0-3. Suárez se reencuentra con el gol

El Barça resuelve su visita a Leganés con una lección de contundencia en las áreas: Luis Suárez puso los goles y Ter Stegen, las paradas

El delantero uruguayo del Barcelona Luis Suárez celebra su segundo gol en el partido ante el Leganés

El Barça resuelve su visita a Leganés con una lección de contundencia en las áreas: Luis Suárez puso los goles y Ter Stegen, las paradas.

Ambiente de fútbol en Butarque. En los alrededores hay quien intenta hacer el agosto vendiendo banderas de España, que muestra encima del capó de un coche, a tres euros. Huele a panceta, canta la afición su himno a capela y cuando los seguidores del Barça animan a los suyos, resuena un «Leganés oé» general y algún particular «iros a Bélgica». Piqué es el centro de los pitos; nada nuevo. El odio contra el central se va enfriando con el paso de los minutos. Debe ser aburrido estar centrado en eso en lugar de en el encuentro. Cuando el «3» del Barça ve la amarilla que le hace perderse el próximo partido contra el Valencia, el público que antes silbaba se acuerda de que el defensa es el enemigo. Y vuelve a la carga. En realidad, el partido no daba para mucho. El Barcelona se ha convertido en una máquina de ganar sea por el camino que sea. Rocoso, con un porterazo que anula a los rivales, confía en que un gol va a llegar. Confía en Messi, aunque ayer el argentino estaba parado, como atontado por el solecito que había en la localidad madrileña. No era uno de esos días en los que los rivales le dicen: «Pulga, deja ya de joder con la pelota», ahora que Serrat ha pedido a Bartomeu en «El País» que renueve al crack.

La vía Messi estaba seca y el Leganés no quiso repetir lo del año pasado. Nada de «locuras», como había dicho Garitano en la previa. No le fue a buscar arriba, se replegó y poco a poco fue haciéndose dueño. La pelota fue primero del Barcelona, pero se movía lenta por el césped de Butarque. Perezosa. Previsible. Siempre la tenían los jugadores ayer de verde, aunque no hacían daño con ella... A la espera de algo que siempre suele suceder. Y ayer fue un error. Cuéllar, el portero del Leganés, dejó suelto en el área pequeña un balón que parecía claro después de un centro de Alcácer, y Suárez estaba por ahí con el arma preparada para marcar el gol y calmar la ansiedad de esta temporada. Sin nada especial, iba ganando. En las porterías se decidió parte de la suerte del encuentro porque al regalo de Cuéllar se unió el recital de Ter Stegen que estaba por llegar.

El Leganés volvió a demostrar que marcar goles es su asignatura pendiente. Le cuesta. Cuando se vio con 0-1 se tiró arriba y lo que hasta ese momento había sido algún tímido aviso se convirtió en peligro serio. No demasiado, pero sí pudo marcar un gol en algún centro al área y sobre todo en el remate de Szymanowski que paró Ter Stegen. El atacante argentino fue constante por la banda izquierda, por donde se le unía Amrabat. Hicieron pasar un mal rato a Piqué.

El descanso no calmó los ánimos locales, al revés. Pronto dispusieron de otra opción de empatar con Bauvue. Ter Stegen tapó portería y detuvo el balón. También le dijo «no» al francés, que acababa de entrar. No tenía ya la pelota el Barcelona, pero en la ocasión en la que Busquets más la cuidó... Bingo. El mediocentro estuvo espléndido de nuevo, tanto sin balón, para hacer coberturas, como con él. Rodeado, no se puso nervioso, dio continuidad a la jugada con Paulinho y al otro lado apareció Messi, por fin, para dar un buen pase a Alcácer que remacharía de nuevo Luis Suárez. El uruguayo lo celebró mostrando el puño al público, que la tomó con él. Debería serenarse.

El partido siguió siendo del Leganés y de Ter Stegen, que de nuevo negó la portería a Amrabat. Gran parte del liderato del Barcelona se lo debe al alemán, que para lo necesario y más. El duelo estaba resuelto, pero se abrió, con más llegadas del Leganés, más presencia de Messi y Paulinho hizo el tercer tanto. Pocas veces con tan poco ofensivamente se logró una goleada. Así lo reconoció también Valverde.