Ven a pasártelo bien con el Madrid, que gana 3-0 al Roma

Dani Carvajal intenta controlar un balón. REUTERS/Juan Medina

Hay en el Madrid una convicción coral, unas ganas de divertirse todos juntos que se contagia al modo de jugar y al público. Decía Lopetegui que el error del día de San Mamés fue dejarse llevar por el tipo de encuentro que planteó el Athletic.

Hay en el Madrid una convicción coral, unas ganas de divertirse todos juntos que se contagia al modo de jugar y al público. Decía Lopetegui que el error del día de San Mamés fue dejarse llevar por el tipo de encuentro que planteó el Athletic. Más que para guerras, este conjunto está para pasárselo bien, para tener el balón, apretar al rival cuando haga falta y jugar el mayor tiempo posible cerca del área rival. Tiene jugadores para romper a cualquiera. Como Modric. El técnico ha llevado con él una política de calma y reposo para que haga encuentros como el de ayer: al mando de las operaciones, con facilidad para llegar al área y a partir de ahí, que ocurra lo que tiene que ocurrir. Hubo un pase del croata en el primer tiempo, entre un bosque de piernas que fue un como descubrimiento de tierra desconocida, como su balón para la carrera de Bale en el segundo tanto blanco. Por eso el Bernabéu canta «Lukita, Balón de Oro» como nuevo grito de guerra, de los nuevos tiempos. Modric estaba encendido, Isco tenía ganas, Casemiro fue titular y Kroos mandó en el partido. Este Madrid se conoce y funciona como un reloj. Si a eso se añade la profundidad que da Gareth, es muy complicado que los rivales le descifren. Es un equipo que prefiere masticar las jugadas antes que acabarlas con un remate y eso aún cuesta entender a un estadio que lleva años acostumbrado a otra cosa. Es un equipo más divertido que antes, sin duda, que se atreve a cosas como esa ruleta de Asensio en el área rival o esos controles de Isco. Es un Madrid mucho más imprevisible, un equipo que contagio entusiasmo y la grada lo agradece. Se va a los partidos a esperar cosas buenas y el debut de Mariano, que salió en la segunda mitad, por ejemplo se vive como un acontecimiento de algo importante. Como su golazo.

Para lanzar la falta estaban Isco, Kroos y también Bale. Y no se sabía quién iba a lanzarla. No Sergio Ramos que fue quien lanzó en Bilbao. Este es el nuevo Real Madrid, que ayer se estrenó en la Champions con mucha mejor cara que en el último encuentro de Liga, dominando al rival todo el partido y siendo rápido donde hay que serlo: cerca del área rival. El caso es que fue Isco el que lanzó la falta, cuando se acababa la primer parte. Tocadita, perfecta, por encima de De Rossi, imposible para Olsen, el portero de la Roma.

El equipo italiano visitaba al campeón. Era un aliado tras echar al Barcelona la temporada pasada y por eso el público aplaudió a Manolas como si fuera uno de los suyos. Porque lo fue en ese remate de cabeza. Fue una ovación morbosa, para hacer daño a un tercero, un poco de cachondeo, que se olvidó enseguida. Nadie se acordó del defensa de la Roma durante el resto del encuentro y apenas dio noticias el equipo de Di Francesco durante la primera parte. Llegó más en la segunda mitad, cuando se acercó con peligro, sobre todo una llegada en solitario que desbarató Keylor Navas, un portero al que le gustan los retos y se crece en la competencia. Está acostumbrado a lo que es el Madrid: se interviene poco, pero hay que hacerlo rápido y bien.

Fue una de las noticias del Madrid en su regreso a la competición que tan feliz y tan bien controla. Courtois se quedó en el banquillo. Parece que Lopetegui ha decidido que tiene dos porteros válidos y los va a turnar sin importar la polémica que pueda generar una decisión así. No suele llevarse bien y va a poner a prueba la paciencia del entrenador, que va a tener que responder a infinidad de preguntas sobre este asunto.

Además Keylor el once del Madrid sonó a equipo de los días grandes. Isco en vez de Asensio y casi todos los futbolistas que han llevado a este conjunto a dominar en Europa. Dominó todos los tiempos: el fútbol de posesión y las contras, cuando en la segunda mitad, la Roma dio señales de vida apretó a Keylor. El equipo de Di Francesco y de Monchi se fue con la impresión de que los dos goles en contra era un resultado bueno para lo que había pasado en el campo. Si uno se divierte, es probable que el otra lo pase mal.