Las motos eléctricas se estrenan en el Mundial de MotoGP

Las motos eléctricas, en acción
Las motos eléctricas, en acción

El Ángel Nieto leyenda decía que el olor a gasolina y el estruendo de los motores le transportaba inmediatamente a sus tiempos de piloto. El ruido y el combustible quemado han sido siempre sinónimos de las carreras de motos, pero hay que pensar en el futuro del planeta y MotoGP no quiere quedarse atrás. Por eso ayer fue un día histórico porque en Sachsenring se disputó la primera sesión de clasificación de la historia del Mundial de MotoE. Con un poco de retraso por culpa de un incendio hace unos meses en el circuito de Jerez, las motos eléctricas llegan al campeonato del mundo de motociclismo.

Seguramente los motores de combustión nunca serán sustituidos del todo para la alta competición y, que nadie se asuste, tampoco parece probable que puedan convivir en la misma categoría, pero de momento, las baterías enchufables han encontrado un hueco en cuatro de los diecinueve fines de semana de MotoGP este curso. La primera cita es este fin de semana en Alemania, el 11 de agosto repetirán en Austria para cerrar el año con dos carreras en Misano (15 de septiembre) y otro doblete en Valencia (17 de noviembre). Las MotoE rodarán dos veces los viernes, los sábados se formará la parrilla y el domingo, antes de las tres categorías clásicas, se disputarán los puntos.

Este domingo a las 10:00 se hará realidad este campeonato, con una carrera a sólo 8 vueltas por la autonomía limitada de las baterías. Según se desarrolle esta tecnología y la vida de las pilas sea más larga se podrán aumentar el número de giros, pero a día de hoy no queda más remedio que recortar los kilómetros. Una especie de formato esprint al que se tendrán que adaptar los competidores de esta categoría, formada por ex campeones del mundo, como Nico Terol, grandes viejas glorias del nivel de Gibernau, clásicos como Randy de Puniet y una chica, María Herrera, que ha encontrado en las MotoE una forma de reengancharse al Mundial de MotoGP. Lo primero que sorprende a los competidores y a los aficionados es el ruido, o más bien, la ausencia del mismo. Estas máquinas emiten una especie de zumbido que resulta peculiar al pasar por la recta de meta. No hay que usar tapones para verlas de cerca, pero que no sean escandalosas no significa que vayan despacio.

El suizo Jesko Raffin fue el más rápido en el libre uno de ayer con un tiempo de 1:28.751 «sólo» algo más de dos segundos que el mejor registro en el FP2 de Moto3. El problema de estas motos no es tanto la potencia, que tienen de sobra, como el peso y lo difícil que resulta frenar motos con tantos kilos. Por eso no desarrollan toda la velocidad de la que serían capaces y los pilotos han reconocido que este factor es el que más han tenido en cuenta a la hora de adaptar su forma de conducir. A Márquez le preguntaron el jueves si le atrae la MotoE y contestó que por ahora se queda con el «rugido» de su moto. «Dicen que es el futuro, todo lo que sea contaminante hay que darle una vuelta».