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Así está el saque de Nadal (y los motivos por los que es un golpe tan importante) antes de la Copa Masters

Un tenista pendiente de un golpe: Rafa Nadal y su servicio. «Su saque está al 80 por ciento», explica Moyà, el técnico del balear, a dos días de que debute en la Copa Masters, el lunes contra el alemán Zverev. La pequeña lesión que tenía el zurdo en la zona abdominal le molestaba sobre todo en ese primer y tan decisivo golpe, pero avanza por el camino adecuado: del descanso y el tratamiento a los entrenamientos suaves sin levantar el brazo por encima del hombro para, poco a poco, ir introduciendo el saque, como se vio en una de sus últimas sesiones, intensa, contra otro de los «maestros» de Londres, el italiano Berrettini.

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El servicio es el único golpe que depende sólo de ti: lanzas la bola donde quieres, puedes pararla si lo has hecho mal... Y es el tiro que permite dominar, sobre todo cuando entra el primero. También es uno de los secretos de Nadal, un jugador que nunca ha sido considerado un «cañonero», porque su bola no es de las más rápidas del circuito, pero que guarda una estadística que a muchos puede sorprender: cuando le entra el primer saque, según los datos que maneja la ATP, sólo es el décimo séptimo jugador con mejor porcentaje de puntos ganados (75,8, el líder es Raonic con 83,5); con el segundo es el líder (60 por ciento, seguido de Federer con 59,6). En 2018, 2017 y 2008 el español acabó la temporada como el mejor en ese aspecto. El lado negativo del servicio es que si con el primero se domina, el segundo suele ser un punto por el que te ataquen los rivales, porque es más lento. Eso lo tiene cubierto en parte el español. El hecho de ser zurdo y tener un buen cortado, que desplaza a los rivales de la pista cuando está en la zona de la ventaja, es una ayuda para él. Rafa también es el mejor al resto, tanto contra el primer servicio como contra el segundo de los oponentes. Esa combinación es una muestra del tenista que es

En definitiva, que Nadal, como todos, necesita el servicio para poder competir, y lo va a tener en Londres. «Soy optimista», decía él en la conferencia de prensa oficial, con una media sonrisa. Rafa podrá hacer frente con garantías a uno de los torneos al que más ganas tiene, porque nunca lo ha ganado. Se juntan que es el último del curso, y suele llegar castigado físicamente (esta vez ha cuidado más su calendario) y que se disputa en pista dura y bajo techo. En esas condiciones sólo tiene un título: el que logró en Madrid, cuando se jugaba en la Casa de Campo, en 2005. Fue una remontada épica contra Ljubicic, el actual entrenador de Federer. También en «indoor» conquistó el torneo de Sao Paulo en 2013, pero era en tierra batida. Ciertamente, es donde menos se compite, ya que el circuito suele perseguir el sol alrededor del mundo. De los más de mil partidos que Nadal ha disputado en su carrera, 1.047 han sido al aire libre (159 derrotas, un 15,18 por ciento) y 119 «indoor» (37 perdidos, un 31,1 por ciento, el doble que al descubierto). Con techo se elimina el factor climático, el viento, el sol, que puede influir en el desarrollo del encuentro, y los torneos suelen ser más rápidos.

Ninguna de esas cifras afecta al número uno del mundo, que siente que cuando está sano puede competir en cualquier circunstancia. En Londres, aparte del título, busca retener su posición de privilegio al frente de la clasificación contra Djokovic. Si el balear gana los tres partidos de la primera fase y llega a la final, habrá asegurado el puesto haga lo que haga el serbio. Pero el camino es difícil: mañana espera Zverev y después, sin conocer el orden aún, Medvedev y Tsitsipas. Sólo el griego le ha conseguido ganar una vez.