Teatro

Juan Mayorga, del tablero a las tablas

El dramaturgo presenta «Reikiavik», obra inspirada en la partida real de ajedrez entre Bobby Fischer y Boris Spassky, pero alejada de los hechos históricos.

César Sarachu (izquierda) y Daniel Albaladejo (derecha) interpretan a Bailén y Waterloo
César Sarachu (izquierda) y Daniel Albaladejo (derecha) interpretan a Bailén y Waterloo

El dramaturgo presenta «Reikiavik», obra inspirada en la partida real de ajedrez entre Bobby Fischer y Boris Spassky, pero alejada de los hechos históricos.

Blancas mueven primero, responden negras, y así sucesivamente hasta el jaque mate o la rendición. Es el ajedrez: para unos, deporte; para otros, aburrimiento, y para el dramaturgo Juan Mayorga, «una forma de arte». Por ello ha desplazado el juego del tablero a las tablas del Teatro Valle-Inclán en la obra «Reikiavik», basada en la pacífica batalla que el estadounidense Bobby Fischer y el soviético Boris Spassky mantuvieron en la capital islandesa durante el verano de 1972, en plena Guerra Fría, con motivo de la final del Campeonato Mundial de Ajedrez. La vida de ambos jugadores posterior a la partida, que ganó Fischer, es lo que empujó a Mayorga a escribir este texto: «Tienen algo de trágico. Fueron elevados a luchadores simbólicos de sus sociedades y sistemas políticos siendo sólo extraordinarios genios del ajedrez y de cómo quedaron congelados en Reikiavik».

No obstante, Mayorga asegura que «no pretende ser una construcción historicista del pasado». Y es que no son Fischer y Spassky los protagonistas, sino otros dos hombres que juegan a «imaginar lo que sucedió en Reikiavik. Son Bailén y Waterloo, que se reúnen por el goce de jugar al ajedrez», explica el dramaturgo. Además, añade, «hay un tercer personaje, que es el de ese muchacho que va a clase y se queda atrapado en lo que ellos hacen. Es un representante del espectador, pero activo y que ha de incorporarse a la puesta en escena». El joven será interpretado por Elena Rayos, quien, afirma Mayorga, «ha sabido darle una enorme presencia a su papel incluso cuando el foco está en los jugadores», que serán encarnados por Daniel Albaladejo y César Sarachu. Los actores «recrean la Guerra Fría, uno de los ámbitos de la obra, sin apenas atrezzo, y crean el clima de paranoia y sospecha intensísima de aquel tiempo. También, de algún modo, recuerdan a los espías y a los otros personajes de la época como Kissinger o el Soviet Supremo, que estaban empujando a sus pupilos ajedrecistas haciéndoles conscientes de que no podían perder», comenta Mayorga sobre uno de los dos planos en los que se ha enfocado el trabajo de los intérpretes. El otro es «el propio ajedrez. Ocurre que nos hemos esforzado porque la obra la pueda disfrutar cualquier espectador aunque no sepa mover un peón. No digo que los aficionados al juego la vayan a gozar más pero sí de otra forma».

Mayorga no sólo es el único autor del texto de «Reikiavik», sino que también enfrenta la dirección de la obra, una combinación que, reconoce, «es un riesgo porque se puede caer en la redundancia. Es decir, que el texto se confirme demasiado en la representación, pero tengo la sensación de que lo hemos evitado. No sabía cómo se podía poner en escena esta obra tan compleja, entré en la sala de ensayos con sólo intuiciones. Ha habido una batalla entre el yo director y el yo autor». Lo que seguramente encontraremos sobre el tablero son los cuatro ingredientes que debe poseer el teatro según Mayorga: «Pasión, emoción, poesía y pensamiento».

La soledad del jugador

¿Y en qué vamos a pensar mientras veamos «Reikiavik»? Dice el dramaturgo que «en los confusos límites entre la victoria y la derrota, en los sistemas políticos que hay detrás de cada uno de ellos, y en la soledad de los jugadores», que se generó en Fischer de forma natural porque «es individualista, rasgo característico de su cultura, un cowboy que pelea solo», mientras que el aislamiento de Spassky, «que viene de la cultura del compartir y el equipo, se produce porque los soviéticos veían el error como traición y le dejaron solo», afirma Mayorga confirmando su fanatismo por ambos ajedrecistas.

Sobre ellos añade que «se convirtieron en expatriados tras lo sucedido Reikiavik».Una característica de ambos que provoca que la obra sea, por una parte «una ‘‘Odisea’’ frustrada porque ninguno pudo volver a su Ítaca», y por otra, «una ‘‘Ilíada’’ en la medida de que hay una batalla entre dos mundos». Estas alusiones a los clásicos y el tema tan internacional en el que se inspira el texto provocan que llame la atención de los dramaturgos extranjeros para representarlo en sus respectivos países. Y aunque Mayorga asegura que «no escribo con la intención de globalizar mis obras», reconoce que «hay obras más cosmopolitas que otras y, de hecho, ya existen traducciones y propuestas para llevar ‘‘Reikiavik’’ a escena fuera de España, concretamente a Latinoamérica, pero no las he autorizado. Me siento honrado por el interés que ha surgido, pero nuestro deseo es que pueda viajar el montaje, no sólo el manuscrito, porque creo que el trabajo de los actores es sobresaliente y me siento orgulloso de ellos». Jaque mate.