FC Barcelona

El día que nadie perdió

El fútbol despidió ayer el año con un partido benéfico. El Este contra el Oeste, futbolistas de Primera y Segunda lograron atraer a más de media entrada en el Santiago Bernabéu. Era un público dispuesto a disfrutar, muchos niños, más pendientes a veces de hacer la ola de que lo que iba sucediendo en el terreno de juego. Para darle emoción, se disputaron tres partidillos de media hora, sin ninguna falta, con el colegiado Velasco Carballo arbitrando el encuentro más cómodo de su vida y los linieres corriendo la banda de un lado a otro sin ninguna intención de aplicar la regla del fuera de juego, que eso sólo es para los partidos antipáticos. Ayer el trío arbitral no quería ser el único aguafiestas en el mundo del fútbol. Los beneficios de las entradas y los mensajes mandados irán a parar a Unicef para ayudar a los damnificados del tifón que arrasó Filipinas. Sucedió el 8 de noviembre y más de cinco millones de niños necesitan ayuda. El fútbol se olvidó ayer del descanso navideño para echar una mano a quien más lo necesita. Sin tensión, sin adelantar las líneas de presión, con los defensas vigilando a medias su espalda, fueron los jugadores de ataque quienes más disfrutaron en Chamartín, aunque prefirieron no hacer sangre.

Ayer se enfrentaron Ramos y Adriano y debió ser la primera vez en mucho tiempo que no hubo tensión en el campo entre un madridista y un barcelonista. El defensa tenía ganas de agradar al Bernabéu y el público, muchas más ganas de ser agradado por el jugador del Madrid. Subió al ataque y buscó el gol, pero en media hora no tuvo tiempo. Por si acaso, para el futuro, muchos apuntaron la pareja que hicieron en el primer encuentro Ramos y el realista Ínigo Martínez en la defensa. Por si en el futuro y hablando ya de cosas serias, coinciden alguna vez en el mismo equipo. Además de Ramos, el Bernabéu aplaudió y coreó el nombre de Morata, un hecho más que habitual en el estadio al principio de temporada, y se celebró su gol, a pase de Sarabia, como si fuese decisivo. Y también, al principio, silbó un poco Adriano: que ayer jugaban todos en el mismo equipo, pero un rival siempre es un rival.