Roberto Bautista: “Llevaba 14 años sin celebrar el cumpleaños en casa”

El tenista castellonense ha vuelto a tocar una raqueta tras casi tres meses. En esta primera semana ya le están “saliendo los callos”. Durante el confinamiento aprovechó para estar tranquilo con su mujer y sus caballos

Roberto Bautista Agut, en su primer entrenamiento después del confinamiento por el coronavirus
Roberto Bautista Agut, en su primer entrenamiento después del confinamiento por el coronavirusTwitter

“Son muchos años con una raqueta, ¡más me vale!”, responde Roberto Bautista. La pregunta es si jugar al tenis es como montar en bici, que, dicen, nunca se olvida. Y no se le ha olvidado en estos casi tres meses que ha estado sin tocar su principal material de trabajo por culpa del coronavirus y el confinamiento, días en los que tampoco se ha dejado ir. “Mi equipo y yo preparamos un plan de entrenamiento físico y lo he cumplido a rajatabla, era un buen modo de aprovechar los días y que la vuelta fuese más sencilla”, explica el tenista castellonense. “Roberto se cuida mucho y es una persona muy metódica. Él mismo dijo cómo quería hacerlo, se puso unas rutinas y las cumplió a las horas que se marcó”, cuenta su entrenador, Pepe Vendrell. Y por fin tocó volver a las pistas, a la raqueta, las pelotas... Ha llegado con alguna semana de retraso, porque hubo que esperar a que Valencia pasara a la Fase 1 de la desescalada para que el tenis se reactivase. “Hemos empezado a entrenar de menos a más, con días intercalados para ir poco a poco sintiendo buenas sensaciones y que el cuerpo se vaya adaptando: peloteos a baja velocidad y ejercicios sencillos para ir pegando muchas bolas”, desvela Roberto. Unos primeros días que le han servido para tomar contacto y para que “los callos en las manos” le estén “volviendo a salir”.

La dificultad de entrenar “sin objetivos”

“Han sido muchas semanas fuera de las pistas, tengo algunas molestias tras estos primeros días, pero con el trabajo de mi fisio el cuerpo irá respondiendo cada vez mejor. Se nota el parón, pero me siento bastante cómodo”, admite el actual número doce del mundo. El único problema de este retorno es la incertidumbre de no saber lo que va a pasar a corto plazo. “Es difícil entrenar sin objetivo, porque son tíos muy competitivos y les cuesta. Estamos intentando programar sesiones que le hagan tener una buena base, pero que además sean distendidas, porque no es cuestión únicamente de pasar horas en pista”, describe Vendrell. La diferencia con una pretemporada es que en ésta todo está claro: cuando va a entrenar, con quien, cuándo va a descansar, cuándo va a viajar, con el Abierto de Australia como primer gran reto... “Hay días en los que se le hace un poco más espeso porque no ve la meta ‘¿Para qué estoy entrenando?’, se plantean. Para mantener un estado neutro físicamente, saludable, pero sin llegar a un punto de calidad que sea real. Iremos afinando cuando se sepa más. Incluso he leído a Federer que no se ha puesto ni a entrenar y está bien, no pasa nada, cada uno puede tirar por donde quiera. Es probable que este año no se llegue a jugar así que hay que llevarlo con mucha calma”, insiste Vendrell.

“Se han hecho largos”, admite Bautista de los días sin raqueta. Va recuperando, con esas peculiaridades, la rutina espartana del deportista después de un tiempo en el que también ha disfrutado, por ejemplo, de pasar el cumpleaños en casa “algo que hacía 14 años que no sucedía”, y ha aprendido cosas, como “a estar tranquilo”. “Es un estado que cuando estás compitiendo es imposible sentir con los partidos, rivales, viajes…”, confiesa. De ahí que haya aprovechado para centrarse en las pasiones que no son el tenis, en estar “todas las mañanas con los caballos”, que le encantan, a los que cuida, ducha, alimenta... Y en pasar “más tiempo con Ana con calma”. Ana es su mujer, con la que está esperando su primer hijo, para septiembre, y que ha sido uno de sus apoyos en los momentos duros que ha vivido Roberto Bautista Agut, porque así le gusta que le llamen, con los dos apellidos, para que estén presentes su padre y su madre. A ella, Esther, la perdió de manera repentina en mayo de 2018; a él, Ximo, el pasado noviembre, cuando dejó a toda España con la boca abierta y los ojos húmedos: estaba jugando la Copa Davis, fue a despedir a su papá, a darle el último adiós antes de que falleciera [sufrió un accidente en 2016 que le dejó secuelas] y volvió a la Caja Mágica para sumar uno de los puntos de la final. “Roberto es sensible, pero tiene capacidad para separar el tenista de la persona. Lo que le ha pasado es durísimo, pero como vive tan intensamente el tenis, le ha servido de terapia”, opina su entrenador.

“Soy muy competitivo, por lo que los torneos se echan mucho de menos”, reconoce Roberto. Pero eso tendrá que esperar. El circuito internacional está parado, de momento con agosto como fecha de vuelta, pero es probable, como admití Vendrell, que no se vuelva a jugar en 2020. “Vamos a ir paso a paso. Es una situación mundial compleja, ya que viajamos por todo el mundo y somos muchas personas involucradas. Ojalá se vaya controlando y frenando la situación, los servicios médicos están haciendo un trabajo increíble. De momento, este verano vamos a jugar La Liga Mapfre en España”, afirma el jugador. Es la competición que ha organizado la Federación y que contará con cuatro paradas en Lleida (la primera, el 10 de julio), Madrid, Villena y Avilés con las mejores raquetas del país, aunque sin Rafa Nadal, y que también tendrá una versión para el circuito femenino. Con Nadal tiene pensado juntarse Bautista a entrenar cuando las circunstancias lo permitan. “Esta semana queremos ir a la Academia Equelite de Juan Carlos Ferrero y cuando pueda haber aviones, que no es tan fácil, ir a Mallorca a la de Nadal. Justo antes de Montecarlo habíamos dicho de estar ahí dos o tres días, pero se suspendió todo. En la ATP Cup ya nos dijo Rafa que fuéramos unos días, pero es que no se ha podido”, dice Vendrell.