Fútbol

España, tres rivales en la primera fase para buscar el pleno

Suecia, Polonia y Eslovaquia aparecen varios peldaños por debajo del combinado que entrena Luis Enrique

Lewandowski es la indiscutible referencia de la selección polaca
Lewandowski es la indiscutible referencia de la selección polacaKACPER PEMPELREUTERS

Suecia, Polonia y Eslovaquia, por ese orden, medirán el nivel de España en la primera fase de la Eurocopa. Son tres conjuntos que empiezan el torneo situados varios peldaños por debajo del combinado que entrena Luis Enrique, pero será la pelota la que decida cuál es el nivel real de todos ellos en un torneo tan especial, que se disputa en diferentes países y con la amenaza de la covid-19 sobrevolando todas las sedes. Por fútbol, eso tan subjetivo y proclive a ser discutido, la Selección debería aspirar a cerrar la fase de grupos con un pleno de victorias. Pero la evidente distancia que separa a España de sus rivales en el Grupo E quedaría totalmente diluida por un exceso de confianza, tan pernicioso como poco probable que suceda con Luis Enrique. en el banquillo.

Suecia es una habitual compañera de viaje de España en los últimos años. Compartieron grupo en la fase de clasificación para la Eurocopa de 2008 y para esta de 2021 y también lo hacen en la clasificación para el Mundial de Catar. Las dos selecciones se encontraron en la fase final de la Euro 2008 y lo volverán a hacer ahora en Sevilla. En 2008 España se impuso por 2-1 en Innsbruck, pero no queda ni rastro de lo que fue aquella selección, que terminó ganando el torneo con Luis Aragonés al frente. La última vez que España perdió con Suecia fue en octubre de 2006 y en los quince años que casi han pasado la distancia entre las dos selecciones no ha hecho más que agrandarse y más con la ausencia de Zlatan Ibrahimovic.

Han transcurrido casi 31 años desde que Polonia ganara por primera y única vez a España y sería un contratiempo inesperado que en esta Eurocopa se produjera el segundo tropiezo de la selección contra el combinado centroeuropeo. La presencia de Robert Lewandowski es el principal y casi único argumento con el que cuenta Polonia para asustar a España. El delantero es suficiente para doblegar a los de Luis Enrique si tienen un mal día y no muestran la concentración que se necesita para medirse a uno de los mejores goleadores del mundo.

Eslovaquia fue de las últimas en llegar al torneo y también puede ser de las primeras en irse. Pensar en avanzar de ronda es una quimera para un combinado que solo ha ganado una vez a España en las seis ocasiones en las que se han enfrentado.

Los otros hijos de Ibrahimovic

«El retorno de Dios». Así anunció Zlatan Ibrahimovic en marzo su vuelta a la selección, de la que se había retirado en 2016. Pero esta aparición fue más terrenal que divina y una lesión apartó al delantero del Milan, de 39 años, de la Eurocopa. Cuando todavía se estaba acostumbrando a volver a jugar con Ibra y todo lo que ello significa, Suecia tuvo que mirar hacia atrás y recuperar los automatismos que le permitieron sobrevivir sin él. Perdió a su futbolista con más talento, pero sobre todo a su único líder, a su referencia en el campo y fuera de él, a un hombre con una personalidad arrolladora que arrastra a todo el grupo detrás de él y lo arropa cuando se tuerce el camino. Ibrahimovic dice que sus compañeros en el Milan son como sus hijos y su ausencia ha dejado huérfanos a sus otros «vástagos», los de la selección nacional.

Con o sin Ibrahimovic, Suecia se mantiene fiel a su idea futbolística. Tienen muy claro cómo quieren interpretar este juego e intentan compensar la ausencia de un futbolista que marque diferencias moviéndose como un bloque bien ensamblado. A partir de un inamovible 4-4-2 practican un juego directo y recurren a los balones en largo como principal recurso para llegar cuanto antes al área rival.

