Actualidad

El Barcelona derrota al Valladolid (5-1) con una exhibición de Messi

El argentino marcó dos goles y dio dos asistencias

Un error por otro: si extraño fue el despeje de Sergi Guardiola que rebotó en Joaquín para que la pelota llegara a Lenglet y marcara, atípico fue también lo que hizo Ter Stegen en un centro lateral del Valladolid. Pensó quizá que alguien iba a rematar, se quedó en la línea, sacó un hombro cuando llegó el balón sin tocar en nadie y Kiko Olivas, de rebote, lo llevó a la red. Total, que en un cuarto de hora el partido iba empate a uno y el conjunto de Sergio se estaba sacudiendo la presión inicial del de Valverde, que empezó bien y rápido, pero pareció que el tanto rival le hizo dudar. Y cuando está así nadie como su Dios particular para espantar fantasmas. Messi tomó la palabra y llenó el Camp Nou de «¡ohh!» por la precisión que tiene en su pierna izquierda para cualquiera de las facetas del fútbol.

Publicidad

Por ejemplo, para asistir. Qué fácil parece este deporte a veces: Arturo Vidal le dio la pelota al argentino y corrió en dirección a la portería. Leo sacó el mando teledirigido, mandó el esférico por encima de compañeros y rivales y lo puso justo donde iba a llegar el chileno que, eso sí, tuvo que estirarse para poder rematar. Él, que había sido una de las rotaciones de Valverde, también lo hizo muy bien. Justo un instante antes, en una acción parecida, fue De Jong el que dio el centro, pero a Vidal le faltó cresta: tocó de cabeza, pero tarde.

Segundo ejemplo: el gol. Falta al borde del área en la distancia perfecta y Messi preparado. Un, dos, tres pasos atrás y ¡pum! El balón pegadito al poste y a dentro. Son 50 tantos de libre directo en su carrera. Mira que Masip, el portero del Valladolid, conoce de sobra a Leo porque fue su compañero, pero ya dijo en una entrevista con este periódico que con el «10» no hay trucos para detenerlo, que al final es él el que te la termina liando. También dice que Leo es "un tío cachondo"(Pulse aquí para leer la entrevista)

Y por último: el regate. Su caño a Óscar Plano no llevó a ningún gol, pero el grito de entusiasmo resonó en todo el campo.

La estrella del Barcelona no es infalible, por supuesto, pero cuando tiene días así es difícil de detener. Su actuación dejó en un segundo plano la presencia de Ansu Fati en el equipo titular, sus primeros minutos tras un mes de lesiones o banquillo, y el chaval volvió con el descaro habitual, pero sin mucha precisión esta vez. Medir los tiempos con él es tarea para su entrenador: no puede tener prisa, pero tampoco frenar en exceso y dejarlo sin jugar de manera demasiado prolongada. El sacrificado del trío de ataque fue Griezmann, que no apareció hasta la segunda parte. De Jong volvió a demostrar que su adaptación va viento en popa y Vidal no está contento con su situación, pero cuando juega no se le nota. Demuestra cada día que es verdad eso de que para él todos los partidos son iguales, un motivo para ser un guerrillero ya sean las semifinales de la Champions o en la jornada undécima de Liga. Más extraña es la situación de Rakitic, intachable también como profesional, que tuvo media hora de juego.

Publicidad

El Valladolid se había llevado un duro castigo en una primera mitad en la que no lo había hecho tan mal. Se defendió bien al principio, se mostró en ataque después y sufrió a Messi en el último tramo. Sergio planteó el duelo con cinco defensas y tras el descanso cambió el sistema y se lanzó al ataque, ya sin demasiado que perder. Entró el duelo en un estado de esos que ni para un lado ni para otro. Ni apretó en exceso el Barcelona ni llegó a sembrar el pánico de verdad el conjunto castellanoleonés, por mucho que metiera en el campo más artillería con el turco Enes Ünal. Un gol hubiera podido cambiar las sensaciones, ya que con 3-2 cualquier cosa hubiera podido pasar.

Por cierto, quedaba el cuarto ejemplo de lo que Messi puede hacer con su pierna izquierda: el control. La parte que utilizó esta vez fue el muslo, para «matar» el balón mientras giraba y dejárselo perfecto para rematar. Después, el argentino volvió a repetir su arte de «cirujano» en el pase, pero esta vez por el suelo en vez de por arriba, para hacer feliz a Luis Suárez.El «10» azulgrana continuó siendo el animador de un partido cuyas revoluciones habían bajado definitivamente. El Barça sumó su séptima victoria consecutiva.

Publicidad