El Real puede dar en Mestalla el golpe definitivo al Barça

Zidane, con los atacantes / Fútbol-rugby antes del «Día D»
Zidane, con los atacantes / Fútbol-rugby antes del «Día D»

Como hace tres años, casi con los mismos protagonistas en el campo, aunque con bastantes diferencias en el banquillo, el Madrid y el Barcelona se citan hoy en Mestalla. Poco tienen que ver los dos equipos con aquellos que se enfrentaron en aquella final agobiante y dura. En 2011, el Barça de Guardiola era un conjunto en plenitud, ante el que los rivales caían admirados y contentos de haber sido derrotados y seguir vivos. Para el Real Madrid de Mourinho, en cambio, se convirtió en una obsesión, un partido al que dar mil vueltas. Pocas cosas tan hermosas se han visto en el fútbol estos últimos años como el juego de los azulgrana y la resistencia heroica de los blancos a darse por vencidos.

Hoy, el equipo catalán está en el ocaso de aquella época brillante. Está Messi, está Xavi, Iniesta; están Mascherano, Pedro, Busquets y Pinto, la columna vertebral del once, donde casi nada ha cambiado, pero nada sigue igual. Ya no es el equipo demoledor que llegaba a la Copa pensando que era el principio de una temporada brillante, sino que juega en Mestalla temiendo que el partido de hoy sólo sirva para hacer menos dolorosa la transición no se sabe bien adónde. Martino juega su primera final importante y no está claro cómo va a responder su equipo ni qué tipo de juego va a adoptar: el de los centrocampistas o el de los extremos; el que requiere la participación de Messi o el que prefiere que no participe mucho. Vive el club pendiente de las sensaciones de su mejor futbolista. Se le estudia la cara para intentar descifrar qué día tiene. Correr no va a correr mucho porque ya no quiere, pero para suerte del Barcelona, el fútbol no es sólo correr. Messi puede ser decisivo si encuentra el sitio tras los centrocampistas madridistas y no siente la presión de los defensas. Como esa duda es irresoluble, Martino sabe que sus problemas llegan con la defensa, donde la fragilidad condena al resto del equipo y más contra un ataque como el del Madrid.

Porque el equipo de Ancelotti presume de ataque. Es el más goleador de Europa y cuando se despliega es irreprimible. El italiano ha mantenido hasta el último momento la duda de Ronaldo. Sin él, ha estado probando otras posibilidades, que al final se resumen en la presencia de Isco o de Illarramendi. Se supone que el segundo da más equilibrio y control, pero la experiencia de Dortmund resultó desagradable. Illarra está a gusto en la posición de mediocentro, más adelante, está obligado a girarse con más rapidez o a no poder girarse y se le ve con dificultades. Isco, a cambio, da soluciones en ataque, pero pone en peligro el centro del campo. El entrenador repitió ayer que el partido se gana en el centro del campo y el Madrid perdió ahí el último encuentro. Uno de los retos –el gran reto, en realidad– del italiano es contrarrestar a un rival poderoso. El equipo ha tenido una trayectoria más o menos brillante en Liga, pero se ha visto superado en casi todas las grandes citas. Le falta dar el golpe de mano con el que convencerse de que el triplete es un objetivo cierto y no sólo porque haya posibilidades ciertas de lograrlo, sino también porque es capaz de competir contra todos. La Copa es la primera gran prueba para Carlo, que sabe que sólo los títulos garantizan el futuro. Con el equipo claro, si consigue que Messi se aburra y prefiera jugar a la «Play» antes que estar en el campo, tendrá la mitad del trabajo hecho: después sólo es necesario que el Real Madrid mantenga su eficacia habitual. Ancelotti tiene a mano lo que persiguió tanto Mourinho durante sus tres años en España: vencer hoy no sería una simple victoria parcial, un paréntesis glorioso pero finito. Sería definitivo, sería conseguir tres años después, el punto y final.