Polacos, del Barça y con la «estelada»

No es un mal chiste «regionófobo», sino el relato sin aditivos de lo que se vivió ayer en una calle cualquiera de Tiflis. Se podría haber titulado esta crónica, con su puntito de mal gusto, «polacos de todos los confines», ya que el imaginario carca identifica a los catalanes con los habitantes de tan católico país. Es cierto que a falta de aficionados que hiciesen el desplazamiento desde España, las gradas del Boris Paichadze se plagaron de hinchas culés de las más diversas procedencias: rusos, azeríes, kazajos, barcelonistas del Golfo Pérsico con su harén de esposas casi invisibles, un grupo de iraquíes ataviados con la equipación oficial 2015-16, con sus preceptivas bandas horizontales... El Barça es un club global que atrae multitudes en cualquier confín del globo. Entre ellos, es rigurosamente cierto, un cuarteto de polacos. De tipos nacidos en Polonia, quiero decir.

Jan, Pawel, Michal y Wojciech son cuatro amigos de Poznan que pertenecen a la Peña Barcelonista de Polonia, «la más numerosa de Europa fuera de España. Tenemos 1.200 socios». Su pasión azulgrana es incuestionable. «Mi primer viaje para ver al Barcelona fue hace cinco años. Éste hace el número veinte. Por supuesto, estuve en la final de Berlín», relata Jan, ataviado con una camiseta que luce la «estelada», enseña de los independentistas. «Pero tu camiseta es un símbolo político, no deportivo», comenta el periodista. «Lo sé. Visca Catalunya», se despide con una sonrisa. La prueba de que existe un peligro real de contaminación ideológica a través del deporte.

Ante semejante contingente multinacional, los escasos sevillistas (no más de medio centenar) presentes en Georgia presumían de casticismo. «Somos todos de Sevilla, con dos cojones». Hay una excepción, pero tampoco viene de muy lejos. Un granadino que ahora reside en Madrid, pero que en 2006, cuando la primera final europea de los sevillistas, vivía en Guatemala. «Estuve 72 horas sin dormir para ir a Eindhoven y volver porque pensaba que no tendría la oportunidad de ver otra final. Y ya voy por siete».