje. Por suerte, porque si no me habría vuelto loco ya.

–¿Qué fue de aquel poligonero?

–¡Estará en el Olimpo! Sigue en la memoria, en la mía y en la de muchas personas que me lo recuerdan diariamente. Fue una época muy bonita, no olvidada pero sí cerrada, y por suerte siguen acudiendo a mí Valmonts, maestros de ceremonias y otros personajes que me dan felicidad.

–¿Cuánto le debe y cuánto le pesa?

–La pérdida de intimidad es dolorosa para cualquiera, no sólo para un actor, aunque hay gente a la que le gusta. Estar con tu pareja en un restaurante y que tengas que parar la conversación para hacerte una foto... A quien le guste eso, se lo regalo. Pero es algo por lo que hay que pasar y no voy a dejar mi profesión por ello.

–Aquél fue sólo un personaje, y después han venido otros, estupendos papeles con la CNTC, Andrés Lima, Ernesto Caballero... ¿En qué momento está ahora?

–En uno muy bonito, porque sigo haciendo el programa de entretenimiento de turno y combino un «Me resbala», por ejemplo, con un Jacques en el CDN [se refiere a su personaje en «Como gustéis», que estrenó en mayo de 2014]. Es algo a lo que yo aspiraba y que siempre ha sido mi reivindicación. Me gusta el humor, quiero seguir haciendo el bobo más absoluto, y poder a la vez subirme a un escenario a ensayar un personaje serio o cómico pero complejo. Me están ofreciendo papeles preciosos. Sin ánimo de vanagloriarme de nada, ahora me llaman para más cosas de las que puedo hacer. Como está el panorama, es una suerte. Estoy muy feliz porque, después de pasar por el abandono, he conseguido hacer cosas que antes no me dejaban.

–Es que para quien destaca en la comedia a veces es difícil quitarse la etiqueta de «cómico»...

–La comedia es muy cruda yexcluyente, y te imaginan poco en otra tesitura. Yo jamás me rendí. Soy muy cabezón: para algunas cosas me va muy mal, pero para otras, como ésta, me ayuda. Me queda mucho camino. La comedia es muy bonita pero no podía estar toda la vida haciendo lo mismo.

–¿Se ve levantando premios?

–Yo es que tengo mucha imaginación y me veo incluso diciendo equis cosas al recogerlos. En momentos de enfado, me he imaginado cargándomelo todo. En otros de más paz, me he dicho: «¿Para qué vas a hacerlo? Agradéceselo a quien tengas que hacerlo y punto». Yo qué sé. Todos sabemos lo que son los premios: son muy irreales, pero eso no quita que me haga ilusión. Es una pena: si hubiera «fair play» y se diera al mejor actor, yo lucharía el primero.

–Le digo una cosa: John Malkovich despegó con «Las amistades peligrosas»...

–Sí, hombre. Para mí el premio es que haya un director que diga: «Te veo haciendo esto». Muchos otros desearían estar ahí. Eso son los pequeños regalos y premios de nuestro curro. A mi padre nunca nadie le dijo que era el mejor tejedor mecánico textil de España. Y nunca se lo van a decir. En este trabajo tenemos la suerte de que nos lo dicen a menudo... O te despellejan.