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Copa América. Messi, contra un amigo y contra su trauma

Argentina y la Brasil de Ney luchan por el título. Sería el primero de Leo con la Albiceleste, algo que persigue sin éxito

Messi sonríe durante un entrenamiento con Argentina
Messi sonríe durante un entrenamiento con ArgentinaRICARDO MORAESREUTERS

Hubo un momento en el que la Federación Española de Fútbol tentó a Messi para nacionalizarlo español, pero Leo dijo: «No». Pese a que a los trece años abandonó Rosario para jugar en el Barcelona, argumentó que su deseó era jugar para el país en el que había nacido. No tardó mucho en debutar con Argentina, un 17 de agosto de 2005, cuando acababa de cumplir 18 años, y lo que sucedió en ese partido contra Hungría fue como una premonición de lo que vendría después: salió al campo en el minuto 64 y a los 46 segundos ya estaba fuera. Le agarraron, soltó el brazo y fue expulsado. No fue un día fácil y no ha sido una trayectoria fácil la suya con la Albiceleste.

Con el paréntesis de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, a los que acude una selección sub’23 y donde conquistó la medalla de oro, Messi no ha podido ganar un título para Argentina. En un país dividido entre los que le idolatran y los que sospechan de él, porque no lo vieron crecer como a Maradona (hasta el mote de «Pecho frío»), se ha quedado varias veces acariciando el éxito. La final de la Copa América de 2007 no fue muy traumática. Messi era muy joven y Brasil fue superior. Se impuso por 3-0. El palo vendría después, cuando Leo ya era el gran Leo, el futbolista de leyenda y ganador de Balones de Oro. En 2014 llegó a la final del Mundial, pero la perdió en la prórroga contra Alemania (1-0) sin tener una actuación destacada en ese partido. La prueba fue su cara cuando le dieron el premio a mejor del torneo. Al año siguiente le llegó una nueva oportunidad en la Copa América, en la que también alcanzó el duelo por el título y lo perdió en los penaltis contra Chile. Ambos repitieron en la Copa América del Centenario, en 2016, y el desenlace fue similar, aunque esta vez Leo falló una de las penas máximas. Entonces, estalló: «Para mí se terminó la selección. Ya lo intenté mucho, me duele no ser campeón con Argentina y me voy sin lograrlo. Es increíble, pero no se nos da. La verdad que es una lástima, pero tiene que ser así. No se da, lo intentamos, lo buscamos y ya está», dijo con una tristeza enorme. Era una renuncia a la Albiceleste cuando sólo tenía 29 años, pero al final se convirtió en un calentón y regresó.

Ahora le llega una nueva oportunidad en la que delante tendrá a su amigo Neymar, que también es campeón olímpico con la Canarinha y que tampoco tiene un título grande con su selección, sólo la Copa Confederaciones. «Sabemos de la grandeza de dos iconos del fútbol mundial que estarán en la final. Hablar de Messi y de Neymar es hablar de excelencia, de virtudes técnicas, mentales y físicas y de una capacidad de creación muy alta. En consecuencia, tendremos un gran espectáculo», opinó Tite, el seleccionador brasileño, que no cree que sean favoritos pese a que el duelo se juega en Maracaná. Leo es ahora un futbolista diferente. Quizá ha perdido la explosividad que tenía hace diez años, pero posee más madurez y liderazgo en la cancha. Ha contribuido a 9 de los 11 goles de Argentina en la competición. Marcó cuatro y dio la asistencia en cinco en un equipo poco vistoso, pero sólido y eficaz. Brasil tampoco es ahora la selección del «jogo bonito». Ney se perdió un partido de esta Copa América, pero en los cinco que ha jugado suma dos goles y tres asistencias. Uno de los dos tocará la gloria.