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¡Ooooooooh!

Incluso a primera hora de la tarde, con un calor asfixiante y en un partido que se decidió pronto, puede Modric poner en pie al Bernabéu. Hace tiempo que el croata tiene ganada a la afición madridista, pero ayer, con dos o tres detalles, hizo que a muchos les saliera barata la entrada y el sofocón bajo un sol abrasador. En los minutos en los que el Madrid se volvió perezoso, los previos al cabezazo al larguero de Osasuna, sólo Modric era capaz de darle sentido al juego, pero lo mejor vino después, con la goleada ya encaminada: dos rivales llegaron desde atrás para presionarle y él con un toque se dio media vuela y regateó a los dos a la vez. Un «¡Ooooooh!» enorme se escuchó en la grada, reconociendo el gesto técnico de una de sus estrellas. «Sabemos el jugador que es. No necesita mucha información, lo está haciendo bien, tiene experiencia y cuando tiene el balón es muy rápido. Estoy contento, no sólo por el partido de hoy, si no por la labor que hace desde hace tiempo. Es merecido. Contento por él, porque es un chico encantador», decía Zidane, que regaló unos minutos de descanso a su estrella para lo que viene.

Antes de marcharse en medio de una ovación y con el público en pie, el croata completó su actuación con un gol. Un disparo lleno de calidad después de una dejada de un compañero en la frontal del área. Parecido al que hizo Kroos al Celta, con más talento que fuerza. Mucho de lo primero tiene Modric, que acaba de cumplir 31 años y está en un estado de madurez envidiable. Conoce el juego, se siente bien físicamente y se ha convertido en un «todocampista», capaz de ser influyente en las dos áreas y liderar al Madrid.