Víctor Amela: «Alguna vez me han llamado loro»

El autor de «La hija del capitán Groc», novela con la que ha ganado el Premio Ramón Llull 2016, presenta en ella a un solitario carlista que batalló contra el ejército isabelino durante tres años.

Víctor Amela
Víctor Amela

Un contador de historias, un entrevistador de raza que cuando es entrevistado responde con la lucidez y el sosiego del que ha hecho más de 2.100 entrevistas. Periodista y novelista. Pero, sobre todo, un curioso incapaz de hablar sin preguntar. Más de contras que de portadas, Víctor Amela siempre ha empezado a leer los periódicos por detrás.

–¿Quién es el capitán Groc?

–Un guerrillero carlista que se enfrentó en solitario durante tres años consecutivos a todo el ejército isabelino. Le llamaban así por sus cabellos y largos bigotes rubios. Tomás Penarrocha nació en Forcall, un pueblo de la provincia de Castellón.

–En el que usted veraneaba de crío...

–Sí, desde los cinco a los 10 años. Yo era un niño de ciudad, de asfalto, que quedé tremendamente impactado por aquel mundo ancestral, rural, casi medieval. Escuché muchas aventuras, y yo pensaba que era invención popular. Pero cuando volví al pueblo tras 10 años, descubrí que el capitán Groc existió. A mi bisabuelo lo llamaban Pep lo Bo, «Pepe el bueno», y fue coetáneo de su hija. Es una novela que por una parte quiere ser histórica y por otra, romántica.

–¿Quedan héroes hoy en día como él?

–Este héroe local no desmerece de otros, como Robin Hood o Curro Jiménez. Una de las cosas que me cautiva es el empecinamiento en la defensa de unos ideales condenados a la derrota. Eso hoy en día no pasa. Yo mismo soy un cobarde que pactaría, se rendiría, buscaría un indulto para quizás no renunciar a mis ideas, pero defenderlas de otra manera. Él decide defenderlas a capa y espada, por encima de toda lógica y razón, a vida o muerte.

–Hay quien se juega la vida por sus ideales.

–En Cataluña dicen que los políticos independentistas que defienden su causa se enfrentan a todo. Pero no se juegan la vida. Durante la Guerra Civil vinieron a jugársela personas a las que ni les iba ni les venía España. Lo hicieron por fidelidad a unos ideales.

–Ha hecho usted más de 2.100 entrevistas, pero ¿cuántas veces ha sido entrevistado?

–No lo había sido hasta hace poco, que me ha dado por publicar novelas. Es un poco incómodo, porque a mí me gusta preguntar. Pero admiro mucho la valentía de los entrevistados por el hecho de poner su vida en manos del entrevistador. En 2.100 entrevistas he hecho 2.100 másteres. Todo lo que sé se lo debo a las personas a las que he entrevistado.

–¿Es capaz de hablar sin entrevistar?

-Muy difícil. Siempre acabo preguntando. El motor del periodista genuino es la curiosidad.

–¿Alguna vez le han tachado de charlatán?

–Sí, me han llamado loro.

–Para escribir «La hija del capitán Groc» habrá tenido que hacer muchas preguntas...

–Esta novela responde a las preguntas que no hice. Hay lagunas que he tenido que imaginar.

–Decía García Márquez que las entrevistas son como el amor. «Se necesitan dos personas para hacerlas y sólo salen bien si esas dos personas se quieren»...

-Estoy de acuerdo. Hay que hacer que el entrevistado te quiera un poco.

–¿Piensa que la televisión es la caja tonta?

–¡Qué va! Cada uno es responsable de lo tonto que pueda llegar a ser. Si me lobotizaran el cerebro y me extirparan todo lo que he aprendido de la tele sería más tonto. Para ver bien la tele hay que leer mucho. Una vez me dijeron que si Sócrates viviera, vería «Sálvame».

–¿Cuántas horas pasa al día tecleando?

–No paso ningún día de mi vida sin escribir al menos una línea. He desgastado varias teclas de la “a” de tres o cuatro ordenadores.

–¿Y cuando no teclea?

–Soy mejor lector que escritor, como decía Borges. Leer es la actividad de ocio que más placer me da. Procuro interrelacionarme con personas, pero reconozco que soy un poco eremita.

–¿Si piensa en lo que le gustaría hacer al margen de las letras?

–Acabo concluyendo que lo que ya estoy haciendo, periodismo. Lo concibo como una forma de vida. He hecho una lista de las cosas que querría hacer si no hiciera lo que hago y me sale lo que hago. Ya estoy en el sitio que me toca. He venido al mundo para hacer entrevistas, ésta es mi misión. Mi función es preguntar a los demás para compartirlo. Una novela es como una entrevista larga. Seguiré contando historias en forma de entrevistas o de novelas todo lo que me quede de vida.

–¿Para ser buen periodista hay que ser buena persona?

–Lo decía Kapuscinski, y tenía razón. Esto no es para cínicos. El periodista necesita confiar en la humanidad.

–El Premio Ramón Llull es el mejor dotado de las letras catalanas, con 60.000 euros. ¿Puedo preguntarle qué tiene pensado hacer con el dinero o sería mucha indiscreción?

-La mitad no es mío. Con la otra mitad, taparé agujeros (risas).