La gran ceguera de Maeterlinck

Tres obras representativas del simbolismo y de su autor más importante («La intrusa», «Interior» y «Los ciegos») se dan cita en el CDN

«La intrusa», dirigida por Vanessa Martínez, inaugura esta trilogía
«La intrusa», dirigida por Vanessa Martínez, inaugura esta trilogía

Tres obras representativas del simbolismo y de su autor más importante («La intrusa», «Interior» y «Los ciegos») se dan cita en el CDN

Maeterlinck es un autor clave en la literatura dramática europea contemporánea. Dramaturgo, poeta y ensayista, fue principal exponente del teatro simbolista, un movimiento poco entendido en su tiempo por ser un teatro donde no hay conflicto, no existe drama ni acción y donde el silencio es un personaje más. Teatro estático que pretende representar emociones o ideas a través de símbolos. El Centro Dramático Nacional estrena ahora su «Trilogía de la ceguera»: «La intrusa», «Interior» y «Los ciegos», dirigidas por Vanessa Martínez, Antonio C. Guijosa y Raúl Fuertes respectivamente. «Las tres comparten un elemento dramatúrgico fundamental que las dota de un poder hipnótico que involucra al espectador y que está íntimamente conectado con emociones profundas: el suspense», afirman.

«La Intrusa» es un «psicothriller» que cuenta la historia de una familia degenerada por su endogamia, compuesta de espectros, ausencias y personajes desconcertantes. «El argumento es sencillo y la aparente acción dramática, escasa –explica su directora–. Una invitación de Maeterlinck para la reflexión: no mirar con los ojos, no quedarse en la acción visible, no escuchar sólo las palabras sino también los silencios. Lo que me seduce es que lo que sucede no se ve fácilmente, hay que indagar en la intrahistoria familiar. Es un viaje al corazón del miedo y la disfuncionalidad. No hay dramaturgia, sólo me he limitado a obedecer las acotaciones de Maeterlinck: “la acción transcurre en el tiempo presente”. Los personajes, como el espacio que habitan, son bastante atemporales». No es una metáfora social, «habla de una capa más interna de todas las que forman al ser humano: de lo trágico cotidiano, de la incapacidad para ver al otro, para afrontar la muerte o percibir la realidad», dice Vanessa Martínez.

En «Interior», dos desconocidos se acercan a una casa para anunciar una muerte. Sin embargo, al mirar por las ventanas la felicidad de quienes allí viven, quedan paralizados sin atreverse a dar la noticia. Para Antonio C. Guijosa, «Maeterlinck escribe una función intrigante y perturbadora sobre un tipo de mirada. Los que miran, al conocer una realidad que los observados ignoran, perciben el mundo de una manera completamente nueva. La percepción de la realidad depende de quien mira». Para Guijosa, «su montaje ofrece varias posibilidades sin que su esencia cambie. Mi interés está en los que miran porque se ven abocados a hacer una tarea que parece sencilla, pero allí perciben que no saben cómo afrontarla, que no quieren hacerlo. Los de fuera representan la manera de enfrentar los tragos amargos de la vida y los de dentro nuestra forma, como sociedad, de vivir despreocupados, los recursos que empleamos para sentirnos seguros y tranquilos». Y concluye: «Hay poca acción, pero tiene una fantástica estructura de gran crescendo hasta el desenlace final».

Los restos del naufragio

«Tristemente, “Los Ciegos” es una función conectada con nuestra realidad –afirma Raúl Fuertes–. Varios personajes ciegos, perdidos y solos en un bosque, abandonados por su guía esperan su regreso, incapaces de saber qué hacer ni a dónde ir, incapaces de valorar la amenaza que se cierne sobre ellos». Para el director, «este argumento es una metáfora desoladora de la sociedad contemporánea, una radiografía de la profunda crisis espiritual y ética que padecemos en nuestra irónicamente llamada “sociedad del bienestar”. Pérdida de sentido vital, soledad, falta de comunicación interpersonal en la era de internet, corrupción, apatía, ausencia de valores y derechos, tensiones, ansiedades... son los restos del naufragio anunciado que jamás quisimos ver. Estamos ciegos, perdidos, desamparados, sin guía y a la deriva».

Valle-Inclán, un admirador declarado

El simbolismo fue un movimiento nacido a finales del XIX como reacción al realismo y al naturalismo. Los escritores, sobre todo poetas, exaltaron el valor de la espiritualidad y la imaginación. Los temas son aquellos que el hombre no puede llegar a conocer: la muerte, el misterio, la angustia, el miedo a lo desconocido. Maurice Maeterlinck (Gante, 1862) fue el principal exponente del teatro simbolista, premio Nobel de Literatura en 1911. Autor poco representado, su primera pieza, «La princesa Maleine», apareció en 1889. A ésta siguieron importantes ejemplos simbolistas como «Los ciegos» o «La intrusa», en 1890. Esta última constituye uno de los textos pilares del simbolismo europeo. En España alcanzó un gran éxito a principio del siglo XX gracias a Ramón María del Valle-Inclán, que fue su traductor y su admirador declarado de Maeterlinck.

- Cuándo: hasta el 24 de mayo.

- Dónde: CDN Teatro Valle-Inclán. Madrid

- Cuánto: 24 euros. Tel. 91.505.88.01.