«Guerreras» por el mundo

Doce de las dieciséis españolas que van al Mundial juegan en el extranjero. «Aquí la liga es amateur, se van para poder seguir siendo profesionales», dice Dueñas

Las españolas, bronce en los Juegos de Londres, recibieron la Real Orden al Mérito Deportivo

«Las caras de mis compañeras, de cansancio, de alegría... Lo dimos todo y creo que fuimos recompensadas», dice Eli Pinedo. Eso es lo primero que recuerda la extremo de la Selección de balonmano cuando le preguntan por el partido en el que hicieron historia al lograr el bronce en los pasados Juegos de Londres. Las «guerreras», que así se las conoce, hicieron honor a su nombre y lograron una pequeña proeza que puede tener continuidad a partir de hoy, porque empieza el Mundial de Serbia, aunque España debuta mañana ante Noruega. Lograr una medalla, una exigencia desmedida si se tiene en cuenta la situación que atraviesa el balonmano nacional. Sufre la liga masculina y agoniza la femenina. Doce de las dieciséis convocadas han emigrado para jugar en el extranjero. Dos lo hacen en Alemania, otro par en Hungría, una en Eslovenia, otra en Macedonia y cinco en Francia. «Tienen que irse para poder seguir siendo jugadoras profesionales, en el sentido de entrenar mañana y tarde», dice el seleccionador, Jorge Dueñas. Prepararse todos los días, algo básico que podría darse por hecho en la élite, pero no es así. «Los clubes aquí tienen una dedicación semiprofesional o "amateur". Muchas jugadoras estudian o trabajan y el balonmano es una actividad complementaria», continúa Dueñas, que también ha visto cómo la nueva situación dificulta su trabajo porque tiene más difícil seguir a todas las jugadoras. «En general tengo controlada a la gente, pero antes era más sencillo», reconoce.

Eli Pinedo es una de las que ha hecho el camino inverso y una de las cuatro que juega en España. Ella se fue a Dinamarca porque quiso. «Mis compañeras no han podido elegir, han tenido que marcharse para seguir progresando deportivamente y porque económicamente también les ha interesado. Yo me fui cuando la situación estaba un poco mejor, porque siempre soñé con jugar allí y la experiencia deportivamente fue maravillosa. Volví por temas personales, por estar cerca de los míos», relata la hábil extremo.

En Dinamarca, donde ahora está Macarena Aguilar, descubrió un campeonato y una visión del deporte en el que las estrellas no son futbolistas y hombres, son chicas y juegan al balonmano, mujeres a las que, además, se les dan facilidades a la hora, por ejemplo, de ser madres. «Los que no están dentro de este mundo no se dan cuenta, pero los partidos de Dinamarca y Noruega los ponen en "prime time"en televisión y el público se desplaza con sus equipos a cualquier país», desvela Dueñas. Y sigue: «Estamos hablando de medallas cuando el nivel de nuestra liga es bajo y el deporte femenino en España es a veces testimonial». Contra todo eso lucharán las «guerreras» desde mañana. «El apodo nos va bien porque es nuestra forma de jugar y de ser: nos pegamos con todas y nos tiramos a por todos los balones», concluye Eli.