Lo que el deporte no puede tapar

La crisis política y económica sacude a un país que, cuando fue elegido sede de la cita olímpica hace siete años, era un ejemplo para el mundo. Las protestas durante el Mundial de fútbol se repiten ahora

Manifestantes contra los Juegos queman una bandera olímpica ayer en Río
Manifestantes contra los Juegos queman una bandera olímpica ayer en Río

La crisis política y económica sacude a un país que, cuando fue elegido sede de la cita olímpica hace siete años, era un ejemplo para el mundo. Las protestas durante el Mundial de fútbol se repiten ahora

Los sueños faraónicos del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva se convirtieron en pesadilla para su sucesora, Dilma Roussef. En medio de los escándalos de corrupción, la destitución de su mandataria, el zika, un escaso espíritu olímpico de los anfitriones y un país que alberga dos justas internacionales en plena bancarrota, se inauguraron los Juegos. El caos político se ha adueñado del país. La presidenta electa, Dilma Rousseff, se encuentra suspendida de su cargo desde mayo y el presidente interino, Michel Temer, que apenas cuenta con el 22 por ciento de aceptación entre la población, multiplica las maniobras para asegurar el control del Parlamento y obtener la destitución de la mandataria.

Una comisión especial del Senado sobre el «impeachment» a Dilma Roussef votó en favor de someter a la presidenta de Brasil a juicio ante el plenario de la Cámara por haber presuntamente violado normas presupuestarias. Por 14 votos contra 5 fue aprobado el informe que elaboró el senador Antonio Anastasia del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que recomienda a la Cámara Alta avanzar con el juicio político contra la presidenta suspendida. Este paso deja la vía abierta para que la mandataria sea apartada de sus funciones. El 9 de agosto está prevista una sesión del pleno del Senado brasileño donde si más de la mitad de los senadores votan a favor del «impeachment» de Rouseff, la Cámara Alta seguirá con la última fase del proceso. Si no se alcanzan los votos para una mayoría simple, el proceso se dará por finalizado.

La decisión definitiva sobre la destitución de Dilma Rousseff se conocerá los primeros días de septiembre, ya que la fase final del «impeachment», si consigue el apoyo de los senadores, comenzará el 29 de agosto y se pronostica que dure una semana. En caso de que se consume la destitución, a comienzos de septiembre el futuro de Brasil podrá recorrer dos caminos diferentes: o que Temer finalice el mandato hasta 2018 o que se convoque a elecciones anticipadas.

Tras conocerse la decisión de la comisión del Senado, el Frente Brasil Popular difundió una comunicado donde las organizaciones que lo integran apuntan que «la destitución de Rousseff no tiene fundamento legal, es un golpe, planeado y llevado a cabo, incluso para detener las investigaciones que alcanzarían los propios estafadores». Y aseguran que «esto no sólo es un golpe de estado contra un presidente legítimamente elegido, es también contra los millones de votos que se van a revocar, en contra de la Constitución». A su vez se mostraron optimistas de que esto se puede «dar vuelta» en el Senado y explicaron que «a pesar de la narrativa fatalista de los medios de comunicación, hay pocos votos que nos separan de la victoria sobre los golpistas». Por eso señalaron que «el factor decisivo» será la movilización popular.

Además de la inestabilidad política, la economía ha descendido un 3,8 por ciento en 2015, que representa la caída anual más grande desde 1990. Según las previsiones del FMI, volverá a registrar la misma caída en 2016 y una contracción de 0,1 por ciento para 2017, lo que supone para el país la mayor recesión desde la década de 1930. A esto hay que sumar los últimos escándalos que han destapado la enorme red de corrupción tejida a través de la petrolera estatal Petrobras y que apuntan directamente a Lula.