No se entretienen en la elaboración de las jugadas y efectúan transiciones rápidas. Muchas de sus incursiones ofensivas suelen terminar con un centro desde el lateral para buscar el remate de los delanteros o de los centrocampistas que se incorporan desde atrás. Fuertes físicamente, se sienten cómodos sin la pelota y acostumbran a jugar con las líneas muy juntas para minimizar las dudas que genera su defensa. Este juego tan simple como poco vistoso les ha llevado a su sexta presencia consecutiva en la fase final de una Eurocopa, aunque quedan muy lejos las semifinales que alcanzaron en 1992.

Lewandowski y las dudas

Polonia dio un giro a su planteamiento en enero, cuando Paulo Sousa sustituyó a Jerzy Brzeczek como seleccionador. El comienzo de esta nueva etapa fue irregular y las dudas que mostró el equipo en el inicio de la fase de clasificación para el Mundial de Catar no se han disipado. Más allá de las variantes tácticas y de la filosofía que el técnico portugués ha tratado de implantar, la esencia del combinado polaco es la misma, su dependencia absoluta de Robert Lewandowski. Todo el planteamiento está diseñado para llevar el mayor número de balones posibles y en las mejores condiciones hasta el delantero del Bayern. Lewandowski es la única certeza de Polonia y todo lo que hay a su alrededor son dudas.

Paulo Sousa intenta que su equipo se imponga desde la posesión del balón y cuando lo pierden trabaja para recuperarlo cerca del área rival. Pero una cosa son las ideas de Paulo Sousa y otra la realidad que ofrece el fútbol polaco. No es fácil encontrar en Polonia un grupo de futbolistas con la capacidad para leer los partidos como quiere el técnico y dominar los encuentros desde la posesión de la pelota. Polonia vive en la indefinición, ya que le cuesta recuperar el balón cuando lo pierde y conservarlo cuando lo tiene. En especial contra selecciones superiores. Ahí se le ven más las costuras al equipo y suele pasarlo mal en defensa. Su repliegue es mejorable y sufre cuando le lanzan contragolpes.

El entrenador portugués acostumbra a cambiar de esquema durante los partidos y no es extraño verle pasar del 3-5-2, su esquema predilecto, a un 4-4-2 o un 5-3-2, para protegerse más en defensa. No es raro que comience los encuentros con un sistema y lo varíe en el descanso o a mitad del choque si el partido no se desarrolla como él tenía pensado y todo apunta que eso puede suceder varias veces en su paso por Sevilla.

Eslovaquia busca su identidad

Eslovaquia consiguió el pasaporte para la Eurocopa a última hora y después de un viaje muy alterado y lleno de angustia y sufrimiento. Terminó tercera en su grupo, por detrás de Croacia y Gales, y debió ganarse la clasificación en la repesca. Superó por penaltis a la República de Irlanda en la primera ronda y venció a Irlanda del Norte en la prórroga en la última eliminatoria. Y entre medias de esos dos enfrenamientos vivió el cambio de seleccionador. Stefan Tarkovic sustituyó al checo Pavel Hapal, ex jugador del Tenerife y que sólo estuvo al frente de Eslovaquia durante dos encuentros.

El combinado eslovaco se presenta en el torneo sin una personalidad definida, en busca todavía de su identidad y con una alineación que suele sufrir importantes alteraciones de un partido a otro. Pocos tienen garantizada la titularidad con Tarkovic, que cuenta con un grupo de futbolistas con un buen nivel técnico, pero que muestra una considerable falta de claridad en la elaboración del juego. Esa poca lucidez se hace más evidente cuando tienen que llevar la iniciativa y el contrario les obliga a proponer más que a defender. Si el rival se lo permite no tienen problema en esperar atrás para buscar su oportunidad al contraataque, su mejor arma ofensiva y que ejecutan a una considerable velocidad.

El 4-1-4-1 es el armazón sobre el que Tarkovic construye el equipo y si tiene que alterar el esquema suele disponer a sus jugadores en un 4-3-3. Acostumbra a juntar las líneas en defensa e igual que el contragolpe es su principal argumento en ataque, también es su gran tormento cuando le toca defenderlo. A los eslovacos les cuesta replegarse cuando se ven sorprendidos a la contra y su balance defensivo en ese tipo de acciones es mejorable. Alcanzar los octavos de final a los que llegaron hace cinco años sería un éxito mayúsculo para los balcánicos.