La (no) obsesión de Valentino

Rossi, en primer plano, y Viñales, en la presentación del Movistar Yamaha
Rossi, en primer plano, y Viñales, en la presentación del Movistar Yamaha

Hay Rossi para rato en MotoGP. No ha sido tan rápido en renovar como Viñales, que ayer anunció su ampliación de contrato con Yamaha hasta 2020, pero para nada ha pensado el italiano en la retirada. Está acostumbrado a que le pregunten por eso y no le molesta. De momento, tiene garantizada la temporada que está a punto de comenzar y admite que no hay demasiada prisa en renovar. Quiere esperar a los tests de pretemporada que empiezan este fin de semana en Sepang y, también, a las tres primeras carreras del calendario. Después, con el Mundial ya en Europa, se oficializará la ampliación de contrato. Seguramente por dos temporadas, igual que ha hecho Maverick, aunque ayer en la presentación del equipo Movistar Yamaha 2018 «Il dottore» no descartó que la rúbrica fuese sólo por un año.

«Vale» reapareció después del parón invernal un poco más delgado de lo habitual, en el arranque del que será su curso número 23 en el Mundial. Una cifra que sólo le pesa al pronunciarla, porque en todo lo demás se siente como el primer día. «Las sensaciones son las mismas, aunque con más experiencia para afrontar los problemas que irán surgiendo», dice en el primer paso de un nuevo asalto a esa décima corona que rozó con la mano en 2015 y se le resiste. «Siempre he sido competitivo últimamente aunque no lo haya ganado. El objetivo es ser rápido como el año pasado y estar siempre en el podio. El campeonato claramente es un objetivo, pero no es una obsesión», afirma respecto a una conquista que desea más que nada.

No estaba acostumbrado a que el compañero de box se le adelantase en la pista ni en los despachos, y ambas cosas ha hecho Maverick entre el final del curso pasado y el comienzo del actual. Rossi no le da importancia a lo de firmar más tarde y se sigue sintiendo el «jefe de filas». La fractura en la pierna derecha que se hizo en septiembre no va a ser un problema para dar guerra. Le quedan los clavos, que se los quitarán a finales de año, pero asegura que está perfecto para pilotar. Físicamente, admite, no recupera tan rápido como a los 22 años, aunque sí se siente en forma para luchar contra los jóvenes. El triunfo de Carlos Sainz en el Dakar a los 55 años le alegra y le hace sentir que todavía tiene margen para seguir ganando.