Gol de Piqué, viento en popa

Con De Gea en la portería, la Selección dominó a la República Checa, bien protegida por Cech, e Iniesta dio un recital que culminó en el minuto 87 con el tanto del central azulgrana, que hizo justicia.

Los jugadores de la Selección española celebran el gol de España ante la República Checa.
Los jugadores de la Selección española celebran el gol de España ante la República Checa.

Con De Gea en la portería, la Selección dominó a la República Checa, bien protegida por Cech, e Iniesta dio un recital que culminó en el minuto 87 con el tanto del central azulgrana.

Sin alejarse un milímetro del patrón, del estilo que en los últimos años ha proporcionado muchísimas más alegrías que tristezas, la Selección ganó a la República Checa en Toulouse en su apertura de la Eurocopa con gol de Piqué, nada más y nada menos, en el minuto 87 –ojalá que las lanzas se tornen cañas–. Al partido le quedaba poco, se consumía con el equipo español volcado sobre el área de Cech y el empate amenazaba la estabilidad del grupo de Vicente del Bosque, lo cual no es noticia en estos eventos ni con este entrenador, tal y como demuestran los antecedentes: la derrota frente a Suiza en Durban, el 1-1 con Italia en Gdansk, el 1-5 de los holandeses en Salvador de Bahía –un 13 de junio de 2014– y, lo más reciente, el borrón (0-1) con Georgia, la anécdota.

Después de una cadena de especulaciones, la portería la ocupó De Gea. La «dulce transición» pretendida por Del Bosque es un hecho, a pesar de los días previos. No ha influido más en el ánimo del seleccionador la filtración, interesada o no, del nombre del portero en un turbio y rocambolesco asunto de prostitución, que el relevo. Casillas entró en el Olimpo madridista con Del Bosque; con él levantó una Copa del Mundo en Johannesburgo y otra de Europa en Kiev, y con él se ha orillado hacia el banquillo. Sin dramas. Como tiene que ser entre deportistas. Iker ahora es para David y la Roja el apoyo que Valdés fue para él y el equipo.

Antes de comenzar el partido, ya sobre el césped, guiños, como el prolongado abrazo de Jordi Alba al cancerbero. Y al echar a rodar la pelota España toma posiciones. Adelanta la defensa, anuncia que van a subir los laterales, quiere una transición veloz, llegar hasta Morata y que al torreón Necid (1,90) no le dejen rascar bola Sergio Ramos, Piqué y Busquets.

El peligro checo está detectado y en los primeros minutos aparece. Dos saques de esquina consecutivos, tipos más largos que un día sin pan al remate y, precisamente por la altura, los chicos de Pavel Vrba imponen con la segunda jugada. No obstante, a De Gea no le llega el balón y España no tarda en recomponer la figura.

La selección checa está controlada y sin posibilidad de practicar con los recursos reseñados ejerce de Georgia, pero con más calidad, y a partir de algún balonazo de Cech confía en sorprender a España. Lo tiene difícil. Esto es la Eurocopa, no un amistoso, y la concentración es evidente. Con cada quien en su sitio, Iniesta toma el mando e inicia el recital. El partido parece un pulso entre el menudo jugador azulgrana y el guadameta checo. Iniesta brujulea, burla y filtra los mejores pases. O abre el juego hacia la banda derecha de Juanfran o a la izquierda de Alba. Están ambos donde se les necesita. Entrar por el centro es complicado porque cuando la pelota llega a los pies de Morata, tiene tres zagueros encima de él. El canterano del Madrid lucha, se revuelve, chuta y aparece Cech.

No hay forma. Nolito, vivaracho, eléctrico, no consigue desactivar el orden defensivo rival. Tampoco Silva acierta a filtrarse y alguna pérdida suya pone en riesgo a la Selección. Pero delante de David de Gea todo funciona. Puede estar tranquilo y sus compañeros, ejercer de martillo pilón.

Recién salidos del descanso, un centro de Morata desde la línea de fondo lo desvía Hubnik al palo. Y es precisamente este central el que provoca la primera intervención seria del meta español. Un lanzamiento en diagonal, gana la espalda a la defensa y se encuentra solo delante del portero... ¡Qué susto! De Gea, nervios de acero, resuelve la situación y vuelta a empezar. España elabora, Aduriz entra por Morata, luego Thiago por Cesc y finalmente, Pedro por Nolito. Más velocidad, más profundidad, más peligro; pero avanza el partido y el gol no llega.

Cualquier situación de ataque es buena para que los centrales españoles suban al remate. Sergio Ramos quiere marcar, lo intenta un par de veces, sin suerte, y es Piqué quien lo consigue. Lleva tiempo detrás de un gol. Con el Barça lo ha logrado; pero con la Selección se le resistía. Deja evidencias de su calidad atrás y cuando avanza con el balón pegado al pie; sabe que eso no es suficiente para atraer a esa afición que le silba en el calentamiento, de alguna manera por su mala cabeza, y quiere demostrar que cuando juega con la Roja no ahorra esfuerzos. Y busca el gol. En Toulouse lo ha marcado. El centro de Iniesta era colosal, la guinda de una faena sublime, con el efecto preciso y el recorrido milimétrico. Piqué lo vio, ganó al defensa en el salto y remató de cabeza lejos de Cech. Era el minuto 87, el del premio a la constancia y a la paciencia. Ramos corrió tras él para abrazarle y Piqué se volvió hacia la tribuna principal, donde su hijo Milan, embutido en la camiseta de España, recibió la dedicatoria de papá defensa y goleador.

La Selección juega, agrada y tiene un problema con el gol, que Piqué solucionó.

Ficha técnica:

1 - España: De Gea; Juanfran, Piqué, Sergio Ramos, Jordi Alba; Busquets, Cesc (Thiago, m.70), Iniesta; Silva, Nolito (Pedro, m.82) y Morata (Aduriz, m.62).

0 - República Checa: Cech; Kaderebaek, Sivok, Hubnik, Limbersky; Theo Gebre Selassie (Sural, m.84), Plasil, Darida, Krejci, Rosicky; y Necid (Lafata, m.75).

Goles: 1-0, m.87: Piqué.

Árbitro: Szymon Marciniak (Polonia). Amonestó a Limbersky (61) por la República Checa.

Incidencias: encuentro correspondiente a la primera jornada del Grupo D, disputado en el estadio de Toulouse. Lleno, con la presencia de 33.000 aficionados en sus gradas, unos 8.000 españoles.