Los consejos del padrino

Eufemiano Fuentes controla hasta cómo deben responder los acusados ante la jueza. «Compostura», le ordena a Labarta antes de declarar

«Compostura», ordena Eufemiano Fuentes a Ignacio Labarta en el servicio de los juzgados de Julián Camarillo. «Tápate como si estuvieras desnudo, como si fueras Sharon Stone en ''Instinto Básico''», aconseja el doctor a su amigo antes de declarar. Eufemiano es el jefe, lo controla todo y la pausa después de la declaración de su hermana Yolanda es el único momento de intimidad que tiene para decirle a su «socio» cómo debe comportarse. Después, Labarta obedece y declara con las manos por delante, cubriéndose como un vergonzoso hombre desnudo ante la jueza.

Sus palabras confirman que Eufemiano es el jefe de la «familia». «No conocía los métodos ni para qué hacía las transfusiones. Sólo por encima. El doctor Fuentes siempre ha protegido a su familia y a sus amigos», afirma Labarta. Algo que ya había anunciado su hermana Yolanda, médico del Comunidad Valenciana desde 2004. Un trabajo para el que llegó recomendada por el doctor Fuentes. «Me puso al día de cómo se lleva un equipo ciclista. Él tenía mucha experiencia, pero no me contó nada de sus otras actividades. Me dejó al margen de todo», añade. Algo razonable, en opinión de Ignacio Labarta: «Supongo que las transfusiones estaban prohibidas y, cuando haces algo que no está permitido, prefieres llevarlo en secreto». No habla de dopaje a pesar de que en ocho de las bolsas de sangre incautadas se detectó EPO. «Tan insignificante que no tendría ningún efecto terapéutico», explica Fuentes. Labarta era el segundo director deportivo del Comunidad Valenciana en el momento de su detención en 2006, compañero de Yolanda Fuentes y antes, de su hermano Eufemiano, del jefe. Labarta, que reconoció que era conocido como «Macario» o «El Bigotes», explicó por qué recibió en su casa de Zaragoza un paquete de Actovegin, un corticoide destinado a Eufemiano Fuentes: «Él no iba a estar en Madrid y le dije que me lo enviara a mí. Fue la única vez».

Labarta reconoce que en el Comunidad Valenciana el código de conducta prohibía que los corredores tuvieran médicos ajenos al equipo y que ellos trataran a otros ciclistas. Sin embargo, asume que él seguía ejerciendo como preparador físico de ciclistas que ya no corrían para ellos. Clientes que, en ocasiones, coincidían con los de Eufemiano. «Tengo que entonar el mea culpa», asume. «No era lo más honrado, pero lo hacía». Entre esos ciclistas reconoce al «Búfalo» Gutiérrez. Y a Iván Basso también lo reconoce como cliente de Fuentes, aunque no suyo. No da más nombres. Tampoco Eufemiano, que se niega a identificar la lista de sus clientes. «Si usted me pregunta, podría identificar a todos por su código numérico», asegura. Pero no quiso responder a las preguntas de las acusaciones particulares, que se lo requerían y la jueza tampoco consideró relevante preguntarlo. Fuentes asegura que no quiso tratar a Jesús Manzano, personado como acusación particular. Le reclama 180.000 euros, pero el doctor no le reconoce como cliente. «Sabía por él y por su madre que consumía cocaína. No lo acepté porque puede provocar crisis cardiovasculares serias», explica. El abogado de Manzano solicitó este testimonio a la jueza para que su cliente pueda querellarse contra el doctor.

Fuentes exculpó a su hermana de colaborar con él, pero Yolanda tiene otras preocupaciones. «No me he dedicado a la medicina deportiva. Soy una apestada. La Prensa se encargó de vaciarme la consulta. Hizo daño psíquico a mis hijos, daño físico a mí y la culpo de la mitad de la muerte de mi padre», asegura.