Eurocopa

Cara cara: ¿Quién ganará el Mundial?

Alemania merece ser campeona; por Álvaro Benito

Alemania es la única selección, junto con Francia, que ha propuesto llevar la iniciativa, dominar los partidos e imponer una idea ofensiva de juego en este Mundial de Brasil. Lo sabes muy bien, Jorge, aunque te tire la patria. La mayoría de los equipos han sido rácanos, metidos atrás y encomendados a la velocidad de sus puntas. Aunque cada uno juega con sus armas, Alemania ha querido hacer un fútbol vistoso desde el primer día, idea que lleva arrastrando varios campeonatos. Por eso creo que merece ser hoy campeona del mundo. Y además, tiene mayor potencial. Por eso la veo favorita.

Un camino de chiste

En el otro lado está tu Argentina. No pasa nada por reconocer, Jorge, que su camino hasta la final ha sido de chiste: Bosnia, Irán y Nigeria en la primera fase; y en los cruces, Suiza, Bélgica y una Holanda que, aunque ha competido, es la peor de los últimos años. Ese tópico de que «para ser campeón hay que vencer a los mejores» no se cumple siempre, ni mucho menos. Analiza la ruta que ha tenido la albiceleste. Cualquiera la habría firmado. Y os ha costado avanzar, superando por la mínima dos eliminatorias ante equipos muy inferiores y sin ganar en 120 minutos el único partido de verdadero nivel. Con todo el arsenal ofensivo que tiene Sabella, se ha visto muy poco.

Messi no está fino

A pesar de todo, veo una final igualadísima. Con pocos goles. Argentina va a jugar como le gusta. Tuvo problemas siempre que se vio obligada a ser protagonista y atacar. Ahí se vieron sus carencias, sobre todo en el centro del campo. Ante Alemania podrá replegarse y esperar a que coja una Messi, Higuaín, Agüero o Di María si finalmente pudiera llegar. Deja muy pocos huecos y Mascherano, por fin en su posición, está siendo su mejor hombre junto con el «Fideo». A Messi no le veo tan bien. Le cuesta y se nota, D'Alessandro. Por supuesto que puede decidir el título en una acción. Es muy bueno. Pero ha perdido esa velocidad con la que humillaba a rivales y los dejaba atrás como si fueran infantiles.

Argentina lo lleva en la sangre; por Jorge D'Alessandro

Ha llegado el momento de la verdad. En la retaguardia, más de cien mil argentinos rodean ya el Templo de Maracaná con una única misión: recordarles a sus chicos que nacieron para ganar. Que tienen madera de campeones. Que poseen instinto asesino. Que lo llevan en la sangre. Que no hay excusas para ser tricampeones del mundo. Y que sólo se lo pueden demostrar hoy a la hora indicada y en el sitio señalado. Son esas cosas del fútbol, Álvaro, que tú tan bien conoces. Las que marcan la diferencia en las grandes citas como la de esta noche.

«Hoy es tu día, Leo»

Argentina juega con negras. Es cierto que no llevará la iniciativa del encuentro, pero ésa es una situación que le gusta y encaja perfectamente en sus características. Orden, rigor táctico y sorpresa ofensiva son sus tres argumentos. El orden le permitirá tener el control del partido, seguridad y una alianza con el reloj. El rigor táctico, atenazar al rival en sus puntos fuertes y percutir donde más le duele a Alemania, que son las transiciones defensivas. Y la sorpresa se llama Messi. La «Pulga» es capaz de sacar de la nada y resolver, como bien lo predice el emérito Rey Diego: «Hoy es tu día, Leo». Va a hacer mucho daño a los centrales teutones. Ya lo discutiremos en «El Chiringuito».

Alemania contra natura

Alemania es más ofensiva. Pero es un rival de cristal. Su propuesta es tan vistosa como infantil. No está testada. No ha ganado nada más que una filosofía. Este equipo no está acostumbrado a sufrir ni a defender con balón. No tiene rigor. Siempre hacia arriba. Hoy en la gran final veremos su madurez competitiva. El experimento Pep se diluyó en su propia taza de café en el Allianz Arena con un Real Madrid que lo borró del mapa con casta y garra en las semifinales de la Liga de Campeones. Seguro que lo recuerdas bien, Alvarito. Esta final es un partido de hombres. Argentina será fiel a su estilo: las finales son para ganarlas. Y Alemania irá contra natura: se dejó en Múnich su personalidad, su verdadera fuerza... para ponerse un esmoquin bananero.