Iniesta: adiós al futbolista de todos

El manchego explicó que desvelará su futuro más adelante pero avanzó que el año que viene jugará fuera de Europa

Iniesta explicó que no se siente capaz de seguir al nivel que exige el equipo y que por honestidad había decidido dejar el club al final de temporada.

Pese a estar «roto» por la emoción desde antes de empezar, Andrés Iniesta aguantó con entereza la casi una hora que duró su comparecencia, en la que anunció lo que llevaba meses especulándose, y que ya es real: «Ésta va a ser mi última temporada en el Barça». Y se explica: «En el futuro más cercano ya no podía dar lo mejor de mí, ni física ni mentalmente. Me voy como quiero: sintiéndome útil, importante, titular y con la opción de ganar títulos». La voz se le había entrecortado ya un par de veces, había resoplado otras tantas, la botella de agua le había ayudado a pasar el trago, y sólo encontraba cierto alivio cuando miraba a su familia, que estuvo presente junto al presidente Bartomeu, el cuerpo técnico y casi toda la plantilla (faltaron Messi y Luis Suárez, que tenían un compromiso personal). No pudo evitar derramar alguna lágrima.

Curioso que lo que acaba con un llanto –en parte de alegría, porque pese a lo triste del momento Iniesta ha logrado cumplir su deseo de triunfar en el Barça y en el fútbol–, empezó con otro, de pena de angustia, en 1996: «Vinimos aquí mi familia y yo en un coche, hace 22 años...». Así recordó el centrocampista cómo fue su llegada a La Masia, la casa donde se forma a los canteranos, que el manchego reivindicó: «El club tiene que ser consciente de que es un valor a cuidar, y sé que se trabaja en ese sentido». Tenía doce años Iniesta y firmó después de haber destacado en el torneo alevín de Brunete con el Albacete. «Fue terrible», rememoró ayer. Tan joven se tuvo que separar de su familia y de lo que había sido su vida en busca de un sueño. «Es complicado con 12 años, éramos muy pequeños, desprenderte de la familia... Lo pasamos mal», cuenta a este periódico Jorge Troiteiro, su compañero de litera en La Masia, que llegó una semana antes que él después de haber brillado en el mismo torneo que Iniesta, pero jugando en el Mérida. «Éramos los más pequeños porque en aquella época solían fichar a chicos con 14 o 15 años y nosotros teníamos 12, pero la gente con la que convivíamos, estaban Valdés, Puyol, Xavi, Motta, Arteta, Reina..., que eran más mayores, nos ayudaban si teníamos algún problema. Siempre estaban encima de nosotros. Éramos una familia», prosigue Troiteiro, que jugaba un poco por delante de Andrés. «Utilizábamos el sistema de Cruyff, el 3-4-3, y él era el “4”, el mediocentro defensivo, y yo el mediapunta», explica. Sus caminos se separaron cuando Troiteiro se fue a la cantera del Atlético, aunque han seguido manteniendo el contacto. «Como jugador Andrés lo hace todo bien. Parece sencillo, pero es muy complicado, tiene visión de juego, da la cara en los momentos importantes...; y como persona es sencillo, normal, se ve en las redes sociales, donde no pone tonterías», lo describe su amigo.

Esa sencillez le ha hecho ganarse el respeto de todo el mundo del fútbol. La reacción ha sido unánime después de que anunciara que se va del Barça. En un momento en el que el deporte está tomado fundamentalmente por forofos que buscan el enfrentamiento, Iniesta pone de acuerdo a todo el mundo. Sergio Ramos o Casillas, rivales en los clubes y compañeros en la selección, le dieron las gracias. También Villa, Torres o el Espanyol, que no olvida que Iniesta se acordó de Jarque en el inolvidable gol de la final del Mundial de Suráfrica... También se rindieron a él deportistas como Pau Gasol, Márquez y Nadal; y los aficionados, los propios y los oponentes. La última vez, en la final de Copa, donde se marchó aplaudido, como en casi todos los estadios que pisa. Su fútbol se resume en una onomatopeya: «¡Oooh!», que es lo que se oyó el domingo en el Wanda Metropolitano –y muchas otras veces en muchos sitios– tanto de sevillistas como de barcelonistas después de que controlara de tacón un balón que caía del cielo. Zidane, el entrenador del Madrid, dijo: «Admiro su fútbol, ha hecho soñar a todos y merecía un Balón de Oro». No lo ganó, y «France Football» le ha pedido perdón.

En 2002, seis años después de llegar a La Masia, debutó en el primer equipo de la mano de Van Gaal, en un partido en Brujas que todavía define como su «momento más especial». Aunque después vendrían muchos más, pues él fue creciendo junto con el Barcelona hasta ser uno de los protagonistas principales de la mejor época en la historia de su club (8 Ligas, que serán 9, 4 Champions...) y de la Selección. Es una leyenda de ambos. Le quedan cinco partidos de azulgrana y un Mundial.

Está claro que algo se morirá en el Barça sin el que ha sido su capitán los últimos años. «Se irá Iniesta, pero el Barça seguirá jugando bien y seguirá ganando», opinó el centrocampista, que desde hace tiempo venía madurando la idea de su adiós, pese a que el año pasado firmó un contrato de por vida, siendo él quien decidía cuándo ponerle fin. «Me he exprimido al máximo, me he dejado el alma por el Barça y ha llegado el momento», admitió. «Nos lo hemos dado todo mutuamente», prosiguió. Por eso no se irá a un equipo de Europa: «Nunca jugaría contra mi club». Su destino será China, el Tianjin Quanjian, como explica Julián Redondo en la columna de al lado. Allí podría compartir vestuario con Fernando Torres.