Eurocopa

Adiós a la Roja... y al Madrid

La mejor selección española de la historia sigue perdiendo parte de sus pilares. Se fue Puyol, ya retirado; y Villa, aunque no lo ha hecho oficial; después lo anunció Xavi y ayer, dos días antes de la convocatoria de Del Bosque, la primera post-Mundial, fue Xabi Alonso. «Lo más difícil es saber cuándo decir adiós y, después de mucho pensarlo, creo que ese momento ha llegado», explica el madridista en su carta de despedida, que seguramente no será la única esta semana. Sus días en el Real Madrid también podrían estar contados. Según adelantó «laSexta», el futbolista, que va a cumplir 33 años, ha llegado a un acuerdo con el Bayern para irse. Lo hace por deseo propio después de que hace no tanto mantuviera durante meses la incógnita sobre su renovación, que finalmente se firmó en enero de 2014 por dos años, hasta junio de 2016. Faltaría que el conjunto blanco y el alemán pactaran el precio de la salida. Xabi se planteó irse del Madrid durante el curso pasado y finalmente ha tomado la decisión. Los últimos días han sido muy ajetreados para él e incluso en la tarde de ayer modificó su agenda mientras el proceso de su marcha se aceleraba. No ha empezado la temporada bien y quizá por eso ha dado el paso. Kroos parece un relevo de garantías en el Madrid, y si él se marcha al Bayern, sería una especie de cambio de cromos. Guardiola ya se interesó por él en el verano de 2013. Hasta el próximo lunes hay tiempo para negociar. Después se cerrará el mercado de fichajes.

La noticia de su posible salida del Madrid se hizo pública y tomaba fuerza poco después de que dijera adiós a la Selección. Con él se va uno de los nueve futbolistas que estuvieron en todos los triunfos del ciclo glorioso de España: la Eurocopa de 2008, el Mundial de 2010 y la Eurocopa de 2012. Los otros son Xavi, que no seguirá; Casillas, cuya intención es llegar al menos hasta el próximo gran torneo; Arbeloa y Torres, veteranos que podrían continuar siendo internacionales si las piernas les responden; y Ramos, Iniesta, Cesc y Silva, que todavía parecen tener mucho que decir en la Selección.

Alonso siempre fue un jugador importante en España, incluso sin ser titular. Debutó el 30 de abril de 2003 de la mano de Iñaki Saez y un año después estuvo en la Eurocopa, en la que la Roja no pasó de la primera fase. No era indiscutible en el «once» inicial. Tampoco con Luis Aragonés, aunque lo tenía muy en cuenta. En el Mundial de 2006 –otra decepción colectiva–, sí estaba entre los que empezaban el partido. En cambio, en la Eurocopa de 2008 el «Sabio» apostaba por Senna, pero Xabi siempre estuvo ahí y en la final contra Alemania brindó una última media hora impresionante. Porque el tolosano es un futbolista alto con alma de pequeño, un «jugón» con el balón y un escudo sin él. Y el centrocampista capaz de alterar la dinámica de pases rasos con pases largos, con una precisión milimétrica, para cambiar el juego de lado.

Con Del Bosque en el banquillo, Xabi se asentó definitivamente como titular. Formó una especie de doble pivote con Busquets, criticado por muchos, pero intocable para el seleccionador. Así se llegó a conquistar el preciado Mundial de 2010 y la Eurocopa de 2012. En Suráfrica, Alonso dejó una de las imágenes que todos recuerdan, y él más que nadie, para mal: el holandés De Jong le clavó los tacos en el pecho. En el viaje de vuelta, ya con la copa en la mano, si el madridista se levantaba la camiseta podía verse la planta del pie de su rival tatuada en el pecho. En Polonia y Ucrania fue protagonista con sus dos goles en los cuartos de final ante Francia. Dos de los 16 que ha logrado con la Roja, con la que disputó 114 partidos, el quinto que más en la historia. «Es muy difícil mejorar lo que ha hecho. Es un gran profesional y nos deja un legado fantástico», afirma Del Bosque.

Su último tanto fue en el desastroso Mundial de Brasil, en el que Xabi Alonso habló de «falta de hambre», y sus palabras no cayeron bien en algunos miembros de un vestuario que ya estaba castigado por los malos resultados. El madridista siempre fue una especie de verso libre en el equipo e incluso se dijo que tenía mala relación con algunos compañeros barcelonistas. Pero siempre estuvo ahí, en todos los éxitos.