Las Artes Escénicas ya tienen su Academia

José Luis Alonso de Santos es su presidente provisional. Entregará premios anuales y defenderá a la profesión. De momento son 152 académicos, pero esperan crecer

Los lunes, la profesión teatral suele descansar. Pero ayer fue una excepción. En la sede de Fundación SGAE, 152 directores, actores, escenógrafos, productores, figurinistas, coreógrafos y varios «oficios» más fundaron la Academia de las Artes Escénicas de España, cumpliendo así una vieja aspiración del sector, al que hace tiempo que le venía faltando una entidad similar a la que el mundo del cine tiene desde 1986. «Ha nacido una niña; ahora hay que darle unos cuantos biberones», bromeaba ayer el dramaturgo y director José Luis Alonso de Santos, presidente de la junta directiva provisional con la que arranca la entidad hasta sus primeras elecciones, convocadas para el próximo 23 de junio, para las que Alonso de Santos presentará candidatura y a las que puede optar cualquier miembro hasta el 23 de mayo.

El anuncio de ayer cierra un año y medio de trabajo en el que se ha tratado de unir todo tipo de necesidades profesionales. Por el camino se desligó gente, pero los 152 socios fundadores votaron por unanimidad (99,5% a favor y sólo una abstención) la creación de la Academia y sus estatutos. «Es un asunto importante para todos los que nos dedicamos a esto», cuenta el productor Jesús Cimarro, otro de los miembros de la junta directiva provisional, en la que están también Mariano Marín, Rodolf Sirera, José Luis Gómez, José Carlos Plaza, José María Pou y Antonio Onetti en calidad de secretario. El primer objetivo, explica Cimarro, es «que las artes escénicas tengan un espacio común, donde esté toda la profesión, y ésta opine y vea cómo se puede dignificar más este sector». Los estatutos establecen que la Academia, entre otros fines, deberá «reconocer y dar a conocer la excelencia artística de sus miembros», «fomentar el progreso de las artes escénicas», «promover la asistencia» y, claro, «conceder premios anuales». Es decir, el mundo de la escena tendrá sus «Goya». Hasta ahora, lo más parecido eran los Max, organizados por la SGAE. De hecho, la Academia será una institución independiente de cualquier entidad, partido político o interés económico, aseguran, pero al haber «nacido» bajo el paraguas protector de la Fundación SGAE, ahora les toca estudiar cómo hacer compatibles esos premios con los Max. «Sólo tenemos palabras de agradecimiento para ellos –cuenta Alonso de Santos–. Están ayudando mucho. Pero eso no quiere decir que nos podamos quedar allí pegados como un brazo sumiso a una institución que tiene otros fines». Aunque sus premios están aún por definir, ya tienen claro que podrá presentarse a ellos «cualquier persona de la profesión, aunque votarán sólo los académicos». ¿Y quiénes podrán serlo? «La Academia no es un sindicato –subraya–. No va a ser un lugar donde todos los trabajadores se apunten para defender sus intereses». Y añade: «No tenemos el ansia industrial del cine, de meter a todos y que sean muchos socios. No queremos hacer una Academia masificada». No será un lugar, sigue, «en el que los chicos recién salidos de las escuelas de arte dramático busquen trabajo. Sentimos el máximo respeto hacia lo que hacen. Pero la Academia tiene otro fin». Y deja claro que «si no está formada por nombres representativos, no tendrá valor». Por eso, los estatutos contemplan que tres académicos propongan a cada nuevo miembro, que un departamento interno evalúe su trayectoria y que la junta directiva vote si lo acepta o no. Los miembros pagarán, de momento, 120 euros por ingresar y 10 mensuales, una cuota con la que estiman un crecimiento del 25% anual. «Es muy importante –matiza el dramaturgo– que el 80% de los trabajadores de la Academia no sólo no cobramos, sino que pagamos. Es mucha la mano de obra gratuita. Se da por hecho que somos gente que nos ganamos la vida de otra manera». Y añade: «Yo me pago hasta el agua mineral que bebo».