Teatro

María Botto ajusta cuentas con su madre

María Botto, en la imagen, se sube a las tablas para protagonizar la obra escrita por su hermano Juan Diego
María Botto, en la imagen, se sube a las tablas para protagonizar la obra escrita por su hermano Juan Diego

Cristina Rota dirige «Entre tu deseoy el mío», la obra que su hijo Juan Diego ha escrito para que la protagonice su hermana en la Sala Mirador.

Inspirándose en María Botto, que es tan sólo unos meses mayor que él, y bebiendo de recuerdos, juegos y sueños compartidos de infancia, su hermano Juan Diego ha querido aventurarse en la bonita tarea de escribir por y para ella una obra de teatro que habla fundamentalmente del deseo como motor en la vida, y de «cómo se configura nuestra propia identidad y de qué manera ésta está condicionada hoy en día por el reconocimiento público». El resultado se llama «Entre tu deseo y el mío» y podrá verse en la Sala Mirador hasta el 29 de noviembre.

El argumento de la obra coloca a María –el personaje que interpreta la Botto– ingiriendo pastillas para acabar con su vida frente al espejo del baño. En el ovillo de sus recuerdos se irán desenredando aquellos más decisivos en los cuales la relación con su madre, empeñada en convertir a su hija en estrella de la canción, ha jugado siempre un papel crucial.

«El personaje no soy yo, pero sí es verdad que hay una esencia de mí que reconozco muy bien», aclara María Botto, que califica entre risas a Juan Diego como «un perro» por haber sabido captar esa esencia.

La actriz, que se muestra muy agradecida por este hermoso regalo que su hermano le ha hecho, admite, sin embargo, haber tenido que sopesar mucho la manera de encarar el personaje: «Me enfrentaba a una obra que no sólo habla de la relación entre una madre y una hija, sino también de hasta qué punto uno es consciente o agradece lo que sus padres le han dado. Así que he tenido que hablar mucho con mi madre para ver cómo podíamos abordar todo con distancia, para poder jugar con el texto». Y tampoco Cristina Rota –quien aclara que en su caso el personaje de la madre no tiene nada que ver con ella– era inmune a esa dificultad inicial del proyecto: «Lo que yo dudé era si iba a ser capaz de distanciarme lo suficiente como para poder dirigir la relación de una madre con una hija en la que la hija... ¡Es tu hija! No es lo mismo dirigir a María aquí que en Lorca, o en cualquier otra obra». Aunque, una vez definida la línea de trabajo, madre e hija reconocen haber gozado durante todo el proceso de preparación. «Me divierto mucho ensayando; me gusta incluso el sufrimiento que conlleva darte cuenta de cosas que tienes que cambiar –dice María Botto–. Hay gente a la que no le gustan esos cambios, pero a mí me apasionan. Cada nuevo proyecto en el que me meto me permite descubrir mundos nuevos, y para mí eso es algo gozoso». Y no parece que el hecho de repetir con su madre como directora sea óbice para seguir descubriendo esos mundos: «Trabajar con ella es maravilloso, porque te sabe llevar a lugares donde crees que no eres capaz de llegar. De los directores con los que he trabajado a lo largo de mi carrera ha habido tres muy grandes, y uno es ella».

Todos juntos

La obra, que en palabras de la directora está escrita con «toda la ironía y el sarcasmo que tiene Juan», supone además un «bonito reto» para la actriz porque «juega permanentemente con la música y me obliga a interpretar las canciones en directo». Precisamente, en la elaboración de esa banda sonora ha desempeñado un papel destacado otro miembro más de la familia: Nur Levi, que ha sido la encargada de escribir la letra del tema central «Nunca tuvimos nada», con música de Alejandro Pelayo. La hermana pequeña de los Botto espera «haber sabido sintetizar en esta canción, que funciona como epílogo, todos los conceptos que aborda la obra».

Pero no sólo los Botto-Rota tienen cabida en este montaje. El reparto se completa con dos actores muy apreciados y escogidos por una directora que asegura dirigir sólo a los profesionales que le gustan: «Hasta que no puedo contar con los actores que yo considero adecuados para el proyecto, el proyecto no se lleva a cabo». En este sentido, Carmen Balagué ha sido la elegida para dar vida a esa madre que anhela ver triunfar a su hija, y Mateu Bosch –formado en esa inagotable escuela asociada a la Sala Mirador que se llama centro de Nuevos Creadores y que dirige la propia Cristina Rota– , como el joven enamorado de María, cuya visión racional y moderada del mundo contrasta con el apasionamiento intuitivo de ella.

Con «Entre tu deseo y el mío» Juan Diego Botto, mucho menos conocido como autor que como director, aunque ambas facetas hayan discurrido en realidad siempre de manera paralela, parece consolidarse como dramaturgo a tener en cuenta, sobre todo después del estreno hace dos años de «Un trozo invisible de este mundo», obra suya que él mismo protagonizaba a las órdenes de Sergio Peris Mencheta y que fue galardonada con un Premio Ceres y cuatro Premios Max, entre ellos el de Mejor Espectáculo, Mejor Actor y Mejor Autor Revelación. Una vertiente, esta de autor, en la que, según Cristina Rota, «se combina la dramaturgia más contemporánea con el recuerdo de autores clásicos como Chéjov o Williams». Otros textos suyos son «Despertares y celebraciones», «La última noche de la peste» o «El privilegio de ser perro».