El éxito del fútbol bajo techo

Islandia, un país de 300.000 habitantes, es la sensación. Con muchos meses de frío y sin luz, la construcción de campos cubiertos ha sido clave para la evolución del juego de su Selección.

El milagro de Islandia ha sido la gran sorpresa positiva de la Eurocopa de Francia
El milagro de Islandia ha sido la gran sorpresa positiva de la Eurocopa de Francia

Islandia, un país de 300.000 habitantes, es la sensación. Con muchos meses de frío y sin luz, la construcción de campos cubiertos ha sido clave para la evolución del juego de su Selección.

«Thetta reddast», dicen en Islandia, que significa que todo va a ir bien. Es un país de volcanes, que vive en medio del peligro, un país que sabe que todo puede ser enterrado por la lava. Y si meten un gol que en vez de llevarles por el lado bueno y fácil, les lleva por el de los campeones, se celebra, a lo loco, que llegar a octavos ya es un milagro y quién sabe que puede suceder mañana.

«Lograr esto con tus mejores amigos es perfecto, maravilloso. Creo que eso es lo que sentimos todos. Somos un grupo muy unido y mis compañeros son mis mejores amigos», decía el central islandés Kari Arnason tras la clasificación. En un país de 300.000 habitantes, los elegidos para la Selección son casi siempre los mismos, aunque el fútbol no sea lo principal en sus vidas. El portero, Halldorsson, es productor cinematográfico y creador del vídeo con el que Islandia se presentó a Eurovisión en 2012. Hallgrimsson, el entrenador, es odontólogo.

Islandia son los jugadores, el cuerpo técnico y la afición. Eran 8.000 en el primer partido, aumentó el número después y cualquiera sabe cuántos pueden aparecer en el choque contra Inglaterra. «Conozco, o al menos reconozco de otros partidos, al 50 por ciento de nuestros aficionados. Esto es delicioso», continuaba Arnason. «Si hay cinco personas en la barra de un bar, al menos una de ellas conoce a un futbolista. Aquí somos casi todos primos», cuenta una aficionada en un reportaje en «The Wall Street Journal». La celebración entre los jugadores y los aficionados islandeses fue de los más emotivo de lo que ha ocurrido en Francia. La narración, ayer viral, del gol de la victoria por un periodista de la televisión islandesa quedará en la memoria del país en una escala similar al tanto de Maradona contado por Víctor Hugo Morales. No hay país más ilusionante que Islandia. «Somos el segundo equipo de todos los aficionados», continuaba el reportaje en «The Wall Street Journal». «Nuestros valores son trabajo duro, concentración, disciplina, espíritu de lucha y mantener una sonrisa en la cara. Si Islandia puede seguir mostrando estos valores, los aficionados apoyarán al equipo al margen de cualquier resultado», asegura su seleccionador. Pase lo que pase, ya han dejado su huella en Francia y esperan ser, a partir de ahora, un habitual en las grandes competiciones.

Ha sido un éxito que llevan 16 años preparando. Fue cuando la Federación decidió invertir. Se apostó por cursos de entrenador y ahora tiene más técnicos licenciados que Inglaterra en porcentaje de población. Uno por cada 500 habitantes, por uno por cada 5.000 en su rival de octavos. Y, sobre todo, se crearon campos de fútbol cubiertos, como había hecho Noruega. Hasta entonces, por culpa de la escasa luz y del frío, en Islandia no se podía jugar al fútbol más que tres meses al año.

La crisis económica que sufrió el país no paró la pasión por el fútbol, sólo la retrasó. Y si el presente es bueno, lo mejor –creen en Islandia– está por venir. Niños que desde siempre están jugando en buenas instalaciones, que tienen a esta Selección como modelo, que creen en sus valores. ¿Qué puede ir mal? «Thetta reddast».