Dos novatos en apuros

Sampaoli y Poyet, recién llegados a los banquillos de Sevilla y Betis, afrontan el derbi con la certeza de que una derrota los desacreditaría.

Sampaoli y Poyet, recién llegados a los banquillos de Sevilla y Betis, afrontan el derbi con la certeza de que una derrota los desacreditaría.

A Jorge Sampaoli y a Gustavo Poyet, curtidos en la pasión de los clásicos suramericanos, no hay que explicarles la importancia que tiene el partido que esta noche (22 horas, con arbitraje de Estrada Fernández) dirimirán Sevilla y Betis en el Ramón Sánchez Pizjuán. Aunque recién llegados a sus respectivos clubes, ambos se alejaron ayer del discurso falsamente profesional de algunos técnicos forasteros, que proclaman que se trata de un encuentro más. Nada de eso. El argentino del Sevilla lo calificó como un «partido de barrio» en el que prima «el sentimiento y el amor por la camiseta». El uruguayo del Betis aseguró que «estos tres puntos valen más que los de otras jornadas. Un derbi hay que ganarlo como sea».

La trascendencia del choque es mayor, si cabe, para los citados entrenadores, cuyos respectivos trabajos se verían comprometidos con una derrota hoy. Generó muchas expectativas, cada club a su nivel, el fútbol sevillano con estos fichajes y, todavía en verano, los decepcionados empiezan a ser legión. Al Sevilla, orgulloso de su estilo rocoso desde que Joaquín Caparrós aterrizase en el año 2000, y temido multicampeón en el último decenio, no lo conoce ni la madre que lo parió, valga la paráfrasis del bético Alfonso Guerra. Al Betis, aquejado en los últimos años de blandenguería crónica, se le intuyen idénticos defectos y no hay asomo de la legendaria garra charrúa que habría de inocularle su técnico.

Y eso que los resultados, hasta el momento, son honorables. El Sevilla se ha asentado en la zona alta con ocho puntos, invicto en Liga y fortalecido por su meritorio empate en el Juventus Stadium. El Betis tiene cinco puntos y su única derrota llegó en el Camp Nou, donde casi todos pierden. Entonces, ¿qué ocurre? Pues que el discurso ofensivo de Jorge Sampaoli no casa con el fútbol ramplón que despliega su equipo, que debe algunos resultados al estado de gracia de Sergio Rico y su última victoria, a un arbitraje que demolió a Las Palmas; y que Gustavo Poyet se debate entre los malos modos con cuantos se le acercan (árbitros y periodistas incluidos) y su incapacidad para gestionar siquiera la rebeldía adolescente de Dani Ceballos, sin duda su futbolista de más talento y, por ahora, condenado a la suplencia.

En el plano estrictamente deportivo, los atribulados entrenadores tienen pocas dudas. A Sampaoli se le han caído Rami y Carriço, dos de sus defensores más fiables, pero recupera a los cinco indiscutibles que descansaron el fin de semana: Sergio Rico, Mariano, Pareja, N’Zonzi y Mudo Vázquez. Los cuatro formarán como titulares, al contrario que un Samir Nasri recuperado de la infección que lo ha mantenido diez días inactivo pero que, falto de ritmo, será empleado como recurso en la segunda mitad. La incógnita más dolorosa es la identidad del delantero, pues ni Vietto ni Ben Yedder han convencido por ahora y no es descartable siquiera que los adelante a ambos Carlos Fernández, el prometedor chico del filial que marcó el gol del triunfo ante Las Palmas.

En una situación parecida está Álex Alegría en el Betis. Regresado de una cesión al Numancia, el joven delantero partía como cuarto hombre para el puesto, tras Rubén Castro, y los fichajes Sanabria y Zozulia. Pero la lesión del paraguayo y lo poco (más bien nada) que transmite el ucraniano lo han propulsado a la titularidad y el viernes, contra el Granada, respondió con dos goles. Formará junto al crack canario en punta en un once que Poyet medita solidificar con tres centrales para evitar la sangría atrás y aprovechar mejor las capacidades ofensivas de sus laterales, Piccini y Durmisi. La tragedia es un centro del campo que hasta ahora se ha mostrado nulo en la creación y translúcido en defensa.