El enigma del 9

Michu, junto a Xavi, en el entrenamiento de ayer de la Selección

La cara de Roberto Soldado el domingo en el banquillo del Tottenham era el anuncio de sus temores. Abandonó el Valencia a precio de estrella después de ser el primer delantero en las preferencias de Vicente del Bosque durante la Copa Confederaciones. Pero el domingo vio desde el banquillo la derrota contra el West Ham (0-3). Sólo jugó 16 minutos y Del Bosque prefirió llamar a Michu para ocupar el sitio del lesionado Villa. Soldado teme por su situación en el Tottenham y por su futuro en la Selección. La competencia se multiplica para llegar al Mundial. Michu es el séptimo hombre que entra en la competencia por el puesto que más dudas genera al seleccionador. Y al fondo espera Diego Costa, que ya ha confirmado su predisposición a jugar con España.

Son siete los futbolistas que tienen toda la temporada para ganarse la confianza del técnico y disputar el Mundial. Para ellos cada concentración, cada convocatoria de la Selección española, es una victoria o una derrota según oigan o no su nombre en la boca del seleccionador. No importa si el encuentro es amistoso o de clasificación, lo que importa es estar ahí, en el grupo, confirmar que siguen contando. Para estos dos partidos oficiales, la victoria había sido para Negredo y Villa. Soldado se apenaba en el banquillo del Tottenham, quizá pensando que se equivocó al marcharse; Llorente se esforzaba para jugar minutos en la Juve, confiando en que tienen que llegar tiempos mejores, mientras que Fernando Torres estaba más tranquilo: sabía que no iba por una razón de peso: está lesionado.

Pero, de repente, Villa se lesiona y es baja. Probablemente Soldado y Llorente pensaron que era su oportunidad. Pese a que su papel en sus nuevos equipos no es el que soñaban, un buen partido con la Selección puede ayudar a decantar la decisión. Normalmente, la baraja del seleccionador siempre maneja los mismos nombres, así que Llorente o Soldado creerían que el sustituto de Villa iba a estar entre ellos.

El elegido fue Michu, que también juega en el extranjero y cuyo nombre había sonado antes para estar en el grupo de los convocados. Hace un año Michu reconocía que los que estaban lo habían hecho bien y merecían seguir. Pero, desde ayer, es un nuevo nombre en la agenda. Un nuevo competidor.

La mañana de ayer la selección la pasó entre anuncios y obligaciones, pero muy poco de fútbol. Sin embargo, por esa razón, Michu se pudo poner por fin la camiseta de la Selección española. Lo hizo rodando un spot. No le quedaba mal la camiseta roja. En el reparto de dorsales para estos dos partidos, Michu llevará el siete, el de Villa. Y por si no fuera suficiente, en el entrenamiento de la tarde, dejó claro que ha llegado para pelear. Marcó un gol y fue de los que más ganas puso. «Quiero disfrutar de esta experiencia, la de compartir vestuario con los mejores del mundo», aseguró días antes.

La convocatoria buena llegará en mayo. O sea, que tiene que llegar en forma a esa fecha. Es conscientente, además, de que la competencia es feroz. O peor, que las dudas y la desconfianza de Del Bosque hacia todos los delanteros nacionales les hace vivir en una competencia extrema durante toda la temporada.

El seleccionador nunca ha escondido que si da tantas vueltas a un puesto tan importante es porque no se fía, porque no lo ve claro. En la portería, por ejemplo, no tiene dudas por ahora: Casillas es su hombre, juegue o no en el Real Madrid. Para la defensa o el centro del campo, cuando llama a alguna novedad es para que ocupe un puesto secundario, un suplente, que el equipo titular en esas zonas del campo está bastante claro. Sólo arriba tantea, prueba, duda, mira y tarda en elegir. Diego Costa y Michu son las últimas opciones. Con el delantero del Atlético, Del Bosque se ha quitado un pequeño problema por un asunto burocrático. Si le hacía debutar, se sentía más o menos obligado a llevarle al Mundial. Al no jugar, no hay ninguna obligación con Costa, que peleará con los otros delanteros para convencer a Del Bosque. No se sabe quién llegará a la meta.

Tampoco es que el entrenador tenga muchas ganas de que le convenzan. Él está tranquilo. Fomenta la competencia, lo que es bueno, pues hace que los delanteros se esfuercen al máximo y siempre tiene un plan por si no termina ninguno de convencerle. Más que un plan B, es su plan A. Con el famoso falso nueve, con Cesc haciendo de un delantero. El azulgrana es uno de los fijos para el seleccionador español. Es lo bueno de ser un falso nueve. Los verdaderos viven en la incertidumbre.