El mes más salvaje de Cristiano

Sus magníficos números en enero confirman que está preparado para la parte decisiva del curso

Decía Joaquín Caparrós que si el Barça era el equipo del «tiqui-taca», el Real Madrid era el del «tac-tac». La onomatopeya es la metáfora perfecta del juego directo del conjunto blanco.

Decía Joaquín Caparrós que si el Barça era el equipo del «tiqui-taca», el Real Madrid era el del «tac-tac». La onomatopeya es la metáfora perfecta del juego directo del conjunto blanco, una especie de vértigo ofensivo en el que Ronaldo reina como nadie. Un brusco acelerón terminado con un golpe seco y certero es el mejor resumen de la filosofía del grupo de Mourinho, que, enganchado a su líder y sin necesidad de posesiones largas, se siente capaz de todo. Después de ciertas dudas, el madridismo se ha puesto definitivamente en manos de Cristiano para afrontar la parte más decisiva de la temporada, que, con la Liga ya perdida, va a consistir en esfuerzos cortos e intensos en busca de los dos títulos disponibles. Mañana mismo llega la ida del clásico copero, que se repetirá a finales de febrero en el choque de vuelta en el Camp Nou, mezclándose con la eliminatoria de octavos de «Champions» ante el Manchester United.

Son las primeras curvas realmente peligrosas del curso para un equipo que ha perdido ya todos los partidos que podía permitirse y va a jugar en el alambre y sin red de ahora en adelante. Las bajas de Casillas, Pepe y de los continuos expulsados componen los nubarrones que acechan el futuro, pero por encima de ellos aparece el brillo de «CR7»: «Echaremos de menos a jugadores clave, aunque no será una excusa», asegura después de firmar en este mes unos números que necesitan poca explicación. Diez goles en seis partidos, o lo que es lo mismo, 1,6 en cada choque, es la mejor prueba, aunque no la única, de que Cristiano está más preparado que nunca. El portugués se muestra equilibrado dentro y fuera del terreno de juego, dispuesto a que nada ni nadie le aparte de su único objetivo: sumar y sumar para él y el equipo. «No hay duda de que ha madurado, y eso hace que se concentre exclusivamente en el juego, y no entre en disputas con los adversarios (como hacía en el pasado). Además, dosifica muy bien los esfuerzos, se emplea con una gran intensidad en los momentos en que es necesario y después busca sus tiempos para recuperarse. Como le sucede a Messi, antes se lesionaba dos o tres veces por temporada y ahora juega casi todos los partidos sin problema. Es otro síntoma claro de esa madurez», analiza Eduardo Urtasún, preparador físico de la selección colombiana.

Su mayor fuerza mental resulta evidente esta temporada: Javi Navarro le explotó el codo en la ceja y Ronaldo siguió jugando sin rechistar hasta que la conmoción le obligó a quedarse en el vestuario durante el descanso. Cuesta verle responder a las críticas del público, como sucedía no hace mucho, y ahora habla de sus «derrotas» con Messi por el Balón de Oro de la manera más razonable. «No se acaba el mundo; me gustaría ganarlo como a cualquiera, pero no pasa nada», decía antes de la gala de comienzos de año. Cristiano asimila mucho mejor que cuando llegó a Madrid su competencia con la «Pulga», que lejos de desanimarlo le ayuda a mejorar.

Junto al paso adelante en la gestión de la presión externa, «CR7» muestra un enriquecimiento progresivo de las variantes de su juego. En los lanzamientos de falta ha sacrificado potencia a cambio de puntería, mientras que cada vez deja menos argumentos a los que creen que sólo es una fuerza de la naturaleza: «Tiene una gran cantidad de recursos para el control, la conducción y la definición de una jugada en cualquier zona del ataque, posee un buen juego aéreo y, sobre todo, una capacidad de aceleración que marca la diferencia. La precisión con la que ejecuta las acciones técnicas a alta velocidad está reservada a muy pocos», opina Urtasún respecto a un «chico» que también ha acabado con su antigua fama de no responder en los partidos decisivos. Ha marcado en los últimos seis clásicos y mañana intentará subir su racha a siete ante el Barcelona.