Real Madrid

Ismael Santos: «La gente le tiene mucho miedo a la soledad y al silencio»

Guía de montaña y ex jugador de baloncesto, fue campeón de Europa con el Real Madrid, dejó el básket, se fue a los Alpes y ahora publica su segundo libro.

Guía de montaña y ex jugador de baloncesto, fue campeón de Europa con el Real Madrid, dejó el básket, se fue a los Alpes y ahora publica su segundo libro.

Cambió las canchas por la montaña y ha vuelto a España después de 20 años fuera. «Inteligencia espiritual y deporte» (Plataforma Editorial) es el segundo libro de Ismael Santos, uno de los protagonistas de la Octava.

–¿Qué es la inteligencia espiritual?

–Es lo que nos faculta para entender el sentido de la vida, de nuestra existencia. Nos ayuda a tomar distancia con las situaciones del día a día, ir más allá de nosotros mismos, olvidarnos de lo material, hacernos preguntas... No se habla de ella porque la gente se cree que se trata de algo religioso, y nada de eso.

–¿Y cómo se puede desarrollar?

–Vivir una vida con sentido es fundamental. Cuando la gente me dice que hay que hacer esto, hay que hacer lo otro, tengo que pagar las facturas... Siempre tenemos la capacidad de elegir y eso es lo que nos hace libres.

–¿Quizá sea más importante que elegir, saber qué se quiere?

–Si te miras al espejo y no te mientes, sabes lo que quieres. Te quitas capas y si quieres descubrir lo que quieres, lo terminas descubriendo. Otra cosa es que en la balanza pesen más otras cosas: la familia, la hipoteca, las facturas, la sociedad... La gente no se da cuenta de que se hace daño si no hace lo que le gusta. Y eso lo dificulta el sistema, que está creado para robotizar, manipular y aniquilar a la persona. Yo lo he visto porque he estado muchos años fuera del sistema. El desarrollo tecnológico y el desarrollo humano, el de la inteligencia espiritual, están desequilibrados. Hay que tener una base interior, una brújula para saber recibir todos los impactos que te llegan, para estar muy en tu sitio... porque si no estás fastidiado. A mi me han ayudado la montaña y la meditación.

–En el libro da a entender que valora la soledad...

–La soledad y el silencio. Y a esas dos cosas la gente le tiene mucho miedo. ¿Hay algún momento para reflexionar, para pensar en una decisión importante? La gente ahora lo quiere todo ya, no hay paciencia, no se escucha, se va como robots... Y no quiero ser catastrofista, soy positivo, pero la gente debería pararse y preguntarse dónde está yendo.

–¿Por qué se va de la montaña?

–Me considero un privilegiado desde que nací. He hecho siempre lo que he querido buscando un sentido a la vida, he vivido experiencias que la mayoría no ha podido y llega un buen día en el que me pregunto: ¿Y todo para qué? Ahora trato de compartir lo que he vivido. He vuelto por eso. Siento que puedo aportar, que puedo ayudar porque he vivido muchas cosas muy intensas. (En la ascensión a un 4.000 en los Alpes estuvo cerca de morir).

–Se fue de aquí en 1999, ¿cómo ha visto España a su regreso?

–Muy cambiada porque el país ha sufrido una recesión que ha condicionado la vida de las personas. Cuando llegué a Italia, se miraba a España como el lugar en el que se vivía a todo a trapo. Lo he notado en la energía de la gente. Antes había autoestima, más seguridad en uno mismo... Ahora hay menos confianza para hacer cosas porque todo está marcado por el dinero. Si cultivas la inteligencia espiritual te hace entender que no es así.

–¿Por qué dejó el baloncesto?

–A los 31 años acabé harto de lo que lo rodeaba. Siempre he sido muy romántico y mi historia en el baloncesto es la de un niño que se enamora de un deporte, del Real Madrid y que logra ese sueño y cuando llega hay una parte del sueño que no es la que imaginaba. A mi del baloncesto no me llenaba el hecho de querer ser el mejor, tener mejores estadísticas, que me pusieran mejor en la Prensa... Me llamaba otra cosa: ir a entrenar, la relación con los compañeros, vivir un vestuario, sacrificarse juntos... Esas vivencias y esas experiencias son impagables. Ha sido una escuela de vida. Pero todo lo que se fue construyendo alrededor cada vez me gustaba menos y el desencantamiento fue lo que me hizo buscar nuevos horizontes. Me fui con 13 años de casa, a Italia con 27, luego a Grecia, otra vez a Italia... Quise salir del encasillamiento de ser el defensor de las estrellas rivales, de ser el capitán del Madrid y por eso me fui. Quería reinventarme, conocer otra parte de mí.

–No le gustaba que le reconocieran, ¿le reconocen ahora?

–No, ni mucho menos, sólo la gente enganchada al básket.

–En su etapa como jugador coincidió con Pablo Laso, actual técnico del Madrid. Él defiende, como usted en el libro, que lo importante es el camino...

–A Pablo no lo conozco como técnico. Jugamos juntos, pero igual no nos vemos desde hace 20 años. Me alegro por él porque estaba enamorado del baloncesto. Tener mejores o peores resultados no significa hacer un buen trabajo. Es más importante el camino, el proceso que te lleva a ganar. Porque eso ayuda a construir una entidad como equipo, como club, como afición... No se puede ganar siempre. Lo lógico es ganar poco, sobre todo en Europa. Lo importante es crecer, lograr tener unos patrones, un ideal de juego, una filosofía...

–¿Por qué su Real Madrid fue campeón de Europa?

–Aquel equipo tenía una gran virtud y es que se le dio tiempo a que cogiera su poso, crecimos juntos. Cada uno era líder en una situación y los roles estaban muy definidos. Era un grupo muy profesional, no teníamos una relación extraordinaria fuera de la pista, no éramos una familia, pero sabíamos qué había que hacer. Teníamos al mejor jugador de Europa, Sabonis, y dos excelentes como Arlauckas y Antonio Martín. Además, había un maestro con una batuta mágica como Obradovic, el mejor entrenador europeo de todos los tiempos. Se juntó todo, pero hay algo de amargura porque las siguientes 2-3 Copas de Europa tenían que haber sido nuestras.