Copa del Rey

Osasuna, 2-Sevilla, 1. El talento de Abde lleva a Osasuna a las semifinales de Copa

Un gol del ex del Barcelona en la prórroga neutraliza el milagroso tanto de En-Nesyri, que mandó la eliminatoria al tiempo extra en el último suspiro. Antes había marcado Chimy Ávila

Los jugadores de Osasuna celebran el gol de Abde en la prórroga ante el Sevilla
Los jugadores de Osasuna celebran el gol de Abde en la prórroga ante el Sevilla FOTO: Jesús Diges EFE

El admirable Osasuna que ha construido Jagoba Arrasate, quien ha inculcado cierto gusto por la estética para sumar a las tradicionales virtudes viriles de los norteños, ha añadido a su séptima plaza en la Liga una semifinal de Copa del Rey. Se metió en la penúltima ronda a costa de un Sevilla que, a falta de la clasificación, encontró en Pamplona mucha de la autoestima perdida en un 2022 para olvidar. Si el equipo de los domingos se parece al que vimos este miércoles, escapará de la cola con menos fatigas de las previstas. El premio, tras prórroga, fue sin embargo para un conjunto navarro que explotó dos chispazos de sus delanteros, Chimy Ávila y Abde, para ajusticiar a los de Sampaoli, que forzaron el tiempo extra mediante En-Nesyri en el descuento.

¿Cuánto hacía que el Sevilla no salía a un campo como un equipo mandón, incluso agradable de ver? He ahí la primera aportación de este cuarto copero a la triste temporada sevillista, como demostración de que otro fútbol es posible, una vida sin agonía ni actitudes contemplativas y abocadas al sufrimiento o a la derrota, cuando no a la combinación de ambos. Es el orgullo de Navarra este equipo valiente y juguetón que ha armado Jagoba Arrasate pero los chicos de Sampaoli le demostraron en la primera media hora que, por venidos a menos que estén, enfrente no tenían a la pera en dulce del sorteo.

Media docena de córneres y un par de llegadas peligrosas –despeje milagroso de David García a centro de Rakitic cuando Nianzou se relamía y resolución precipitada, a las nubes, de Rafa Mir solo ante el portero– acumularon en el tramo inicial los sevillistas, que seguían añorando al delantero resolutivo que no tienen porque su entrenador, desesperado con la falta de pólvora, inventó una nueva fórmula en la que Mir partía desde la izquierda mientras que Lamela y Ocampos permutaban del extremo derecho a la punta. El séptimo de la Liga y legítimo aspirante a Europa se comportaba con la pequeñez de… Osasuna. Agazapado, laborioso, sin perder la compostura ni arriesgar, atento a parasitar algún despiste del rival.

Cambió el panorama radicalmente tras el descanso. Cambió, para empezar, el portero del Sevilla porque Dmitrovic, con un problema muscular, dejó su sitio a Bono; y cambió sobre la actitud de los rojillos, que salieron del camerino convertidos en esa marea que suelen ser en El Sadar mediante la ancestral receta de abrir el balón a los costados y cargar el área. El guardameta marroquí hizo un paradón escalofriante en remate a bocajarro de Chimy Ávila, que le tomó la espalda demasiado fácilmente a Acuña y, más allá de esa ocasión clarísima, caía durante ese cuarto de hora inicial un diluvio de pelotas sobre Badé y Nianzou que los dos jóvenes centrales franceses resolvían con eficiencia.

La entrada de Óliver Torres por Ocampos significó otro punto de inflexión, ya que los sevillistas volvieron a adueñarse del balón que habían monopolizado (67% de posesión) en el primer tiempo. Lamela, tras rebotar su tiro en un defensa, rozó el gol que impidió Sergio Herrera con reflejos y Acuña encontró a Rafa Mir con un centro raso, pero el cartagenero cruzó demasiado su remate. En la otra área, Rubén García le bajó de cabeza el balón a Ávila, quien se hizo sitio con el control de espaldas y remató el 1-0 a la media vuelta. Un movimiento felino y preñado de clase, de puro delantero. Cualquier similitud con su homólogo de vestido de blanco es pura coincidencia.

Jorge Sampaoli hizo lo que le tocaba, esto es, lanzarse con todo a por el empate aun a riesgo de encajar el segundo gol, que Budimir rozó en un cabezazo a la salida de un córner y en un contragolpe en superioridad que conjuró Badé, que se resarció de la maniobra paralizante que le hizo Chimy Ávila en el gol local. Sacó el argentino del banquillo todo lo que le tenía, entre ellos a un Suso al que no le ha perdido la fe y que ya operó el centro decisivo contra el Cádiz. Desde la misma posición, a pierna cambiada, metió el gaditano una banana al corazón del área en el antepenúltimo minuto de la prolongación y emergió En-Nesyri para mandar la eliminatoria a la prórroga.

Empezó mejor el tiempo suplementario el Sevilla, con el depósito de confianza a tope, pero una pérdida culposa de Rakitic facilitó un contraataque de Abde, que recibió en ventaja, frenó en seco para fijar a Badé y ejecutó a Bono con un tiro seco que entró junto al primer poste. Una jugada de talento puro del internacional marroquí, el más interesado en evitar la tanda de penaltis porque es muy consciente de las habilidades del portero de su selección en esta suerte. Quedaban muchos minutos para empatar y lo intentaron los chicos de Sampaoli sin prisa y con tacto, tocando con intención para granjearse tiros francos como los que Sergio Herrera detuvo a Joan Jordán y Suso. No volvió a moverse el tanteo y pasó Osasuna.